Ortega Lara: “A Bolinaga le diría que al fin conseguí perdonar, no olvidar”

“Cuando llegué a mi casa, lo primero que hice fue sentarme en mi parte del sofá, junto a mi mujer, como hacíamos antes de ser secuestrado”. Así narra José Antonio Ortega Lara cómo fue el momento de su liberación el 1 de julio de 1997. “Aquella mañana había ruidos raros, y vi entrar en el agujero en el que me tenían a una persona de la Guardia Civil y pensé que era un terrorista disfrazado que quería sacarme fuera y matarme. Me asomé y se me acercó una persona que me preguntó si sabía quién era. Le dije que sí, que era Baltasar Garzón, y fue el momento en el que me di cuenta de que la cosa iba en serio”.

Durante los 532 días de secuestro a manos de ETA en un zulo de apenas dos metros de largo y tres de ancho en una nave de Mondragón (Guipúzcoa), su mujer intentó hacer una vida normal y su hijo siempre pensó que estaba trabajando en el extranjero: “Cuando salí, mi hijo no me reconoció y fue un golpe durísimo, hasta que me afeité, me dejé el bigote que antes había tenido y entonces comenzó a hablarme de cosas que hacíamos antes”, relata emocionado el exfuncionario de Prisiones. Asegura que lo mejor que ha sacado de su experiencia es que le ha enseñado a ser más humilde y a “empatizar mejor con las personas que sufren”.

Ortega Lara hizo estas declaraciones este miércoles durante una conferencia en el Centro Universitario Villanueva, en la que los alumnos de cuarto de Periodismo y Publicidad pudieron escuchar emocionados su testimonio. Tuvo mensajes para ellos y también uno muy especial para sus captores: “Si Bolinaga [fallecido en enero de 2015] estuviera delante, le diría que al fin le conseguí perdonar, no olvidar”.

“El perdón es una regla básica que te hace más feliz”

Ortega Lara explicó que el odio y el olvido son cosas distintas. “El perdón es una regla básica que te hace más feliz, y es lo que más me ha costado después de mi liberación. Pensé que iba a ser sencillo porque cuando eres cristiano el perdón te viene dado, pero no fue fácil”, asegura. Con el tiempo, consiguió perdonar y afirma que se libró de un peso: “Cuando llevas ese odio dentro, te afecta a ti y a las personas que están a tu alrededor”.

“Me pregunté por qué a mí”

El cautiverio le cambió la vida, y asegura que muchas veces perdió la esperanza: “Me enfadaba muchísimo con Dios, si me hubieran grabado lo que le decía a grito pelado… Pero, a la vez, mi lazo con Él se fortaleció. Dios es un gran amigo que además no hurga en lo malo que puede haber en ti, es el Jefe”. La fe y la familia han sido sus mejores aliados, junto a seguir un concienzudo método todos los días: “Yo tenía el alma destrozada y el cuerpo dolorido, pero todos los días hacia un pequeño ejercicio de voluntad y me ponía obligaciones”, desvela Ortega Lara.

“Me pregunté por qué a mí miles de veces y no existe una respuesta”, confiesa. Aquel 17 de enero de 1996 fue secuestrado en el garaje de su casa por el simple hecho de ser funcionario de Prisiones y para ser utilizado como chantaje al Gobierno de Aznar para que acercara a los presos de ETA a cárceles del País Vasco. “El Gobierno hizo lo correcto no negociando, si lo hubiera hecho al día siguiente hubieran secuestrado a otro, y los terroristas habrían salido ganando”, afirma Ortega Lara, hoy vinculado al partido político Vox.

“Me enfadaba muchísimo con Dios pero, a la vez, mi lazo con Él se fortaleció”

Ortega Lara desgranó todos los detalles de su secuestro con serenidad, y sólo se le nublaron los ojos cuando contó que intentó suicidarse: “Yo pensé que mi destino era morir allí, e incluso planeé mi suicidio. Pero el tren de la vida ha pasado una segunda vez”.

“Las víctimas nunca han actuado con espíritu revanchista”

Mi relación con los secuestradores fue al principio educada, hablábamos de política, a veces contábamos chistes de Gila y en alguna ocasión me propusieron jugar al mus, a veces me ofrecían una copa de vino… Yo siempre decía que no, nunca acepté ninguna oferta porque luego sabía que venía una contrapartida, sabía que me pedirían algo a cambio”, explica Ortega Lara, que añadió que luego la relación con ellos se fue deteriorando y prefirió guardar silencio para no exponerse a sus castigos: “En el fondo estaban hasta las narices del secuestro, más que yo, porque sabían que cuanto más tiempo pasara, más posibilidades había de que les pillaran”.

Durante su intervención, hizo una encendida defensa del derecho a la vida y en contra del aborto, así como una reivindicación al respeto a las víctimas del terrorismo. “Sus proyectos de vida quedaron truncados, pero sus familiares nunca han actuado con espíritu revanchista, sino solamente en demanda de la justicia y de la memoria que como personas merecen”, afirmó. En esta línea, lanzó un último alegato a los universitarios: “Vivid vuestra vida pero jamás humilléis a nadie”.

(Con información de Beatriz Martínez González)

About María Royo

Estudiante de cuarto de Periodismo en el Centro Universitario Villanueva.

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.