Las anchoas de Santoña y otras historias de marineros

Es viernes por la tarde en el puerto de Santoña y los barcos comienzan a descargar las mercancías después de toda la semana en alta mar. Los pescadores van cargando las cajas de pescado en las lonjas, que más adelante se venderán en pescaderías y en el mercado del pueblo. Esta villa de 11.000 habitantes es conocida, sobre todo, por sus fábricas de anchoas, un producto del que hay grandes factorías en el municipio y que llega a todos los rincones de España.

Las anchoas de Santoña

Pilar trabaja en una de las pequeñas fábricas que hay en el pueblo. En estas factorías las mujeres son las que se encargan de los procesos de limpieza del pescado, trabajan en torno a 14 empleadas y se ocupan de todas las etapas. Primero llega el pescado en barcos al puerto y es trasladado a la fábrica donde comienzan a limpiarlo y descabezarlo. Lo siguiente será colocar las anchoas en el salazón durante nueve meses hasta que esté preparado para envasarlo. Después cada anchoa se colocará en su recipiente de forma numerada para comprobar más tarde la calidad del producto.

Las fábricas más grandes tienen anchoas que llegan desde Perú

Pero la importación de alimentos extranjeros también ha llegado a este pueblo de la provincia de Santander. “Las fábricas más grandes tienen anchoas que llegan desde Perú y otras zonas del mundo, en el fondo son la mayoría”, relata Pilar. El pescado que se vende en todas las tiendas no es el que tradicionalmente se pescaba en la zona, las anchoas de Santoña se encuentran ahora en una lucha por el mercado, lo que no asusta a las empresas más pequeñas que siguen dedicando su vida a la pesca en la zona. “Llevo ya 22 años trabajando en la fábrica, -asegura Pilar sonriendo- y los que me quedan”.

Una vida en el mar

El trabajo de los marineros nunca ha sido fácil, y ahora con la competencia que llega desde fuera de España no iba a ser menos. Para la pesca de anchoas, los barcos zarpan entre los meses de marzo y junio en periodos normalmente de 15 días. Pero el tiempo de los barcos faenando depende del tipo de pesca. Por ejemplo, los barcos grandes que salen a por bonito pueden estar hasta un mes fuera de casa para pescar el suficiente cargamento que traer para su venta.

Mientras unos salen a las seis, los más rezagados apuran hasta las ocho

Llegan las seis de la mañana del lunes. Después de un fin de semana en casa a los marineros les toca volver al mar. Unos cargan la comida de la semana mientras que otros cosen los agujeros que encuentran en las redes. Unos barcos salen, otros apuran hasta las ocho para partir. Una máquina va recogiendo las redes dentro del bote y los pescadores bromean delante de la lonja organizando los últimos preparativos del barco. Suena la bocina y “Siempre al alba” toma rumbo fuera del puerto, el mar está en calma y los meteorólogos aseguran que esta semana el tiempo les dará tregua.

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About Cristina Pita da Veiga

Estudiante 4º de Periodismo en Villanueva CU

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