Paseo íntimo por Elio Berhanyer

Resulta curioso comprobar cómo las mentes más brillantes tienden a la simplicidad. En un amplio salón blanco a dos estancias, Elio Berhanyer descansa a sus 87 años de edad rodeado de antigüedades de la época clásica que contrastan con el sofá Ektorp de tres plazas de Ikea donde se sienta. Allí, en el salón de su casa, recibe a dos redactoras de cuv3, con quienes recuerda algunas de las anécdotas más personales de su vida. [Vea la primera parte de la entrevista sobre su trayectoria como diseñador]

Tras una complicada infancia con la pobreza como factor determinante, el diseñador cordobés consiguió convertirse de manera autodidacta en uno de los creadores de moda más importantes de la historia española, representando al país en el panorama internacional.

“Yo siempre he querido que mis ideas fueran mías totalmente”

Sus colecciones, que triunfaron desde su primera presentación en 1960, destacan por su originalidad y su falta de influencias, basándose únicamente en las ideas que él mismo desarrollaba, motivo principal por lo que renunció a trabajar con Cristóbal Balenciaga. Sonsoles Llanzol, aristócrata española y musa de Balenciaga, llamó a casa de un ausente Elio Berhanyer que se encontraba en el cine. En plena proyección, como él mismo relata, irrumpieron en la sala buscándole mientras le decían que Balenciaga preguntaba por él.

“Cenamos en su casa junto con Sonsoles Díez de Rivera, hija de la marquesa de Llanzol. Confieso que no me atrevía hablar, y al final me propuso marcharme con él a París a trabajar, y lo rechacé. Pese al enfado de la marquesa, yo ya tenía mi casa en España, rechazando el convertirme en el posible sucesor del diseñador, puesto que no quería influencias de nadie. Yo siempre he querido que mis ideas fueran mías totalmente”, recuerda.

Una de las anécdotas más curiosas y divertidas que posee hace referencia a la creación del modelo prêt-à-porter. Se trata de un modelo de negocio de moda en el cual una misma prenda es reproducida en diferentes tallas, sin necesidad de un modisto de alta costura que las elabore de manera individual. Esta forma de confeccionar nació en Estados Unidos, y no se comenzó a desarrollar en España hasta los años 50. Berhanyer relata cómo una mañana recibió una llamada de un aterrado Rafael Herrera, diseñador español, que mostraba su preocupación por este fenómeno. Tras reunirse en la cafetería Zara, en plena Gran Vía madrileña, éste le dijo: “Hay una señora en París que ha inventado una máquina como las del fotomatón; una señora entra en una cabina desnuda y aparece vestida con un dibujo que introduce la costurera por una ranura. Nos vamos a arruinar”.

Berhanyer escuchó esta historia preguntándose sobre su credibilidad, aunque él le repetía continuamente que se trataba de algo real. “Te puedo decir hasta el nombre de la propietaria de esa máquina, un nombre muy vulgar: Petra Porter”. Elio Berhanyer ríe a carcajadas.

Un guepardo en la Zarzuela

Pese a su gran renombre en el mundo de la moda, este genio se caracteriza por una gran cercanía y amabilidad, y una extraña pasión por los animales exóticos. “Mi afición siempre han sido los animales. Ahora hay una ley que lo prohíbe, pero he tenido un guepardo, ocelotes, perros de todas las razas, y ahora, como perro no puedo tener porque tengo la espalda fatal y no puedo pasearlo, tengo a mi gato Lolo”, afirma.  

Cómo consiguió el guepardo resulta una anécdota muy curiosa. “Yo había visto en fotografías que el Negus en Abisinia tenía estos animales en la puerta del palacio. Cuando empecé a vestir a Su Majestad la Reina ella tenía que hacer un viaje oficial a Adís Abeba invitada por el Negus. Le confeccioné un traje largo, puesto que no podía llevar uno corto por protocolo, y le conté mi fascinación por los animales que custodiaban su palacio, pidiéndole el favor de pedirle al emperador un cachorrito. Me dijo que lo intentaría y a su regreso me contó que lo había conseguido, pero que no podía dármelo, puesto que le habían enviado un cuidador y ella había pedido ese favor al negus en su nombre. El guepardo entonces se quedó en la Zarzuela, pues no se podía descubrir que en realidad yo lo había pedido, y ahí creció hasta que lo donaron al zoológico”.

“Mi afición siempre han sido los animales. Ahora lo prohíbe la ley, pero he tenido un guepardo”

Esto no acabó así. Pese a conseguir el cachorro, Berhanyer no pudo disfrutar de su supuesta mascota. Un día recibió una llamada sorpresa de Miguel De la Quadra-Salcedo, conocido reportero y atleta español fundador del programa de aventuras Aventura 92, contándole que había escuchado su fascinación por ese animal, y que había conseguido uno para él, que le envió pocos días después en un avión de Iberia.

“Ese día fui al aeropuerto esperando una jaula pequeña con una cría, y me encontré con una caja enorme que tuve que bajar a buscar al depósito porque no entraba por la cinta de equipajes -relata-. Tras llevármela a casa, la abrí en el salón donde presentaba mis colecciones y, para mi sorpresa, apareció un animal enorme, inmenso. Todos salieron corriendo horrorizados, pero yo sabía cómo tratarlos. Le llamé Macondo, como el pueblo de Cien Años de Soledad, de García Márquez”.

