Cuatro historias de superación ante 2.000 aspirantes

Un domingo cualquiera en Sudán del Sur. Lopepe Lomong, seis años, está sentado en un banco de la iglesia con su madre minutos antes de que empiece la misa. Será ese el día en el que cambiará su vida por completo. A partir de entonces, Lopepe ya no pensará más, como el resto de los niños de su edad, en jugar o en ir a la escuela. Su prioridad en la vida será “correr para vivir”.

Esa mañana, un grupo de guerrilleros ha irrumpido en el templo para reclutar a todos los niños como soldados. A Lopepe no le salvará ni su madre, que le ha protegido con sus brazos para esconderle. ¡”No toques a mi hijo!”, le espeta al soldado. Un rifle apuntándole en la frente y una amenaza -“¡como des un paso te mato!”- es la única respuesta que recibe. Lopepe ya no volverá a ver a su madre hasta muchos años después.

La aventura del pequeño, conocido hoy como López Lomong, atleta estadounidense, no había hecho más que comenzar. Es igual de sobrecogedora que la de Antonio Rodríguez, “Toñejo”, piloto de motos que sobrevivió a un dramático accidente en el que -asegura- se vio “partido por la mitad”. O que la experiencia de Amuda Goueli, nacido en una mísera aldea de Egipto y hoy fundador de una de las más exitosas agencias de viajes. O la de Ryan Hreljac, que con tan solo seis años emprendió la cruzada de su vida: construir pozos en la África más pobre.

Todos ellos fueron los protagonistas de la IX edición en Madrid del Congreso Lo Que De Verdad Importa, celebrado el pasado viernes en la capital de España en un Palacio de Congresos a rebosar. Sus ediciones llevan casi una década recorriendo capitales de España, recogiendo y regalando a todo el que quiera asistir los testimonios de jóvenes que, ya sea por sus circunstancias o por un impulso voluntario, decidieron dar un giro a su vida, emprender grandes proyectos y transmitir valores a los jóvenes del mañana.

López Lomong: “Tenéis la responsabilidad de marcar la diferencia”

La historia de López Lomong mantuvo en vilo a los 2.000 asistentes. Elegantemente vestido en su traje de chaqueta, contó su historia, la de un niño de seis años al que arrebataron de los brazos de su madre para convertirlo en niño soldado. Nació en Sudán del Sur y vivió en un barracón tras ser secuestrado por guerrilleros varios días, mientras la mayoría de los ochenta niños a su alrededor moría de hambre. Pero López consiguió escapar, y después de tres días y tres noches corriendo, junto a otros chicos mayores a los que él llama “mis ángeles”, ya que luego no supo de ellos, llegó a un campo de refugiados, donde vivió diez años. López describió al detalle su vida allí, y cómo debía correr 30 kilómetros cada día para que le dejaran jugar al fútbol. Desde entonces, la velocidad se convirtió en su pasaporte para sobrevivir.

“Lo escribí todo en mi libro: Correr para vivir”

Gracias a un sorteo de adopciones, López fue adoptado por una familia norteamericana, y una vez allí conoció por primera vez un colchón y agua caliente. Años más tarde, llegó a ser el abanderado de los Estados Unidos en las Olimpiadas de Pekín en 2008. Hoy habla de lo que debe a sus madres, “sin ellas no sería lo que soy”. Tras una emotiva historia, concluyó diciendo: “Lo que haces es lo que te define, tened el valor de marcar la diferencia para llegar a la grandeza”.

“Toñejo”: “La vida se vive todos los días, y se muere una vez”

Antonio Rodríguez, el único español del congreso, llegó al escenario desplazándose en su silla de ruedas. Motorista desde joven, un accidente le partió la espalda y le dejó sin poder andar. Sin embargo, esto no interrumpió su carrera, y con esfuerzo y el apoyo de los suyos, ha llegado a ser campeón del mundo en moto acuática y camiones en el Dakkar.

“Cuando me vi en el podio en mi silla de ruedas, comprendí que soy el mismo, pero sentado”

Con gran sentido del humor, “Toñejo”, como le conocen todos sus amigos, contó las anécdotas que le han sucedido en sus competiciones, elogiando la labor incansable de sus amigos y familia, que se desvivieron, como afirmó, “solo para hacerme cumplir mis sueños y ser feliz”. Una emotiva historia de superación en la que terminó dando un consejo a los presentes: “Nunca dejéis que nadie os diga lo que alto que podéis volar. No es cierto que la vida solo se vive una vez: se vive todos los días, y se muere una vez”.

Ryan Hreljac: “Lo más importante es hacer lo que te apasiona”

Ryan Hreljac tiene 22 años y lleva 17 dedicándose a su propia fundación. Un canadiense de buena familia, con una vida cómoda, se preguntó a los seis años cómo era posible que los niños de África no pudieran ir al colegio por pasarse el día yendo a por agua a los manantiales. La profesora de Ryan les planteó la idea de recaudar dinero para construir un pozo en África de agua corriente, y él, que siempre había destacado por su timidez, levantó la mano.

“No caigáis en el círculo del día a día; haced lo que os apasiona”

A partir de aquel día, Ryan Hreljac se dedicó a realizar tareas domésticas en casa, y más tarde a vecinos, para conseguir fondos. El primer pozo se construyó cuando él tenía 8 años, con 2000 dólares, y pudo ir a verlo a Angola. La construcción de pozos se convirtió en el proyecto del pequeño Ryan, y más tarde, como afirmó, “se fue convirtiendo en un proyecto de todo el mundo”. Creó su propia fundación, Ryan´s Well, y actualmente tiene presencia en 16 países, con cerca de 860 pozos de agua. A pesar de todo, aseguró: “Lo más difícil que he hecho fue levantar la mano”.

Amuda Goueli: “Sed críticos con vosotros mismos”

Con un español bastante fluido y un gran sentido del humor, Amuda contó el recorrido de su vida, un emprendedor egipcio que saltó desde vender souvenirs a turistas en El Cairo a fundador de Destinia.com, una de las webs más populares de viajes en todo el mundo.  Nació en Nubio, al sur de Egipto, en un pueblo sobre yacimientos faraónicos sin saber lo que era una bombilla. Tuvo la oportunidad de trasladarse a El Cairo a estudiar, y allí se encontró con el español como una meta de aprendizaje. Consiguió viajar a Madrid con una beca. Su percepción del mundo cambió en España.En África el lema es la supervivencia. Cuando llegué a España me hablaron de la anorexia, y todavía no consigo entender qué es eso”, afirmó.

“La crisis me ayudó a ser ingenioso”

También conoció por primera vez Internet. Desde un ático de Lavapiés, gracias a su instinto emprendedor desarrollado a los doce años, y tras “noches enteras trabajando”, impulsó el negocio que le ha llevado a su éxito profesional: una web de búsqueda y reserva de viajes. Amuda adjudica su mérito “al esfuerzo, a arriesgarse y a la gente que te apoya”. ”La crisis me ayudó a ser ingenioso”, afirmó, y concluyó su ponencia dando un consejo a los presentes: “Sed valientes y siempre críticos con vosotros mismos. No tengáis miedo a caer, cada vez que uno se cae, aprende de nuevo”.

About Sara Delgado García

Estudiante de cuarto de Periodismo en Villanueva C.U.

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