La verdad de una fábrica de patatas fritas

En los últimos años hemos observado una nueva tendencia, recuperar todo lo del pasado. Buscamos lo más natural y auténtico. Se beben cervezas artesanas, la bicicleta vuelve a ser un medio de transporte y la bebida de moda es el vermut. cuv3 se ha traslado hasta uno de estos lugares que “vuelven a estar de moda”, “Las Papas de Benejúzar”, una fábrica de patatas fritas.

“Las Papas de Benejúzar” es una pequeña empresa familiar del sur de Alicante que proporciona a toda la provincia sus patatas fritas artesanales.  Un producto que nunca se ha dejado de vender. ¿Qué sería de la cerveza sin su bolsa de patatas? o incluso ¿qué comeríamos mientras esperamos a que nos sirvan el primer plato en cualquier restaurante? Esta empresa ha vivido en primera persona cómo su producto vuelve a estar en boca de todos y son muchos los interesados en su elaboración.

El proceso de elaboración

Al visitar esta pequeña fábrica de patatas fritas nos llama la atención que pasa casi desapercibida. Sólo una pequeña chimenea nos avisa de que en ese lugar se elabora algo. Una vez dentro, vemos como una de sus trabajadoras, María, se encarga de seleccionar minuciosamente, entre otras muchas funciones, las patatas que llegan directamente del campo. “La selección es igual de importante que el proceso de elaboración, se trata de una cadena donde todo debe ser lo más preciso posible”, explica la trabajadora.

Una vez seleccionadas las patatas pasan por una cortadora. “Años atrás debíamos dejar las patatas en remojo durante horas. Nuestra maquinaria no tenía la fuerza necesaria para poder pelarla y cortarla. Las máquinas nos han permitido agilizar el proceso pero nuestra esencia se encuentra en cómo llevamos a cabo todos estos procesos”, comenta Carmen, una de sus propietarias y la tercera generación de esta empresa familiar.

Las patatas fritas, cuanto más naturales mejor

Pese a los avances tecnológicos el negocio que comenzó en 1960 en un pequeño cine de la localidad mantiene su filosofía, “cuanto más natural mejor”. La empresa evita todo tipo de aditivos y conservantes en sus productos. “La vida de nuestras patatas será más corta pero lo preferimos antes de que el cliente tenga que comer un alimento sin sabor” recalca Carmen, que ha visto cómo hasta Alaska y Mario han apreciado su producto.

Son varios los procesos y horas de trabajo. Esta misión hace que la patata frita, a una temperatura muy controlada y medida, esté lista para ser envasada. Una vez en sus bolsas y cajas correspondientes, las fábrica está preparada para sacar sus productos a la venta.

(Con información de Paloma Monge)

About Claudia Kohlvelter

Estudiante de 4º de Periodismo y Edición de Medios Digitales en Villanueva C.U.

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