Así es la exposición sobre Hernán Cortés en Madrid

En los albores del siglo XVI, las naves que se hacían a la mar llevando soldados y mercenarios volvían cargadas de oro y productos exóticos, cuando no terribles y fascinantes historias sobre lo que había al otro lado del océano. Una de las más grandes historias fue la conquista de México por el soldado extremeño Hernán Cortés, al servicio de Carlos V, Rey de España. Ahora, casi 500 años después, el centro de arte Canal de Isabel II ofrece la oportunidad de redescubrir el pasado mediante la exposición “El itinerario de Hernán Cortés”, que se encuentra ahora en su ecuador (cerrará sus puertas el 3 de mayo).

La exposición cuenta con la colaboración de 42 instituciones nacionales e internacionales, entre las que destacan el Instituto mexiquense de Cultura, la Real Academia de Historia y el Museo Arqueológico Nacional. El recorrido se distribuye en siete ámbitos, cada cual con su propia historia que contar, pero siguiendo siempre los pasos del conquistador extremeño.

Para favorecer la contextualización de los sucesos en el marco histórico correspondiente, el centro de arte Canal de Isabel II ha apostado por el soporte audiovisual y la exposición de mapas y cartas náuticas que ayuden al visitante a entender la progresión de la conquista paso a paso, al tiempo que da forma a la Historia con piezas originales, y fieles reproducciones de artefactos de la época.

La exposición está pensada para ir más allá de la mera muestra de objetos; pretende sumergir al visitante en una progresiva experiencia de descubrimiento del choque de culturas entre los españoles y los aztecas, de sus antecedentes y sus consecuencias.

Los aztecas estaban convencidos de que si no ofrecían sangre humana a sus dioses, el mundo se acabaría

Muerte en Tecoaque

En julio de 1520, apenas un año después de la llegada de los españoles a las costas de México, los aztecas apresaron a una caravana de 500 personas que se dirigía desde Veracruz hasta Tenochtitlán. Sus miembros, de los cuales 45 eran españoles, fueron sacrificados ritualmente y ofrecidos al dios Quetzalcoatl. Mujeres, niños, ancianos y embarazadas fueron las demás víctimas identificadas entre los restos arqueológicos. También se encontraron entre los vestigios de la matanza, despojos de los primeros animales europeos llevados al Nuevo Mundo, entre los que destacan partes de caballos de raza árabe, lo que atestigua la presencia española entre los méxicas.

Los aztecas estaban convencidos de que si no ofrecían sangre humana a sus dioses, el mundo se acabaría, y por ello vivían en un continuo frenesí guerrero orientado a conseguir víctimas vivas para los sacrificios religiosos. El método de ofrecimiento al dios Quetzalcoatl era el llamado “tzompantli”, que consistía en la colocación por parejas de cráneos perforados a lo largo y ancho de unas estacas de madera horizontales, hasta completar el número 16, el sagrado número de la deidad.

Los cráneos de los sacrificados se dejaban así al sol alrededor de 20 días, y cuando se les caía la mandíbula eran considerados guerreros gloriosos. Los que no tenían el “honor” de formar parte de este rito, eran sacrificados y sus carnes cocinadas y consumidas por los indígenas.

El franciscano Bernal Díaz del Castillo cuenta en su obra “Historia Verdadera de la conquista de Nueva España” cómo en los inicios de 1521, Cortés envía una expedición de castigo liderada por Gozalo de Sandoval, que acabó con la vida de los moradores de Tecoaque; nombre que significa “donde se los comieron”, y que fue dado por los vecinos tlaxcaltecas, normalmente víctimas de las incursiones aztecas.

El último ámbito de la exposición “El itinerario de Hernán Cortés” esta dedicado a este suceso, e invita a reflexionar sobre la dimensión cultural de las civilizaciones prehispánicas, aportando muestras arqueológicas de importancia.

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