Los rostros de la guerra, en el Conde Duque

La oscuridad de la sala se abalanza sobre el visitante. Balas, bombas y gritos trasladan al espectador a los lugares más aterradores del planeta, lugares deshumanizados, donde la población vive escondida hasta que el “eco ronco de los cañones” cesa. Los gritos de dolor y sufrimiento son los que caracterizan a estas fotografías. Una mujer chilla al contemplar como unos trabajadores del Ministerio de Salud corren a recoger el cadáver de su hija, muerta a los 16 años a causa del cólera. Vestida de blanco, huye de los “gigantes amarillos” del Ministerio de Salud con el grito en el pecho. Andrés Martínez Casares inmortaliza en Haití el momento de mayor desesperación que puede vivir una madre: la pérdida de su hija bajo unas circunstancias que se escapan de su control.

Es una de las imágenes que el centro cultural Conde Duque recoge en esta extraordinaria exposición, una colección de documentos compuestos por fotografías, libros, poemas y vídeos, un retrato muy particular de los conflictos bélicos del mundo contemporáneo, aquellos desarrollados a partir del 11 de septiembre de 2001. “Upfront”, nombre que recibe la recopilación, es fruto del trabajo de 23 fotorreporteros de guerra hispanos, presentes en los principales frentes de la actualidad. La exposición estará abierta hasta este domingo 31 de enero de 2016.

Con el pelo lleno de canas y la mirada perdida, otro de los desafortunados protagonistas de la muestra contempla al periodista con el único ojo que le queda sano mientras acaba de fumar el último cigarrillo que posee. Su mirada lo dice todo. Este paciente del hospital psiquiátrico de Dar Al-Ajaza vive sin agua y sin electricidad mientras se encuentra atrapado entre las posiciones de los rebeldes y del ejército sirio. Sus cuidadores han huido. Sobrevive con lo que encuentra entre los escombros, sus signos de fatiga muestran sus esfuerzos por mantenerse ahí, esperando a que el fuego cese. Se trata de una fotografía tomada por J.M. López en Siria, en diciembre de 2012.

A pocos pasos de ahí, herido, lleno de sangre y suciedad, un emigrante muestra sus manos con llagas a la cámara, satisfecho de ser uno de los cincuenta afortunados que han conseguido saltar la valla y llegar a Melilla. Otros 200 quedaron atrás, pero la satisfacción de haberlo conseguido se mezcla con el irremediable miedo al futuro. Una vez en España, tendrá que averiguar cómo conseguir sobrevivir y mejorar la situación en la que vivía en su país de origen. José Colón consigue plasmar esta incertidumbre en esta fotografía tomada en enero de 2014.

Parques infantiles inusuales

Mientras tanto, un grupo de niños juega en un campo de fútbol improvisado entre las chabolas de la Villa Miseria de la Cava de Buenos Aires, Argentina. El fútbol es una de las únicas opciones que contemplan estos jóvenes para salir de la pobreza, para conseguir ayudar a su familia, siguiendo el ejemplo que muchos han logrado. Natacha Pisarenko fotografió esta peculiar vista aérea en abril de 2003.

Con el llanto en el pecho, Sebastián baja la mirada al suelo contemplando cómo los campos de cultivo de su Argentina natal han sido destrozados por la constante fumigación de productos fosfóreos prohibidos. El chico, enfermo y malnutrido, no tiene más remedio que echarse a llorar ante una situación que puede costarle la vida, como ya le ha costado a muchos de sus vecinos. Esta fotografía fue tomada por Álvaro Ybarra Zavala en Napenay, Chaco, Argentina, en noviembre de 2012.

Muertes que parecen cuadros

Con la teatralidad que caracteriza a Caravaggio, Miguel Ángel Sánchez nos retrata el cadáver cubierto de un hombre en la morgue durante la intervención del ejército israelí en Gaza, en el invierno de 2013. El foco de luz que ilumina la estancia aporta el juego de luces y sombras tan característico del Barroco, que consigue remarcar el color carmesí de la sangre sobre el improvisado sudario. En el suelo, un cubo donde reposan humedecidos algunos trapos teñidos de rojo termina de enmarcar esta espeluznante composición.

Pasea ataviado con un traje elegante, mientras mira la hora en su reloj de bolsillo, notándose su prisa pues llega tarde y le están esperando. En el fondo de la composición, un tanque destruido por las fuerzas de la OTAN, tierra, humo y restos de metralla y armamento. La guerra ha conseguido normalizarse, ya no es una situación momentánea, ahora es parte del día a día de la población.

Se han acabado los bombardeos y los disparos. A través del minúsculo hueco en la fachada contemplamos la ciudad libia de Sirte. El presidente Muammar Gadafi ha muerto y la ciudad ha sido liberada. Cautelosos, todavía no nos atrevemos a salir a la calle por miedo a que todo sea como antes, que todo haya sido una ilusión y que la guerra continúe. Ahora sólo nos queda una ciudad en ruinas dónde las fachadas están agujereadas por las balas, dónde no hay electricidad ni agua corriente, dónde lo único que queda es la esperanza en el progreso. Esta fotografía fue tomada por Manu Braro en Libia, en octubre de 2012.

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About Lucía Martínez Sánchez

Estudiante de 4º de Periodismo y Diploma de Especialización en Gestión y Comunicación de Moda en el Centro Universitario Villanueva.

2 comments

Muy buen artículo. Sin poder ver la muestra, la autora nos sumerge en las trágicas situaciones que se presentan con un lenguaje claro y convincente y perfectamente documentada con la autoría de cada foto. Enhorabuena.

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