Ser periodista cuando tiembla la tierra

“Las paredes comenzaron a temblar y por la ventana aparecían montañas de polvo. Como decía el protocolo bajamos corriendo las escaleras mientras los techos se nos caían encima y cuando salimos a la calle lo vimos. Centenares de rostros de pánico, gritos y miedo. Lo siguiente que recuerdo fue cómo todos ellos comenzaron a mover piedras, a intentar salvar lo que veían. Todos ayudaban”. Así recuerda el periodista Omar Havana cómo fue aquel sábado 25 de abril de 2015, día en el que un terremoto de 7,8 en la escala Richter sacudió Nepal. Lo hace dos meses después en una conferencia pronunciada en la sede de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) desde la privilegiada posición de ser uno de los dos únicos fotoperiodistas extranjeros que reside en Katmandú. A él le toco cubrir el desastre para Getty Images y sus imágenes de la catástrofe dieron la vuelta al mundo.

La otra testigo de la masacre fue la periodista francesa Juliette Rousselot, presente junto a Havana en la conferencia, y que recuerda las dos caras de aquellos turistas a los que les sorprendió el temblor en plenas vacaciones.

“Por suerte era sábado y la gente no trabajaba ni estaba en sus casas -asegura Havana-. De todas formas, ellos ya sabían qué hacer si llegaba un terremoto, lo estaban esperando; lo que no esperaban es que llegara tan pronto”. Pero lo más difícil para él no fue coger la cámara, sino llevarla encima y no apartarla a un lado para ayudar a la gente. “Días antes estuve en Bhaktapur fotografiando un festival colorido, alegre, era increíble. Tras el terremoto nos acercamos y el panorama era desolador, algunas casas que todavía quedaban en pie se nos caían encima”, dice Havana, que se encontraba durante la catástrofe con Juliette Rousselot, otra periodista francesa que colabora con diarios como Le Figaro. “Lo que más nos llamó la atención fue la rapidez con la que los nepalíes empezaron a trabajar y cómo los turistas salieron a ayudar con platos”, continúa Havana.

“No hay nada más complicado que cubrir la muerte”

“No hay nada más complicado que cubrir la muerte, sobre todo cuando es un país que destaca por su gente. Nepal es vida –asegura el fotoperiodista moviendo las manos-. Era duro ver a familias recogiendo pedazos de madera para reconstruir sus casas. En muchos casos ni les quedaba suficiente para incinerar a sus familiares”. La destrucción ocasionada en esta zona ha sido gigantesca, 2.800.000 personas se han quedado sin casa, lo cual se verá agravado cuando comience en breve la época del monzón, unas lluvias que pueden llegar a ser mortales para una población desprotegida. Además, muchos hospitales, clínicas y escuelas no tienen reconstrucción posible, y centenares de niños no estudiarán el próximo año.

Otro miedo que ha surgido entre los nepalíes es cómo se va a sostener un país cuyo principal ingreso proviene del turismo cuando la mayor parte de sus monumentos culturales han sido destruidos. La UNESCO calcula que podrían tardarse hasta 10 años en reconstruir todos los templos. “Unos turistas franceses que se encontraban en la zona tras el terremoto nos preguntaron qué podían visitar ahora que la mayoría de sus monumentos estaban derruidos -asegura Havana-. Juliette, enfadada, les dijo que podían hacer dos cosas, o coger el próximo avión que pudieran hacia su país o que dejaran sus cámaras de fotos y las gorras y ayudaran a desenterrar cuerpos”.

China e India, vecinos indiferentes

Uno de los problemas que preocupa a Omar Havana es la falta de ayuda ofrecida por los países vecinos, China e India. Mientras que llevan años luchando por la supremacía en la zona, en momentos como éste, las únicas ayudas que ofrecieron se destinaron a aquellos ciudadanos provenientes de sus países que se encontraban en el lugar del terremoto. Aviones que salían de un aeropuerto colapsado sólo con población china o hindú. Como asegura el fotoperiodista, de entre estos dos países, China ha sido el que más ayudas ha ofrecido, mientras que periodistas hindúes aprovechaban la cercanía para captar las mejores imágenes. Aún así esto no es sólo algo propio de los comunicadores de India; así lo explica Havana: “Veía cómo la gente rescataba heridos y los llevaban en brazos mientras tenían que ir parando para que los fotógrafos extranjeros tomaran sus imágenes; en ese momento sentí verdadera vergüenza de mi profesión”.

“Los nepalíes marchan a Catar y vuelven en ataúdes”

Para este fotógrafo el problema no es sólo de los otros países, sino del propio Gobierno nepalí, ya que “se pelean entre ellos para ver quién será el salvador de esta catástrofe en vez de agruparse y ayudar a su país”, dice Havana. Los jóvenes nepalíes tampoco están en sus ciudades para trabajar, se marchan a Catar donde les explotan y les impiden salir del país quedándose su pasaporte. Como dice el fotógrafo, muchas veces la única forma en la que vuelven a su país es en ataúdes.

La ayuda

Mientras Omar Havana se quedaba en Katmandú fotografiando el desastre, Juliette Rousselot decidió viajar con un grupo de extranjeros que compraban con su propio dinero alimentos y reservas para ir distribuyéndolo por zonas a las que la ayuda todavía no había podido llegar. En su viaje, Rousselot fotografió los rostros de aquellas personas que por fin veían cerca su salvación. “Esta gente que se ha movilizado creando una organización, han empezado a crear páginas web donde poder donar dinero, pero como al principio, siguen ayudando de su propio bolsillo, gente que vivía aquí o simplemente estaba de viaje y ahora con un coche se dedica a ayudar a los nepalíes”, dice esta francesa.

Como asegura el fotógrafo, muchas ONGs viajan a Nepal para beneficiarse del desastre, como ocurrió en Haití en 2010, para marcharse una vez acabado el revuelo mediático. “Si realmente quieres ayudar, coge un avión y viaja a Nepal; compra y haz turismo y, en el caso de que no puedas, manda dinero a organizaciones que realmente ayudan, como los grupos que han surgido ahora o Médicos sin Fronteras y Save the children, organizaciones que llevan desde hace años ayudando a los nepalíes”, dice Havana.

¿Y ahora qué?

Lo que realmente asusta actualmente a la población son las réplicas, temen que destrocen las casas que todavía siguen en pie. Otro miedo va creciendo según se acerca la época del monzón, un periodo ininterrumpido de lluvias que, con un 10% de la población viviendo en tiendas colocadas directamente sobre la tierra, puede tener graves consecuencias. Ahora lo que más preocupa a las organizaciones , y para lo que se están preparando, son los corrimientos de tierra, el alojamiento de tantas personas sin techo, la lluvia y el frío.

“Para sentir Nepal hay que ir a Nepal”

A pesar de todo, los nepalíes siguen sonriendo, compartiendo y ayudando en todo lo que pueden. Entre tanta destrucción también hay esperanza y llegó con el descubrimiento de un chico de 15 años que sobrevivió 5 días bajo tierra bebiendo agua que se filtraba por su camiseta. “Lo mejor no se ha destruido, porque es la gente -finaliza Havana-. Para sentir Nepal hay que ir a Nepal”.

About Cristina Pita da Veiga

Estudiante 4º de Periodismo en Villanueva CU

Deja una respuesta