“Estamos, que no es poco”: un día en el mercadillo de Fuencarral

Es temprano y hace frío en el madrileño barrio de Fuencarral, situado al norte de la capital. Las temperaturas bajas, algo más de lo que han sido estos días, y el cielo nublado hacen que la mañana sea oscura, que no invite a salir de casa. Sin embargo, ya antes de las 9 de la mañana, podemos ver movimiento en una de las calles del distrito: decenas de personas descargan sus furgonetas de fruta, ropa o, incluso, artículos electrónicos. Empieza un día más en el mercado municipal de Fuencarral. 

A él acuden, todos los miércoles, clientes en busca de unos precios más bajos que los de las tiendas y vendedores que encuentran en esta actividad una forma de ganarse la vida y de luchar contra la crisis. 

En comparación a otros mercadillos similares, como el famoso Rastro de La Latina (aunque este es mucho más turístico y concurrido), en Fuencarral el ambiente destaca por una calma y un silencio que solo rompen las conversaciones entre clientes y vendedores y, en ocasiones, algunos gritos que estos lanzan para atraer a los compradores.

Una profesión nómada

Aún así, resulta sorprendente la rapidez con la que los trabajadores montan sus puestos, que son solicitados y comprados en el Ayuntamiento de Madrid. Como explica Adelina, que lleva ya 34 años en la vida de los mercadillos, sus lugares de venta están hasta asegurados, pues han de estar cubiertos ante cualquier accidente que les pueda pasar; a ellos o algún cliente.

De esta manera, poco más de 20 minutos después de nuestra llegada, el mercadillo ya está a pleno funcionamiento y cada vendedor compite por lograr colocar su “género” frente al de sus competidores, que se sitúan a escasos metros. La clave, según la mayoría de ellos, es dar unos precios más asequibles que los de los demás (sin llegar, claramente, a perder dinero) pero, sobre todo, brindar un trato cercano y amable. Al final, acaban desarrollando relaciones con los clientes habituales.

Los vendedores suelen iniciar su jornada a las 4 de la madrugada

Además, otro reclamo son los clásicos gritos para atraer a la concurrencia. Jonathan, que trabaja en uno de los puestos de fruta, utiliza algunos como: “Si quiere comer y adelgazar, coma lechuga y nada más”; o, como pudimos oír de otro frutero: “¡Naranjas valencianas, las comes tú y engorda tu hermana!”.

Esta actitud de cercanía, y de tratar de brindar cierto entretenimiento a los clientes, es clave pues, como pone de manifiesto la climatología, la vida de vendedor de mercadillo es muy dura. Muchos nos han contado que, por ejemplo, en el caso de la fruta, han de salir de sus casas alrededor de las 4 de la madrugada, ir a su proveedor (normalmente, Mercamadrid) y dirigirse hacia donde les toque ese día el mercado. Allí, empiezan a vender en torno a las 9 de la mañana y su jornada acaba a mediodía, a las 14.30 aproximadamente.

Los puestos se compran al Ayuntamiento y tiene que estar asegurados

Así, cada día tienen un destino: Alcobendas, Barajas, La Elipa, San Blas… y, por tanto, un público diferente y, probablemente, una nueva competencia. También, hay que tener en cuenta que todas las jornadas tienen un horario similar y que los trabajadores son, al fin y al cabo, los últimos responsables de los resultados que obtengan, por lo que su implicación es bastante importante a la hora de lograr vender su género.

Optimismo y cercanía frente a la crisis

Esto, además, es cada vez más complicado debido a uno de los temas que más preocupan a los españoles: la crisis. Y los vendedores se debaten entre poner sus precios más bajos que los de los otros puestos y no llegar a perder dinero. Asimismo, son conscientes de que la situación también afecta a los clientes y encontrar el precio ideal para todos muchas veces se convierte en un rompecabezas. 

Y, si sumamos esto a las duras condiciones, la dureza de la vida del mercadillo es patente: horarios exigentes, altos niveles de competencia, dificultad a la hora de diferenciar el producto… los vendedores son, al fin y al cabo, un ejemplo de resistencia ante la crisis, contra la que pelean con tenacidad y trabajo duro.

Además, muchos afirman que preferirían estar en una tienda, ya que, como declara Adelina, “está mejor visto y tú estás como una marquesa”, es decir, las condiciones y los horarios son mucho mejores. Sin embargo, algunos admiten que esta opción también tiene desventajas, como el pago del alquiler, de mayores impuestos, etc.

“Una tienda está mejor vista y estás como una marquesa”, declara una vendedora

Para luchar contra estas condiciones, los vendedores acaban optando por un optimismo y por una buena actitud ante la vida y su situación. Saben que, al final, son ellos los propios responsables de su sustento (y, en muchas ocasiones, del de sus familias), por lo que su implicación y su tenacidad a la hora de vender es determinante.

También, son una lección sobre la forma en la que podemos enfrentarnos a las malas situaciones con las que nos encontramos: en lugar de victimizarse a uno mismo, estas personas toman las riendas de las circunstancias e intentan cambiarlas; o, al menos, enfrentarse a ellas con ganas de vivir y una buena sonrisa que ofrecer a sus clientes.

Durante una de las conversaciones con uno de los responsables de un puesto, pudimos oír cómo un cliente le preguntaba qué tal estaba. “Estamos, que no es poco”, respondió el vendedor. Y esta frase es la que resume el día a día de una parte de la población que no solo depende de su trabajo y esfuerzo para salir adelante sino también de lograr convencer a sus clientes de que su producto es mejor o de que es más barato. Todo esto, además, conlleva luchar contra unas condiciones duras y difíciles.

Sin embargo, su optimismo y ganas de trabajar es lo que lleva a Jonathan, a Adelina y a muchos otros como ellos a levantarse cada día y seguir luchando para tener, si no una vida mejor, sí una vida más feliz.

Con información de Alejandra Morata

About Javier Pérez Santana

Estudiante de 4º de Periodismo y Comunicación y Gestión de Moda en C.U. Villanueva

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.