“La Cataluña de 1934 era mucho más inestable que la de 2017”

Entrevista a Javier Cervera

España está pasando por uno de los momentos más críticos en su historia reciente desde la etapa de Franco y la Constitución del año 1978. La situación en Cataluña está al borde del colapso, está dividiendo el territorio español y catalán, jugando en el precipicio de la legalidad y afectando a la economía del país. ¿Tiene algún precedente lo que está pasando hoy en día? La respuesta es sí, en el año 1934 para ser exactos, y hemos querido recurrir a una de las voces más cualificadas y expertas en España sobre el tema, Javier Cervera Gil, Doctor en Historia Contemporánea y Ciencias de la Información, para que nos dé una visión general y comparativa entre ambos períodos.

[Especial de cuv3 “España en la encrucijada”]

Similitudes entre Companys y Puigdemont

Pregunta: ¿Qué similitudes hay entre la situación de Cataluña en el año 1934 y en 2017?

Respuesta: La más importante es que es un gobierno autonómico en el que el presidente de la Generalitat de Cataluña, Lluís Companys, de forma unilateral proclama la independencia en Cataluña en forma de República catalana dentro de la República Federal Española. En principio cabía esperar que Puigdemont, su homólogo en la actualidad, anunciase que también proclamaría una República, era algo previsible dado el proceso que estaba teniendo lugar. Hay otro aspecto parecido: en aquel momento, los que querían proclamar esa independencia utilizaron la fuerza de la calle. Companys tenía masas en la calle y Puigdemont ha usado como carne de cañón a las huestes de la CUP para presionar alrededor de las instituciones. El día 10, en la supuesta declaración de independencia que se estaba preparando, en la Ciudadela estaba la CUP para presionar. No obstante, en 1934, esas masas eran milicias independentistas, els Escamots, un cuerpo paramilitar del llamado Estat Catalá, una facción de ERC. Son los encargados de aplicar la violencia y la presión en apoyo a la declaración institucional de Companys. Ahora el independentismo no tiene ganada la calle, la tiene la CUP, debemos remarcar que no son independentistas, son un grupo antisistema basado en el desprecio del Estado y de la ley. Una ‘democracia populista’, que no es democracia, que intenta presionar las instituciones desde la toma de la calle. Han conseguido entrar en el Parlament y con sus votos sostienen el gobierno de Puigdemont. Le tienen amenazado, si no hace lo que le dicen perderá el apoyo y con ello el poder.

P: Entonces ¿por qué fracasó aquella declaración de independencia?

R: Porque el Gobierno aplicó la Constitución y sacó las tropas a la calle. En el año 1934 el ejército salió a Barcelona y el Gobierno declaró en un decreto, el día 7 de octubre, el Estado de Guerra. Esto no es muy probable que ocurra ahora.

P: ¿Qué opina sobre las declaraciones de Pablo Casado?

R: Pablo Casado dijo que si Carles Puigdemont declarara la independencia acabaría como Companys, en la cárcel. Su fusilamiento fue seis años más tarde pero no tuvo nada que ver su muerte con la declaración del 34. Acabó fusilado porque defendió la República, en el contexto de la Guerra Civil. Dos años después de su encarcelamiento salió por amnistía tras la victoria del Frente Popular. Se exilió en Francia, donde fue arrestado por la Gestapo, en el año 1940, y fue entregado a Franco, juzgado y condenado a muerte por fusilamiento. Pedro Sánchez ha mostrado una tremenda ignorancia hacia la historia de España. El líder socialista insinuó que a lo que se refería Casado era al fusilamiento de Puigdemont y lo único que consiguió fue caldear más aún el ambiente.

Las principales diferencias entre ambas etapas

P: Hay una importante diferencia y es que esta situación lleva tiempo preparándose y tiene un componente revolucionario considerable ¿no es así?

R: Tiene un componente revolucionario, pero es distinto porque es la CUP, toman la calle, provocan enfrentamientos y alteraciones contra las fuerzas del orden público, llegando incluso a situaciones de uso de violencia. Son agitadores profesionales, es una pauta clásica de los movimientos revolucionarios. Su único propósito es ir en contra del Estado y se adhieren a cualquier situación o movilización de protesta o reivindicación antisistema para desestabilizar.

P: ¿Existe alguna otra diferencia reseñable entre ambas etapas?

R: Hay otra muy importante que es la situación social de Cataluña. En el año 1934 la polarización social era muy grande, había una gran masa de clase obrera, que resultaba fácil de movilizar por sus condiciones de vida precarias. Hoy en día es distinto porque la sociedad catalana en su mayoría es de clase media, es mucho más complicado sacar a la calle a la burguesía que a la clase obrera. Era una situación mucho más inestable que la que tiene lugar ahora mismo. También es importante como fuerza agitadora y de choque, la presencia de los universitarios, algo que en los años 30 no tenía apenas presencia porque la población con acceso a la universidad era muy inferior, en España en general y en Cataluña en particular. Ahí el sentimiento independentista se ha movido como pez en el agua, los estudiantes son una población muy agitable y movilizable.

“El Gobierno de Mariano Rajoy debe intentar que esto acabe lo menos mal posible”

P: ¿Cómo cree que va a acabar esta situación?

R: Mal, esto sólo puede acabar mal o muy mal. Evidentemente se ha tensado tanto la cuerda que está provocando divisiones dentro y fuera del territorio catalán, problemas en las relaciones con el resto del país, la economía catalana está destrozada. Actualmente y desde hace un tiempo, la autonomía que más dinero aporta a las arcas del Estado es Madrid, ya no es Cataluña, que lo había sido siempre, el PIB catalán ha caído. Lo que debe intentar el gobierno de Mariano Rajoy es que acabe lo menos mal posible. El tema es cumplir la ley y si no se ponen facilidades o se impide el cumplimiento, legalmente se puede aplicar por la fuerza, concebida de las instancias que tiene el Estado, mediante el mandato judicial y las fuerzas del orden público y si se llega al extremo, el ejército. No creo que lleguen a esos niveles de aplicación de la fuerza, pero constitucionalmente pueden.

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