El mercadillo de la Plaza Mayor, un símbolo de la Navidad

Panderetas, adornos para el árbol, figuritas artesanales o gorros de todas las formas y tamaños. El mercadillo de la Plaza Mayor ha abierto sus puertas un año más para que familias al completo, llegadas desde todos los puntos de la geografía madrileña, paseen y observen atentos el belén que preside la plaza.

“La tradición es venir, dar una vuelta y tomar un bocadillo de calamares”

El reloj de Sol marca las seis de la tarde cuando el “oooh” al unísono de los peatones avisa del encendido de las luces que cuelgan de las calles. Artistas de renombre como Ágatha Ruiz de la Prada, Hannibal Laguna o Purificación García son los diseñadores de este original decorado que viste de gala Madrid.

Los Fernández vienen desde Fuenlabrada y Villaviciosa. Entre todos suman 14 miembros de una misma familia que cada año repite lo que para ellos se ha convertido ya en un ritual. “Todos los años compramos un sombrero. La tradición es venir, dar una vuelta, comprar gorros de todo lo que haya novedoso – este año los triunfadores han sido el de Hello Kitty y el de seta- y después tomamos un bocadillo de calamares, damos un paseo y vemos las luces antes de volver a casa”, explica Pili que ha venido con sus niños.

Tradición y trabajo

Tradición para muchos y trabajo para otros. Es el caso de Antonia y su marido, propietarios de un puestecito en el que únicamente se vende musgo y elementos decorativos para el Belén. Antonia lleva 55 años regentando este puesto, los mismos que hace que se casó con su marido, Julián, uno de los más mayores de la Plaza. Julián heredó el puesto de sus padres que, a su vez, lo habían recibido de los suyos.

Este artesano se encarga de hacer a mano los puentes y portales y Antonia es “la que pone una sonrisa a los curiosos” –matiza Julián-. Sin embargo, ambos dejan claro que “este es un trabajo para poder cenar bien el día de Nochebuena, no más”. Pero, a pesar de las bajas temperaturas y de la crisis, continúan felices, porque para ellos más que un trabajo se ha convertido en un modo de vivir la Navidad.

Dos puestos más allá se encuentran Juan Carlos y Paco. Estos hermanos venden figuritas para el Belén y explican que lo que no se encuentre en el mercadillo -y en concreto en su puesto-, no se vende en ningún sitio. Y esto es real. Algunas empresas, como por ejemplo la murciana DecorArte, tras tener que cerrar por los efectos de la crisis continuó durante unos años distribuyendo de forma exclusiva al mercadillo. Esto hizo que muchas personas pudieran comprar únicamente aquí sus figuritas y fueran capaces de continuar con sus colecciones: “Aquí el producto se vende bien y por eso las empresas saben que pueden proporcionárnoslo y nosotros venderlo de una forma muy satisfactoria”, explica Juan Carlos.

Soldaditos y otras figuras

Y es que efectivamente, en el puesto de Juan Carlos hay de todo. Figuras de todos los materiales y tamaños. “Todas las figuras están pintadas a mano y tienen tela colada. Son figuras que duran muchísimo tiempo y dan muy buenos resultados”, apunta el joven.

Hasta aquí había llegado Mari Carmen, en búsqueda de unas peculiares figuritas: “He venido a comprar soldaditos porque he hecho yo el castillo de Herodes y tengo mucha ilusión en ponerlos, pero estoy teniendo un poco de dificultad en encontrarlos. En mi casa desde que mis hijos eran pequeños el Belén es sagrado. Vengo todos los años y cada uno lo aumento con algo”.

Compradores, tenderos, curiosos, vendedores ambulantes o globeros abarrotan una plaza iluminada con luces de colores y amenizada con los gritos de ilusión de los niños que montan en el tiovivo. Niños y mayores viven intensamente estas mágicas fechas en un lugar que se ha convertido en un símbolo de la Navidad en Madrid: el mercadillo de la Plaza Mayor.

(Con información de Almudena Calvo)

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About Cristina Lanzarote

Estudiante de 4º de Periodismo y EBS en el Centro Universitario Villanueva

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