Tánger, en busca de la Misericordia

Desde Tarifa, en los días claros y soleados, se puede divisar la ciudad de Tánger, al otro lado del Estrecho, una de las ciudades portuarias más importantes de Marruecos.

Catorce kilómetros separan no solo dos continentes, sino dos mundos completamente distintos. Un grupo de segundo de periodismo de Villanueva C.U se desplazó dos días para hacer voluntariado solidario, conocer la ciudad y hacer un reportaje de la Misericordia.

Una cultura en la que conviven diferentes lenguas, cuando de supervivencia se trata un tangerino no entiende de barreras ni idiomas. El árabe y el francés conviven como lenguas oficiales pero nadie encontrará problemas para entenderse ya que los tangerinos también hablan el español y el inglés, no hay que olvidar que Marruecos, aparte de ser gran atractivo turístico, fue protectorado español y francés.

Niños que esnifan pegamento

Una ciudad en la que no se ven indigentes tirados en la calle ya que hay tal nivel de pobreza que todos están en las mismas condiciones. En sus calles se respira la picaresca de los niños pobres que llaman tu atención con tal de conseguir un bollo. Niños que esnifan pegamento fruto de la desesperación y el descontrol del país.

“Cuando el rey Mohammed Vi viene a la ciudad encierran a los niños en la plaza de toros”

“No se sabe de dónde vienen, ni cuántos hay, ellos se buscan la vida. Sin embargo, cuando el rey, Mohammed VI, viene a la ciudad los meten a todos en la plaza de toros para que no vea la pobreza que asola”, explicó Jacinto, dueño del hotel donde nos hospedamos.

Llegamos a mediodía, media hora desde el aeropuerto hasta el hotel que se encontraba en el corazón de Tánger, el zoco. En ese recorrido vimos grandes edificios en construcción, proyectos de centros comerciales y coches de cierto poder adquisitivo, pero cuanto más nos alejábamos de la periferia, el asfalto era peor, los edificios más ruinosos y los coches se sustituyeron por ciclomotores con remolques.

“El dinero que llega del puerto se invierte en la parte rica de Tánger, nunca llega hasta el zoco”, afirmó un taxista

Después de comer comenzaba nuestro gran periplo por la ciudad, había mucho por hacer. Las hermanas de Teresa de Calcuta nos esperaban. Allí todos los miércoles acogen a los niños de la calle, hacen actividades con ellos y los chicos del grupo aprovecharon para jugar un amistoso de fútbol entre países. Mientras, las chicas ayudamos en la guardería, las hermanas tienen este servicio todos los días desde la mañana hasta la noche, niños de 0 a 4 años que pasan allí el día hasta que alguien puede recogerlos.

Misericordia, dar sin esperar

Fue una gran oportunidad para conversar con las hermanas y preguntarles por la Misericordia, el centro de nuestro reportaje, con motivo de que este 2016 el Papa Francisco ha declarado este año como el de la misericordia.

“Misericordia es amor. Misericordia es dar sin esperar”, explicó la hermana Josefine

“Misericordia es amor. Amor a Cristo y ver a Cristo en todos. Un niño que llora es Cristo abandonado y solo. Misericordia es dar sin esperar”, explicó la hermana Josh.

Tras sus cautivantes palabras nos pidió que fuésemos con ellas a un encuentro ecuménico donde cada día de reunían en la sala de un edificio, católicos, protestante y evangelistas.

“La misericordia es ayudar al de tu derecha sin saber si es evangélico, protestante o católico. Misericordia es saber que todos somos iguales y ser conscientes de la necesidad de ayudar”, señaló el Pastor Josein

Al día siguiente nuestras tareas continuaron, los hermanos de la Cruz Blanca nos aguardaban para dar compañía a adultos deficientes.

“Los dejan aquí abandonados y vuelven cuando los llamamos para notificarles sus fallecimientos y recoger los cuerpos. Se pierden lo mejor de sus vidas”, expuso el hermano José.

No hablaban, algunos ni siquiera escuchaban pero sus caras al vernos mostraron la máxima expresión de felicidad posible, aplausos y gritos de júbilo ante unos desconocidos que querían dedicarles un poco de tiempo. Con ellos paseamos un par de horas, en equipo, cada uno de nosotros de la mano con uno de ellos. Una gran experiencia, disfrutar de las calles de Tánger pero desde una visión distinta, de alguien que busca tu mano y te abraza en señal de gratitud por haber paseado con él.

Nuestras jornadas de voluntariado en busca de vivir la misericordia culminaron con la visita al señor Obispo. En petit comité estuvimos cuarenta minutos cautivados escuchándole.

“En España se puede hablar demasiado”, destacó el obispo

“Misericordia es vivir el voto del silencio. En España se puede hablar demasiado. En Marruecos la ley prohíbe hacer proselitismo religioso así que solo no queda predicar en silencio y con el ejemplo”

A la pregunta de si tenía miedo de la policía religiosa marroquí aseguró que no, “a veces hasta es divertido, solo hay que tener coraje, fe y ganas de hacer”.

About Nazaret Moris

Estudiante de 4º de Periodidmo y RRII en Villanueva C.U.

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