De sus vivencias con su querido Macondo, destaca una en particular: “Mandé construir para el animal una jaula de invierno (con calefacción) y otra de verano, pero mientras tanto le guardé en el garaje. Cabe recordar que se trataba de una época donde todavía acudía el contador de la luz a comprobar las cifras y mi medidor se encontraba a una gran distancia del suelo, teniendo que accederse a él por una escalera. Cuando el profesional fue a comprobarlo, en plena oscuridad, se percató de la presencia del animal, y resultó en un susto, una caída y una rotura de pierna.

Permiso de seis horas

Una de las cosas que más ha disfrutado de su trayectoria profesional es la posibilidad de conocer mundo. Él mismo reconoce haber estado en una gran cantidad de países, en su mayoría por motivos de trabajo, presentando sus colecciones en ciudades como El Cairo, Londres, Nueva York o Berlín.

“Crucé el Muro de Berlín gracias al embajador ruso. Fui el único español que lo hizo”

Es en esta última donde transcurre una de las mayores aventuras de su vida. “En una estancia en Berlín, durante una cena con el embajador español, le confesé mi deseo de cruzar el Muro para visitar la parte comunista. Encontrándome ya en el hotel recogiendo mi colección, con la idea de que era imposible cruzar la frontera, recibí una llamada del embajador. Gracias a su intervención, el embajador ruso me concedió un permiso de seis horas. Creo que soy el único español que consiguió cruzarlo, el único junto a Charo Palacios, que estaba ahí conmigo”, asegura.

Pasión nazarí

No obstante, pese a desarrollarse en Berlín esa anécdota tan importante de su vida, su pasión se encuentra en África: “Yo soy muy apasionado de Marruecos, he ido multitud de ocasiones. Una vez que estaba en Fez me comentaron que toda la arquitectura de ahí se había inspirado en la Alhambra de Granada“.

Tras volver de una de sus visitas al país africano, visitó la maravilla arquitectónica granadina. Era un domingo de agosto cuando quedó tan fascinado por su disposición y decoración, que no se percató de que los visitantes habían abandonado el edificio por su cierre. Fue así cuando tuvo que quedarse a dormir ahí, en el Patio de los Arrayanes, esperando su apertura al público el día siguiente.

Al atardecer, los techos de escayola se veían dorados, fascinando con su combinación con los azulejos verdes, azules y rojos tan característicos. Esta experiencia impactó tanto al diseñador que le motivó para conseguir un pase a los archivos de la Alhambra donde buscó información sobre su arquitectura. Ante la imposibilidad que él detectó de transmitir sus emociones vividas en esa noche en el lugar, decidió crear una colección exclusiva de joyas bañadas en oro de 24 kilates, un total de 40 piezas fabricadas por los plateros de Córdoba que guarda todavía en un cajón en su casa.

“Las hice para mí, ni para venderlas ni para enseñarlas. Durante tres años estuvieron ocultas, nadie las conocía excepto yo”, recuerda. Más adelante fueron expuestas en el Museo del Traje de Madrid, y publicadas en un libro catálogo donde se muestran los bocetos originales contrastados con el diseño final.

“Detesto la música disco. No soy muy de cine. Y en literatura, Dostoyevski”

Tras el relato de estas historias tan fuera de lo común, y con el deseo frustrado de fumarse un cigarrillo, el diseñador galardonado con más de 25 premios internacionales repasa algunos de sus diseños sobre la mesa de cristal de su salón. Bocetos, libros de moda, una fotografía dedicada de los Reyes eméritos y una fragancia a azahar tan característica de su queridísima Andalucía, completan este ambiente nostálgico que ha envuelto el relato de la vida del diseñador.

“Soy 3.000 personas a la vez”

“Si se tuviera que describir a sí mismo…” Al diseñador no le resulta fácil satisfacer la petición de estas dos redactoras. “Es muy difícil, no me puedo describir a mí mismo porque soy tres mil personas a la vez. Si le preguntaras a todas las personas que me conocen, te darían una versión distinta. Yo soy lo que los demás sienten y piensan de mí”. Hagamos un intento, en cualquier caso, para intentar conocerle un poco mejor:

Flor Favorita: Orquídea

Color favorito: El blanco y negro, el no color. “El blanco son los cortijos de mi tierra y el negro son las señoras mayores sentadas en la calle. En mis colecciones siempre termino los trajes de vestir con negro, toda mujer debe tener un vestido negro”.

Músico favorito: “Tengo un orden: de los barrocos, Bach; de los clásicos, Beethoven, los románticos me gustan menos, y de los modernos, Stravinsky. Por supuesto, el flamenco también. Detesto la música de discoteca”.

Primer disco: La pasión según San Juan, de Bach.

Película favorita: Yo no soy muy de cine, pero El Padrino o Apocalipsis.

Un vestido favorito: De los últimos años, el que llevaba la reina Letizia en la boda de Mary y Federico de Dinamarca. De toda la historia, uno que hice yo y se quedó una Barreiros.

Actriz favorita: Por el cariño que le tengo, Ava Gardner.

Libro favorito: no puedo decir solo uno, toda la obra de Fiódor Dostoyevski, por ejemplo.

Un lugar: Florencia. De Madrid, la Plaza de Oriente.

Un olor: El azahar.

Con información de Fátima Caro

About Lucía Martínez Sánchez

Estudiante de 4º de Periodismo y Diploma de Especialización en Gestión y Comunicación de Moda en el Centro Universitario Villanueva.

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