Marruecos, la España de nuestros abuelos

Marruecos, la España de nuestros abuelos

Es curioso cómo salir a la calle a pocos kilómetros de Europa, exactamente a 14, resulta todo un impacto cultural. Una calle que recuerda a las que España tenía no hace más de cincuenta años; fachadas viejas, alumbrado escaso, o inexistente, pocos coches y menos aún fabricados en los últimos 10 o 15 años. En el otro lado de la calle un grupo de turistas con su ropa de baño sacan sus cámaras, tablas de surf y sus móviles de última generación, dispuestos a disfrutar y compartir con sus amigos europeos las playas prácticamente vírgenes de las costas marroquíes.

Unas playas a las que pocas familias deciden acercarse a pasar el día. Los atrevidos no escatiman a la hora de convertir en ese trocito de arena un lugar perfecto para acampar, algunos de ellos ataviados con lo que para nosotros es ropa de invierno; camisas de manga larga, jerseys o incluso pantalones de pana. Allí preparan una hoguera improvisada donde cocinar la comida de ese día. Solos los más jóvenes y los turistas que a a su lado se bañan parecen exentos de lucir esa -para nosotros- curiosa vestimenta.

Más hombres que mujeres

Caminar por estos pueblos del norte de África nos puede hacer sentir como en casa hasta que percibes que prácticamente solo se ven hombres por las calles. Las mujeres empiezan a aparecer cuando te adentras en en enorme zoco en el que con facilidad pierdes la orientación, allí se sientan junto a sus maridos, cubiertas con sus velos y que, en su mayoría, pasan desapercibidas. Algunas de ellas se limitan a observar, otras confeccionan los productos artesanales que pocas horas después venderán. Dos tipos de mujeres destacan entre toda la multitud, las turistas europeas sin su velo y las musulmanas que solo muestran sus ojos tras el niqab.

En Marruecos los burros se convierten en el transporte escolar

En el fondo no somos tan distintos, puedes encontrarte en una aldea de 100 pescadores en la frontera con Mauritania o en un pueblo alejado de la civilización, que siempre encontrarás una tiendecita donde venderán Coca Cola y el chocolate español “Maruja”.

Compartimos los mismos gustos

Aunque sea por moda, en Europa triunfa la comida ecológica, la más natural y por la que menos manos han pasado. En Marruecos sucede lo mismo sin que ellos se den cuenta: escoge una gallina y en menos de 10 minutos, tras una muerte al más puro estilo de la película “Evasión en la granja”, pasa de estar revoloteando en tus pies a aparecer en una bandeja lista para cocinar, ya sea un cuscús o un tajine.

Es inevitable que Marruecos nos recuerde aunque sea por su paisaje al sur de España. Grandes terrenos secos y de escasa vegetación como si de Murcia o Almería se tratase, pero que nos hacen volver al lugar al ver como un burro se convierte en el transporte escolar de algunos afortunados.

About Claudia Kohlvelter

Estudiante de 4º de Periodismo y Edición de Medios Digitales en Villanueva C.U.

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