Javier Aranguren, los libros, el caviar y el foie gras

“¿Por qué leer? Para vivir”. Así comienza el seminario del profesor Javier Aranguren, quien asegura que “hasta el siglo XIX se leía en voz alta, pero en el siglo XX nos hemos callado”.

Este filósofo y escritor logra con su ponencia sumergir a los asistentes en aquellos libros que han dejado huella en la historia. Las grandes obras que “marcan un antes y un después en tu vida”, dice.

Comienza con El Señor de los anillos. Lo leyó a los doce años y se tuvo que pelear con un amigo para lograrlo. “Nunca he luchado tanto por un libro -asegura- aún somos amigos, pero no olvida que yo conseguí el libro”. Esta novela le hizo preguntarse qué es ser un héroe y, quizás, de aquí llego la inspiración para su libro Lo que pesa el humo, donde fomenta una actitud de búsqueda del porqué de las realidades más normales.

Bucea además entre los textos de G.N.Lewis, el culpable de que Aranguren abandonara la lectura de la literatura fantástica.

“Las grandes obras marcan un antes y un después”

Tolstói inunda los sentidos de los asistentes con un fragmento de su libro Guerra y Paz. Consta de 1.400 páginas y 538 personajes que fueron reales. Héroes que mueren, héroes que permanecen, algunos simplemente son dibujados en un breve párrafo, pero “todos logran que quieras conocerlos -dice el ponente- es una experiencia de vida”.  Anna Karenina, del mismo autor, también se cuela en la sala. “Con su primer párrafo ya te ha desarmado”, asegura.

Entre estas grandes obras maestras no podía faltar El guardián entre el centeno de Salinger. Presenta al protagonista, Holden, un adolescente que vive en Nueva York y cuenta su forma de enfrentarse y vivir la vida. “A veces quieres abrazarlo y otras matarlo”, dice el ponente, “pero si no lees, no conocerás a Holden porque solo vive aquí”.

Su libro favorito

“’Un buen partido’, de Vikram Seth, es mi libro favorito”, confiesa. En él se cuenta la historia de una joven india en los años 50, a la cual su madre quiere casar.

Admite que, tras leerlo, escribió un texto que más tarde leyó en la radio. En él pide conocer a Lata, la protagonista. A esa a la que le buscan “un buen partido” porque le atrae su “indefensión hacia la realidad y, por tanto, su verdad”, dice. Además, asegura que cuando lee, el personaje pasa a la vida y Lata, ya no está sola.

Y para resumir los efectos que la buena literatura causa en los lectores, una idea: “Cuando has probado el caviar, es difícil volver al foie gras”.

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