Cuidar del abuelo José

residencias de ancianos

Desde los años ochenta hasta ahora, son muchos los mayores que de un día para otro han podido experimentar un cambio radical en sus vidas, dejando su hogar y todo lo que ello conlleva, para finalmente instalarse en un sitio nuevo, siendo estos lugares los que se han ido conociendo desde entonces como residencias de ancianos. Estas surgieron como alternativa para que todos aquellos mayores cuyas familias no pudieran darles una atención debida en sus hogares ingresaran en estos centros para garantizar así su bienestar, y controlar de forma más exhaustiva la salud del mayor.

Sin embargo, aun teniendo un mayor control sanitario en ellos, al cruzar la puerta de una residencia uno se encuentra con decenas de ancianos que, cargados con sus vivencias del pasado, comienzan esa nueva vida, enfrentándose a uno de los temores más característicos del ser humano, la soledad.

Trabajo, social por vocación

“Más corazón en las manos” es el lema que representa a la residencia de San Camilo, situada en el municipio de Tres Cantos. Icíar Peño, trabajadora social en proceso, lleva cinco meses haciendo prácticas en la residencia. En el centro se dedica exclusivamente al cuidado de José Peño, su abuelo, motivo por el cual se animó a realizar sus prácticas en San Camilo. Considera que, a raíz de su compañía, ha podido apreciar en él una gran evolución en estos meses. Toman juntos todos los días el café del medio día, una tradición en la vida de José que sigue manteniendo durante su estancia en la residencia. “Siempre le tengo que decir, venga abuelo invito yo, para que se sienta que está en una cafetería, tomándose su café de las 12:00”. Leen juntos el periódico, dan paseos, hablan, y sobre todo se acompañan durante horas: “No tienes que estar todo el rato estimulándole, basta con que te sientes a su lado, y él sabe que estás”.

“No hace falta que alguien esté bien para quererle”

Considera que a pesar de la rutina “cada día es un mundo”, es decir, cada día es distinto, por su estado o por cómo se encuentra uno mismo, para lo que aconseja que hay que dejar los problemas personales de lado y dedicarse íntegramente al mayor. “Eso me ayuda a salir de mi ombligo y a relativizar los problemas, porque ves mucho sufrimiento en los ancianos, mucha soledad, además les cuesta envejecer y aceptar sus limitaciones”, añade Icíar. Muchas veces en la sociedad de hoy, a los ancianos se les desprecia, porque se les considera que “ya no son útiles”, y ahí está el problema. “No hace falta que alguien esté bien para quererle”, concluye.

El apoyo diario de las auxiliares

Por otro lado, Diana Álvarez es auxiliar en la residencia San Camilo, donde ha estudiado técnico de atención a personas en situación de dependencia (TAPS), antes llamado sociosanitario. En este centro ha podido ampliar también su experiencia profesional haciendo distintas jornadas de prácticas durante el año, por lo que conoce muy de cerca cada una de las plantas que componen la residencia y a la mayoría de sus integrantes. “Las residencias tienen sus cosas buenas y sus cosas malas, la mala es que al fin y al cabo es una institución, con lo cual ya al entrar en una, a las personas se les nota un bajón en tres o cuatro días, se les va quitando autonomía”.  Se reafirma en que ni antes ni ahora, ha sido partidaria de ingresar a ningún familiar suyo en una. “No me gusta, me parece que es algo muy impersonal”, dice.

“No les puedes decir que vendrán sus familiares, cuando puede que no”

Asegura que la vida en residencia es limitarse a todo tipo de circunstancias ya estipuladas por la propia institución, como por ejemplo en los horarios. En los turnos de tarde, previamente a irse, los auxiliares deben dejar acostados a los mayores antes de las 22:00 de la noche: “A lo mejor hay gente que no le apetece acostarse antes de esa hora, y es quitarles a ellos un poco de voluntad y libertad de elección”. Esto lleva consigo que, además, esa dependencia vital que tienen de sus familias, en quienes confían muchas de las decisiones relacionadas con sus vidas, se vuelven en algunos casos en contra, convirtiéndoles en personas independientes de ellos o para ellos.

Beatriz Aguado, auxiliar y compañera de Diana, comenta como según los diferentes casos familiares de cada residente, se encuentra con el de algunas personas que han sido sus familias las que les han llevado a residencia y al poco tiempo se desentienden y desaparecen. “O les llevan a una residencia que no está cerca de donde puedan ir las familias a verles, basándose mayoritariamente en escoger la residencia más económica, aunque sea de lo más lejana, y esto impida la visita al residente”, añade.

La necesidad de compañía

La soledad es algo que se palpita en las residencias en muchos de los mayores. “Yo lo veo, pero intentas no juzgar”, admite Diana. Cuando le comentan algunos que sus familiares iban a ir a visitarles, pero no lo hacen, intenta escucharlos y comprenderlos, simpatizar con ellos, pero sin ir más allá. “No le puedes decir a una persona, bueno ya vendrán, cuando a lo mejor no”, añade. Ante esto, tratan de animarles y distraerles de cualquier forma, dando un paseo o haciendo cualquier otro tipo de actividad.

Es necesario concienciar a la sociedad de la importancia de las personas mayores, y trasmitirles que estar parte de su tiempo con ellos, puede ser su mejor regalo.

About Amelia Orozco

Estudiante de 4º de periodismo en Villanueva C.U.

Deja una respuesta