Street Pastors: los verdaderos guardianes de la noche

Es sábado por la noche en Cork (Irlanda). En las calles, ya empieza a notarse el hormigueo constante de jóvenes que los pubs y discotecas generan alrededor de las calles centrales. Una lluvia torrencial que parece no dar tregua cala la ciudad hasta los cimientos. Apenas son las once y media, pero un hombre de mediana edad, ebrio y desorientado, se tambalea hasta el portal de un comercio y se deja caer pesadamente junto al cierre. La lluvia le empapa el rostro y el abrigo mientras la gente pasa a su alrededor, cubriéndose la cara para guarecerse de la lluvia, y quizá también para fingir no verlo. De entre la multitud, brotan tres apresuradas figuras de abrigo azul que se acercan directamente al hombre. Ellos son los Street Pastors: los verdaderos guardianes de la noche.

Los Street Pastors son voluntarios. Cada uno se costea su propio uniforme, materiales y aprendizaje

“Estamos para cuidar, proteger y escuchar”

Los Street Pastors nacieron en el Reino Unido en el año 2003 como una iniciativa impulsada por un grupo de comunidades cristianas de diversas confesiones. El propósito inicial consistía en proveer ayuda a las personas que lo necesitaran, principalmente por problemas con el alcohol. La incidencia que tiene el alcohol sobre los jóvenes, “en las islas de Irlanda e Inglaterra es muy elevada”, afirma Dan, un voluntario perteneciente a los Street Pastors de Cork. “Sobre todo en las grandes ciudades”, sentencia.

El movimiento de voluntarios Street Pastors comenzó en Cork hace tres años. “El índice de criminalidad se ha visto reducido hasta en un 70% desde que los grupos de voluntarios se popularizaran las noches de sábado”, asegura Jo Peters, una voluntaria mitad irlandesa y mitad norteamericana que dirige el grupo de esta noche: “Antes sólo salíamos dos sábados al mes, pero las autoridades nos pidieron aumentar el número de patrullas debido al impacto positivo”.

La mayoría de problemas nocturnos son provocados por el consumo excesivo de alcohol

Las patrullas se hacen en dos franjas de tiempo: de 10:30 a 1:30 y de 2:00 a 4:00 de la madrugada del día siguiente. “La franja más conflictiva es a partir de las dos de la mañana”, asegura Peters. Es entonces cuando los locales cierran y las calles se convierten en un hervidero de problemas. La mayoría, provocados por el alcohol. “ Sobre todo abordamos a personas en estado de extrema embriaguez, e intentamos evitar peleas y actitudes que ponen en peligro la integridad de las personas por la noche”, comenta Peters mientras barre unos cristales rotos del suelo. “Aunque nuestra actividad está limitada”, se lamenta “nosotros preguntamos antes de ayudar. Si la ayuda es rechazada, no hay nada que podamos hacer”.

A pie de calle

Los voluntarios se abren paso por unas aceras repletas de charcos de vómito, basura y botellas de cristal que recogen y depositan en los cubos cercanos. “Es peligrosamente común encontrar las calles sembradas de vasos de cristal y botellas que, de romperse, podrían herir de gravedad a alguien en caso de tropezar y caer, cuando no ser utilizados como arma en una pelea”, asegura Dan, otro de los voluntarios. En los últimos 6 meses cuenta haber recogido alrededor de 2500 vasos de cristal abandonados en la calle, de los cuales algunos han pasado a formar parte de su “colección personal”, afirma con una sonrisa mientras se agacha de nuevo, en pos de una potencial nueva adquisición.

Mientras hablamos, Peters se acerca a un hombre de mediana edad que se tapa la nariz con una mano sanguinolenta. Tras ofrecer su ayuda con éxito, Dan se pone unos guantes de látex y saca gasas, desinfectante y esparadrapo. Al parecer el hombre ha recibido un golpe intencionado que le ha provocado un desgarro en la aleta nasal derecha. Mientras Peters apunta con una linterna de bolsillo y calma al hombre con su característica conversación optimista, Dan limpia, desinfecta y cubre la herida. Para cuando han terminado, Pascal, el voluntario que completa el trío vigilante, ha parado un taxi que lleva al hombre al hospital más cercano. El grupo recoge su instrumental, se lavan las manos y prosiguen con su patrulla.

Uno de los principales objetivos de los Street Pastors es asegurar el entorno urbano

En la mochila de un Street Pastor hay desde material de primeros auxilios y botellas de agua, hasta capas impermeables y sandalias de plástico para aquellas que salen con tacones. Según los cálculos de los voluntarios, reparten unos 50 pares de sandalias al mes.“¡Y solamente saliendo los sábados!”, ríe Dan mientras llena de piruletas las manos de unas chicas sin tacones.

Peters reconoce que los comienzos fueron difíciles. “Recibimos burlas e insultos hacia nuestros uniformes en las primeras semanas” pero, a pesar de ello, no dejaron de llevar a cabo su labor altruista a sabiendas de que “la gente al final nota la diferencia”. Y efectivamente, así es. Ahora los Street Pastors reciben ovaciones de agradecimiento por cada calle que pasan. Muchos les piden hacerse fotos y estrecharles la mano. En las redes sociales, sus páginas están llenas de comentarios positivos. Lo que demuestra que los voluntarios se han ganado a pulso el respeto en las calles, y con ello, la paz.

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