Make Space Madrid: máquinas haciendo máquinas

Si por casualidad eres de esas personas a las que les gusta andar trasteando con manuales y materia prima, estás de enhorabuena. Existen en Madrid varios lugares donde uno puede tener a su disposición todos los cacharros creadores para los que en casa no hay espacio. cuv3 ha tenido acceso a uno de estos espacios, Make Space Madrid, un taller de tecnología creativa donde los autodenominados “makers” se afanan en construir aparatos de puntera tecnología con herramientas comunes o de lo más inusual.

(Echa un vistazo a la galería fotográfica de Make Space Madrid)

Make Space Madrid abrió al público en abril de 2013, tras varios cambios de local y un año y medio de convocatoria por las redes sociales. Reunido el capital necesario y constituida la asociación, se abrió el taller sin más pérdida de tiempo en el barrio de Delicias. Los miembros fundadores hacen especial hincapié en la idea de que el Make Space Madrid es un espacio de educación no formal para la democratización de la tecnología. Un lugar que ofrece un acceso único al conocimiento, donde todos tienen la oportunidad de disfrutar de las herramientas disponibles en el espacio, de aprender, enseñar y estimular su curiosidad con las novedades tecnológica existentes y creaciones del resto de miembros.

Es un lugar donde aprender a hacer cosas útiles y novedosas

Laura, una de las fundadoras y maker por excelencia, se declara orgullosa de como ha ido creciendo el taller. Empezaron siendo apenas seis miembros y ahora son casi setenta. Entre ellos se encuentran profesionales de lo más variado: arquitectos, ingenieros industriales e informáticos son algunos de los perfiles que se pueden encontrar en Make Space Madrid. Otros no están tan estrechamente ligados al mundo de la electrónica y el diseño, como es el caso de Ariel, un joven colombiano de 21 años que acabó integrando la comunidad de makers por pura curiosidad.

Cuenta que desde niño siempre disfrutó construyendo cosas de la nada. Su cuarto era más parecido a un taller que a otra cosa. Ya crecido, empezó estudiando un grado medio en soldadura y calderería. Durante ese tiempo, intentó reiteradamente introducir en su habitación un arco de soldar y, ante la negativa de sus padres, tuvo que buscarse otro sitio al que ir a trabajar en sus creaciones. “Comencé yendo a un taller clandestino” asegura Ariel, “era realmente pesado llevar encima la máscara y el arco de soldar cada vez que quería ir al taller a hacer algo”.

En diciembre de 2013 leyó sobre Make Space Madrid en un artículo de El País, y ahora, casi un año después, comparte con vivo entusiasmo su afición por la robótica con el resto de miembros del espacio. Para él, este lugar es un “espacio de inspiración”, y “un sitio donde poder aprender a hacer cosas útiles y novedosas”.

Laura lo mira trabajar y sonríe orgullosa, porque es bien consciente de que “la experiencia que aquí se puede adquirir puede abrir muchas puertas en el mercado laboral”. Ahora, las empresas dedicadas a este sector exigen personal muy cualificado, pero eso no parece preocupar a Ariel de momento. Si por algo se afana en discutir con su mentor Javier cómo mejorar su máquina hasta la caída de la noche, no es por el dinero, sino porque le gusta su nuevo hobby. Como a todos los makers.

Autogestión del espacio

El espacio está plagado de rarezas, pero al mismo tiempo es una rareza en sí mismo. Este mérito se debe en gran parte a la dedicación de sus fundadores, aunque por otra parte, la concepción de este moderno taller autogestionado fue de inspiración extranjera. Make Space Madrid tomó ejemplo de su hermano mayor de Cambridge, donde el primer taller Make Space abrió sus puertas en marzo de 2013.

Apenas un mes después, un grupo de makers madrileños que llevaba un tiempo buscando financiación para llevar a cabo un proyecto semejante, decidió tomar el nombre de su predecesor británico y formar un taller de características parecidas. Ambas versiones, española e inglesa, están jerarquizadas en socios y miembros, por orden de responsabilidad. Todos pagan una cuota mensual de 30 euros por utilizar el taller, que sirve para mantener el proyecto a flote, pues los gastos comunes suelen ascender hasta los 1500 euros mensuales.

¿Quién sabe manejar una máquina de corte láser?

Esta membresía, además de permitir al maker de turno utilizar todas las herramientas comunes del espacio, concede la posibilidad de tener pleno acceso al taller las 24 horas del día a aquellos miembros que previamente hayan sido avalados por dos compañeros de confianza. Porque si algo tuvieron claro los fundadores desde el principio, es que este modelo de gestión no sería posible sin unas normas de convivencia bien claras.

Es por ello que una de las primeras creaciones de los makers fue un documento vivo (o wiki, en palabras de maker), en el que se especificaban las condiciones de uso del espacio. Aunque debido al carácter mutable del archivo, y gracias a las aportaciones a posteriori de muchos miembros, ahora se ha convertido en todo un manual de creación alternativa.

En la wiki del Make Space Madrid existe un apartado llamado Manual de Supervivencia Maker o MSM (Maker Survival Manual, sus siglas en inglés), donde se instruye en el uso de las herramientas más inusuales, ya sean mecánicas o electrónicas. Porque, ¿quién sabe manejar una máquina de corte láser? No todo aquel que entra por la puerta, eso seguro.

Es así, gracias a esta buena convivencia, Make Space Madrid puede permitirse tener una pequeña cocina con nevera y microondas, para que los makers inmersos en pleno proceso creativo no se vean obligados a salir de ese espacio de inspiración único. Aun sí, una de las primeras reglas de la wiki prohíbe quedarse a dormir en el espacio, (“esta no es tu casa amigo”, es la oficina de tu mente), pero la cafetera que no falte.

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