“Nuestro trabajo es contar la verdad”

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Todo está preparado: las botellas de agua bien fría sobre la mesa, los micrófonos conectados y todos los dedos descansando sobre los botones de las cámaras.

Jalis de la Serna y Alejandra Andrade entran sonrientes en el aula, son los artífices de Callejeros y han realizado infinidad de reportajes alrededor del mundo. Además, Andrade tiene su propia productora, Producciones imposibles, y ahora realiza el programa Fuera de Cobertura. Ambos añaden a todos sus trabajos el ingrediente de denuncia social porque “el periodismo debe servir para cambiar las cosas”, aseguran.

Repasan sus notas llenas de colores y tachones.”Somos de la vieja escuela”, bromea Andrade. Mientras, Esther Vicente (mediadora), presenta la apertura de las Jornadas de Periodismo bautizadas como marca propia. “He leído en twitter que será una jornada apasionante”, asegura mirando a ambos para, después, bromear diciendo que quizás es porque ahora son competencia.

De la Serna y Andrade son los artífices de este nuevo periodismo. La televisión se está transformando y de hecho, son ellos mismos los que la hacen evolucionar. El primero asegura que tienen es experiencia porque “a base de recorrer calles hemos aprendido muchas cosas”.

Y continúa lanzando dos axiomas: la calle siempre recompensa y “la entrevista es una conversación no un cuestionario”, asegura. Nunca hay que “escatimar el último paseo porque al final en la calle está el testimonio”, confiesa el reportero.

Andrade quiere que todo sea “dinámico”, y que se aproveche “el callo de la calle” que poseen. Comenzaron a trabajar juntos hace diez años y ambos coinciden en que en la calle están las mejores historias.

Turno de preguntas

Comienza el turno de preguntas, con todos los alumnos ilusionados alzando las manos y escuchando ojipláticos sus experiencias y anécdotas. Cuentan lo afortunados que se sienten al poder estar en una cadena de televisión. A pesar de la irrupción de internet y las redes sociales no se sienten amenazados. Según Jalis de la Serna, “aunque estamos en la Prehistoria de lo que será la televisión, el periodista trabajando duro y demostrando que es fiable siempre será necesario”.

También advierten de los peligros de la profesión.  Estando en una favela de Brasil decidieron parar la grabación y continuar al día siguiente. Después, se enteraron de que esa tarde hubo tiroteos. “Hay que saber cuándo parar -dice la reportera-. Correr nunca, pero andar rapidito muchas veces”

 “El mejor periodista es el que mejor cuenta una historia no al que le pegan un tiro”

Ambos periodistas continúan narrando sus experiencias, y aseguran que es duro, pero “son fuertes”. “Ves mucha mierda, lo peor del país -afirma Andrade-a veces te vas jodido a la cama”.

Cuenta cómo, al llegar a casa, a veces odia a sus hijos y vecinos. “Pienso que son unos pijos -dice- tengo que enseñarles que ellos han nacido en la cara buena del mundo”.

“Mi trabajo es mostrar al mundo esas situaciones de déficit social”– añade Jalis de la Serna- “Claro que me afecta, pero no me puedo llevar a casa ese sentimiento de injusticia porque o te suicidas o te arruinas”

“De la calle hemos aprendido todo. Al principio éramos un comando guerrillero con la cámara, cogíamos la cámara el coche y recorríamos España. Nos han preguntado porque sacamos lo peor de cada barrio, pues porque hay que cambiarlo”, confiesa el reportero.

Aun así, aseguran que todo ello tiene una recompensa. Desde las movilizaciones o asociaciones que se forman al descubrir la verdad, a las más mínimas, como conseguir que la gente hable de ello en la cola para comprar el pan.

“Nosotros hemos puesto ese granito de arena para cambiar el mundo”, dicen

[Vea todas las informaciones de las Jornadas de Comunicación de Villanueva]

Así van dando las claves para hacer buen periodismo: cómo elegir temas, conseguir entrevistas o lograr entrar a sitios imposibles. De la Serna: “el mérito es mantener esa partida de frontón”.

Para finalizar, Alejandra Andrade cuenta la historia de su productora “todo un sueño cumplido 14 años después”, asegura. Todo comenzó con un chico de veintidós años encarcelado en Bolivia, ella sabía que ahí había una historia.

Sus jefes no la dejaban investigar, así que pidió vacaciones, dinero a su padre y se lanzó a la carretera.“Me tuve que camelar al abogado para que se pusiera una cámara en los huevos”, confiesa. Finalmente vendieron el reportaje a Mediaset y ahí nació su idea: “No necesitamos a nadie montemos una productora”.

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