Las manos mágicas que permiten la comunicación a los sordos

Las personas sordas tienen una discapacidad auditiva que les impide oír. Mucha gente tiende a utilizar la palabra sordomudo para referirse a una persona que no oye, pero es una terminología incorrecta ya que son sordos pero no mudos. Muchos de ellos conocen la lectura labial y pueden comunicarse con otra persona hablando, pero no lo hacen porque la lengua de signos es su lengua natural.

“Yo nací sorda, pero mi situación familiar fue distinta”, asegura Mónica. Tiene 24 años y trabaja en el Centro de Normalización Lingüística de la Lengua de Signos Española (CNLSE). Aun siendo una persona discapacitada, Mónica tuvo el valor de enfrentarse a sus problemas y decidió estudiar la carrera de Información Documental. “Mis padres son sordos pero decidieron el oralismo. Yo aprendí la lengua de signos tarde, a los 16 años cuando nos mudamos a Madrid”, añade.

En el colegio, a Mónica la hacían sufrir porque la veían como una persona distinta. Como todo niño ella cogía apuntes en clase pero se aburría porque no entendía bien lo que decían. Cuando llegaba a casa tenía un profesor particular que le ayudaba y le aclaraba la información que ella no era capaz de seguir en las clases. “Yo notaba barreras pero no porque sea una persona con discapacidad, soy una persona sorda pero puedo hacer todas las cosas que hacen los demás. El único problema que yo tengo es la barrera de comunicación. La mayoría de las personas hablan y yo hago esfuerzo por adaptarme pero no siempre se puede”, insiste.

“Yo puedo hablar pero no oigo. Me cuesta entender lo que me dice el resto de la gente”

Hasta los 16 años se comunicó a través de la lectura labial, “yo puedo hablar pero no oigo. Me cuesta entender lo que me dice el resto de la gente”, asegura. Mónica utiliza un audífono en el odio izquierdo. Para ella es una ayuda porque cuando hay algún ruido le sirve para detectar lo que está pasando e intentar controlar la situación.

“El audífono es un complemento, algunas personas lo utilizan para entender mejor la lectura labial y poder diferenciar entre la t y la d”, añade David. El colectivo de personas sordas es muy heterogéneo, por lo que llevar audífonos o no depende de las necesidades propias de cada uno y del entorno. “Cada persona es distinta, pero yo viendo el antes y después de mi propia vida puedo decir que sobre todo soy una persona sorda”, insiste Mónica.

¿Qué pasa con los intérpretes de signos?

Las personas sordas no siempre necesitan el servicio de alguien que les traduzca. Los intérpretes son profesionales que conocen tanto la lengua oral como la de signos, y que se encargan de que una persona sorda que se comunica signando pueda mantener una conversación con otra que utiliza el oralismo. La lengua de signos tiene muchas ventajas para los sordos, para ellos no es un capricho, es una necesidad.

David Sánchez, es el otro protagonista en esta historia, tiene 36 años y es el coordinador del área de producciones de la lengua de signos española en el CNLSE. David es sordo de nacimiento. Sus padres y su hermana también lo son, por lo que la lengua de signos siempre ha sido su lengua materna.“Yo no oigo –asegura David- con lo cual si me hablan tengo que hacer un esfuerzo por intentar entender lo que me dicen”. David necesita la lengua de signos porque le permite comunicarse, le da felicidad y porque le permite tener conocimientos.

About Ana de Narciso

Estudiante de 4° de Periodismo

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