Vivir en la piel de un DJ profesional

El reloj de la vieja oficina postal de Cork marca las diez y media de la noche. Es sábado, y un murmullo de música jazz que flota sobre los adoquines mojados de la calle, y dirige los pasos de algunos transeúntes hasta el callejón donde se encuentra el pub Crane Lane. Una banda sin mucho público ocupa un improvisado escenario, mientras que el verdadero escenario tiene echadas las cortinas de terciopelo rojo. Tras ellas, Kevin O´Leary se afana en organizar la maraña de cables conectados a su mesa de mezclas, mientras la sala empieza a llenarse de abrigos colgados en perchas y pintas de cerveza recién servidas. En pocos minutos se abrirán las cortinas, y DJ Fadd Junior comenzará su sesión. Pero antes, se toma la molestia de explicar a cuv3 cómo es vivir en la piel de un DJ profesional.

Vocación profesional

Cuentan los que pululaban por las noches de música electrónica del Cork de hace 25 años que un DJ especialmente talentoso tocaba en el club Freak Sin. Su nombre era Alan Fadd y, a la corta edad de 26 años, era capaz de reunir doscientas cabezas en una noche con tan solo un par de altavoces y una caja de vinilos. Junto a él se veía con frecuencia a su hermano menor, que prestaba atención a su trabajo con especial abstracción. Fadd se retiró pronto de los platos, pero su hermano pequeño siguió frecuentando el club.

“Con 16 años iba a pinchar entre semana una mezcla de rock duro y funk alternativo al Freak Sin”, cuenta O´Leary de sus primeros años. “El dueño me permitía tocar los martes por ser noches poco concurridas. Así que, cuando salía del colegio, me iba directamente para allá” explica. Pero al cabo de pocas semanas, el local comenzó a llenarse de gente que iba exclusivamente a escuchar la música que pinchaba el chaval. Así, gracias al apadrinamiento de su hermano mayor, se ganó el apodo de DJ Fadd Junior.

“Para iniciarse en esta profesión no hay camino a seguir, hay que construirlo”

Según O´Leary, “para iniciarse en una profesión como ésta no hay camino a seguir. Tienes que construirlo tu mismo”. Cuenta que, acabada la secundaria, comenzó a estudiar chelo en el conservatorio. “Pero lo abandoné pronto. Mis aspiraciones musicales iban más allá de un instrumento en concreto”, afirma Fadd Junior con seriedad. A mediados de la veintena se fue a Londres para probar suerte. “Y eso fue una locura”, dice sonriente.

“Álbumes que pasaba buscando meses y años en Cork, estaban al alcance de mi mano, apilados en un rincón y esperando a ser descubiertos por alguien que supiera apreciarlos”, afirma. “Me pasaba horas y horas en tiendas de vinilos de segunda y tercera mano, llevándome a precios irrisorios gangas con las que hacer mis mezclas” añade. “Cuanto más buceaba, más cara se hacía cada visita a la tienda de vinilos”. Pero, por suerte, “lo de pinchar música en Londres salió bien, y llegué a estar 7 años viviendo de los platos”, rememora O´Leary.

“Lo más valioso de un DJ es el elemento creativo. Todo es cuestión de alquimia musical”

Fadd Junior ya es un veterano. Bordeando los 40 años, aún se las ingenia para caldear la pista hasta la madrugada y llevar a sus dos hijos al colegio por la mañana. “En este oficio, tener familia lo hace bastante difícil. Sobre todo lo nota mi mujer, que ve como paso casi tanto tiempo en el pub como en casa”, bromea divertido. “Pero tampoco está tan mal” añade, “hay gente que tiene trabajos mucho más sacrificados que yo y luchan también por su vida familiar”, comenta optimista.

Alquimia musical

“Decía uno de los pioneros en la profesión que el DJ no solo debe pinchar música, sino que debe invitar a un viaje sensorial regido por la melodía”, expone O´Leary. “Yo concibo el trabajo como algo eminentemente creativo”, “crecí escuchando The Beatles y Bruce Springsteen, pero no me cierro a estilos concretos. Al final, lo que importa es la música, y si conectan bien dos pistas, estoy encantado de romper la barrera entre ellas”, comenta.

Y tal como lo dice, lo hace: en una sesión de DJ Fadd Junior puedes escuchar desde rock n roll y reggae de la vieja escuela, hasta funk, soul y algún tema de electrónica o hip-hop. O´Leary no pone límites a su trabajo de creación. Su método se basa en la “improvisación in situ de la sesión”.

“Llegar a ser un buen DJ lleva por lo menos unos 10 o 12 años. Hasta que se encuentra el sonido propio”

¿Como se puede hacer esto?, “todo es cuestión de alquimia musical”, sentencia con firmeza. “Lo normal hoy en día es que el DJ traiga la sesión hecha de casa. O incluso le dan al botón de sincronización de la mesa, y la sesión se hace sola delante de sus ojos gracias a los meta-datos de las pistas de música”, revela con sarcasmo. “Pero creo que la gente nota la diferencia”. También insiste en que, para él, “lo más valioso de un DJ es el elemento creativo. Los pequeños secretos escondidos en la melodía que, mezclada con el ambiente y el público, te sugiere continuar de una manera u otra”.

Los gustos y el mercado musical evolucionan constantemente, pero según Fadd Junior “lleva por lo menos unos 10 o 12 años llegar a ser un buen DJ”, “hasta que encuentras tu propio sonido” asegura. “Me percatado recientemente de la ignorancia generalizada que hay alrededor del oficio del DJ entre la población. Muchos no sabrían establecer la diferencia entre uno que está en el Top 40 y el que pincha en el club de la esquina”, comenta. “Pero quizá no interese, al final lo que importa es la música”.

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.