El Brexit colma el vaso de las crisis de la UE

Desde que Syriza llegó al gobierno griego, hace ahora poco más de un año, la Unión Europea ha vivido una crisis tras otra, encadenándolas sin ningún tipo de interrupción: primero un ejecutivo díscolo en la cuna de la democracia, más tarde una crisis de refugiados que Bruselas es incapaz de frenar, y ahora el referéndum británico con la finalidad de saber si sus ciudadanos quieren continuar dentro de la Unión. Ninguna de estas crisis han terminado, cada una se solapa a la anterior. La que ahora preocupa (al menos este mes) al Viejo Continente es la posible salida de Reino Unido del club de los 28.

David Cameron, Primer Ministro británico, ya prometió un referéndum, y el avance de los euroescépticos le obligó a convertirlo en baluarte de sus campañas, y por último y tras su victoria electoral de 2015, varios de los miembros de su gabinete le empujaron a no dejarlo para más adelante. El Primer Ministro ha asegurado que el referéndum será, como mínimo, 6 semanas después de las elecciones de Escocia, Gales e Irlanda del Norte, es decir, probablemente el referéndum será el 21 de junio.

Las exigencias de Londres

El pasado fin de semana Donald Tusk y David Cameron cenaban en el 10 de Downing Street con la finalidad de que de allí saliera un borrador para poder iniciar unas negociaciones y para presentárselo a los otros 27 estados miembros, que se reunirán en una cumbre para tratar la negociación con Reino Unido el 18 y el 19 de febrero.

Los 28 socios se reunirán en una cumbre para tratar la negociación del Brexit el 18 y el 19 de febrero

Las peticiones de Cameron son cuatro: la primera es recortar los beneficios sociales a los inmigrantes de la Unión Europea, lo que es el principal escollo en las negociaciones. Londres pide que los inmigrantes comunitarios pasen un mínimo de 4 años contribuyendo a las arcas británicas antes de poder recibir coberturas por desempleo o vivienda social. Reino Unido calcula que el 40% de los inmigrantes comunitarios reciben algún tipo de prestación gubernamental, y eso no gusta, sobre todo a los votantes.

¿Por qué llega esta petición desde Londres? En 2004 la entrada de Polonia, Eslovaquia, República Checa y Hungría en la Unión Europea vino acompañada de un permiso por parte de Bruselas para poner límites a la entrada de trabajadores de estos países en los mercados laborales de los países que lo solicitaran. Alemania, Francia o Italia se adhirieron a ese permiso. Gran Bretaña no. Tony Blair, el primer ministro laborista que ocupaba Downing Street durante aquellos años, abrió el mercado laboral a los trabajadores de los nuevos miembros de la UE.

La segunda exigencia de Downing Street es la ‘protección’ de aquellos países que no forman parte de la zona euro. Cameron ha explicado que si son “marginados” ante el club del euro ya no tendrían ninguna razón para quedarse dentro de la Unión. En la tercera petición, Reino Unido pide el fin del cese de la soberanía. Cameron pidió que grupos de Parlamentos pudieran vetar algunas decisiones legislativas que salieran de Bruselas.

 Cameron pidió que grupos de Parlamentos pudieran vetar decisiones del Parlamento Europeo

La cuarta petición ha sido la mejor recibida en el mundo de la economía. Londres pretende aumentar la competitividad de la Unión, se busca que se reduzca la máquina burocrática de la UE, así como flexibilizar los tratados comerciales con Estados Unidos y con Asia.

La negociación con Bruselas

Tusk se comprometió, tras reunirse con Cameron, que en las siguientes 24 horas habría un borrador para negociar en la cumbre de febrero. ‘To be or not to be together’, twitteó el presidente del Consejo Europeo, adjuntando su borrador para el acuerdo y evitar el Brexit (como se llama a la salida de Reino Unido de la UE). Así Bruselas aceptaba las cortapisas a la inmigración comunitaria, una revolución en la UE.

El miércoles por la mañana Jean-Claude Juncker, el presidente de la Comisión Europea, comparecía en el Pleno del Parlamento Europeo, y explicaba que la limitación de los beneficios a los inmigrantes comunitarios no podía ser “permanente”, sino que tendría que haber una limitación de 7 años. Sin embargo Juncker ha remarcado que las peticiones de Londres son “justas para Reino Unido y para los otros 27 Estados miembros”.

Juncker se añadió a las voces de apoyo a la “competitividad” que exige Cameron, y ha recordado en el Pleno que en sus planes legislativos para este 2016, así como en los objetivos de la presidencia holandesa, son avanzar en la creación de un Mercado de Capitales y otros objetivos exigidos por Cameron.

La posición de los socios

En todo esto, y de cara a la cumbre del 18 y 19 de febrero, lo más importante es conocer las posiciones de algunos de los socios influyentes de la Unión. La Alemania de Angela Merkel ha tratado de evitar entrar de lleno en el asunto Brexit, pero la canciller ha dejado claro que quiere mantener a Reino Unido en la UE y que quiere un acuerdo, pero que las líneas rojas están en la libertad de circulación y las políticas discriminatorias. Sin embargo Merkel debe cerrar frentes: mientras la crisis de los refugiados podría poner en duda su continuación en el gobierno no le conviene la desastibilización de las fuerzas en la UE con la desaparición de Reino Unido de la UE. La otra gran fuerza es Francia, que se ha mostrado como la gran enemiga de ayudar a Cameron en su campaña a favor del ‘Sí’ en el referéndum.

About Ignacio Alarcón

Estudiante de 4º de Periodismo en CUV. Información política, económica e internacional.

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