“Con ETA hay que pasar página… después de haberla leído”

Javier Marrodán, autor de Relatos de plomo, nos cita en el Museo Reina Sofía, lejos de su Navarra natal y lejos del escenario que motivó la creación de los tres tomos que reconstruyen la historia del terrorismo en la Comunidad foral mediante crónicas de los atentados de ETA y entrevistas a familiares de las víctimas y afectados.

Memoria viva

Tras el alto al fuego de ETA en el año 2011, el periodista y profesor de la Universidad de Navarra recibió el encargo por parte del gobierno de Navarra de crear “un producto divulgativo” para que “dentro de un tiempo cualquier persona que quiera asomarse al terrorismo tenga un lugar donde esté contado de manera rigurosa”. Fue así como Marrodán junto a otros tres periodistas – María Jiménez, Rocío García de Leániz y Gonzalo Araluce – comenzaron a investigar.

“Los terroristas han cosificado a sus víctimas, se blindan sentimentalmente”

El equipo estuvo 18 meses sumidos en el trabajo periodístico. Recorrieron España para localizar a las familias de los asesinados, con “gente que nunca había hablado o que nadie se había interesado por su historia”, lo que en palabras de Marrodán fue “la aportación más novedosa del proyecto”. Además manejaron la hemeroteca, los documentos policiales y judiciales.

“Hemos conseguido hacer un recorrido bastante exhaustivo por la historia del terrorismo en Navarra”

Dice Marrodán que “la responsabilidad pasa en el dejar constancia para la historia” y que “es muy importante contar bien ya que el entorno de ETA quiere imponer su versión de lo ocurrido”.

Las entrevistas y “el efecto moralizante de los relatos”

En los tres volúmenes de Relatos de Plomo se pueden leer unas 60 entrevistas, que han permitido que la noción que tenía Marrodán sobre el terrorismo haya cambiado. “Los propios autores comentábamos que la idea que teníamos del terrorismo era superficial o el escaparate pero cuando te haces cargo de verdad es cuando vas sumando todas esas historias individuales que descubres tras cada encuentro”, dice el periodista.

“Las víctimas se han tomado las entrevistas como un deber de justicia con sus familiares”

Del trabajo periodístico se han podido sacar tres conclusiones. La primera, comenta Marrodán, es que a nivel narrativo “siempre es mejor contar una historia con nombres y apellidos que hacer un relato abstracto”; luego alude al factor histórico por la importancia que tienen las víctimas por ser “testigos muy cualificados”; y finalmente habla de la cuestión moral por “el efecto moralizante de los relatos” y explica que para que “un simpatizante de ETA se plantee que lo que estaba haciendo no era bueno, resulta eficaz que conozca la historia de alguien que el juicio moral de un experto”.

El poder de la crónica escrita

“¿Cómo consigues formalizar el pacto con el lector?”, se pregunta el periodista. Pues con muchos detalles que ayudan a situarse y le dan un sentido de profundidad a lo escrito. El objetivo del trabajo, dice Marrodán, era que cualquier lector tuviera claro desde el principio que el relato iba a ser riguroso.

Marrodán asegura que “el libro se hace sobre todo pensando en quienes lo van a leer ahora o dentro de 50 años”. El feedback más repetido de quienes han ido leyendo es de gente de Pamplona que se pregunta dónde estaba mientras ocurrían todos esos atentados a su alrededor y esa, según el navarro, es una pregunta muy buena “porque eso ha sido una de las razones por las que el terrorismo ha perdurado tanto tiempo. Entonces aunque sea con sentido retroactivo está bien que hagamos esa especie de auto crítica personal y colectiva”.

(Visited 238 time, 1 visit today)

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.