El día a día a 2,06 del suelo

Suena el despertador. A duras penas se levanta de su colchón de 210 centímetros de largo. Se dirige a una ducha en la que apenas cabe: tiene que permanecer agachado para poder lavarse correctamente. Después sale de casa, no sin antes haber inclinado la cabeza para atravesar el marco de la puerta, camino a la universidad.

El tamaño de su pie casi equivale al largo de un periódico: calza un 50

Así comienza el día a día de Pepo y sus 2,06 metros de altura. Una vida a la que se ha tenido que acostumbrar a base de golpes, en sentido literal. “Cuando pegué el estirón en 4º de ESO, lo peor fue el tema de las puertas. Ya no podía pasar erguido por ellas porque si no me daba un buen golpetazo. Así ocurría hasta que me acostumbré. Ahora ya tengo cogida la mecánica, pero aún así a veces me despisto y no esquivo el golpe, con las risas que eso provoca”, explica Pepo.

Por la calle

Pepo supera en treinta centímetros la altura media de un español. Por eso, no puede evitar ser el objeto de casi todas las miradas cada vez que va por la calle. Comentarios del tipo “mira qué tío más alto” o “yo diría que mide más de 2,10” son los que oye cuando se cruza con alguien.

Más de una vez le han parado por la calle preguntándole, sin ningún tipo de vergüenza, cuánto mide o dónde compra la ropa. Aunque lo que más gracia le hace son los comentarios de los niños: “Se quedan embobados mirando hacia arriba señalándome mientras dicen a su madre: `Hala, mamá, mira qué señor más alto´. Yo no puedo evitar la carcajada y siempre les digo que si quieren crecer tanto tienen que comer muchas verduras y leche y obedecer a la primera”.

Al igual que a agacharse cada vez que cruza una puerta, también se ha tenido que acostumbrar a ser mirado y a escuchar esos comentarios. “Al principio me molestaban, pero luego caí en la cuenta de que es algo inevitable. Yo cuando voy con alguien y veo a uno más alto que yo también me quedo mirándole y lo comento. Así es la vida”, explica.

La lucha contra los tópicos

El día a día a 2,06 del suelo supone también armarse de paciencia para luchar contra los tópicos asociados a la gente alta. El más común, el ‘¿cómo está el clima allá arriba?’. “Depende de cómo me pille le contesto una cosa u otra. Si estoy de buen humor, me río y le sigo la broma. Otras veces digo: ‘pues igual que ahí abajo, enano’”, asegura.

“Cuando los niños me dicen ‘¡qué alto!’ yo les respondo que tienen que beber leche y obedecer para crecer tanto

Otra de las preguntas que más le repiten es el de ‘oye, ¿y tú juegas al baloncesto?’. “Para responderla ya tengo un discurso elaborado que siempre repito: ‘Por supuesto, más me vale, que tengo que aprovechar mi altura’”, afirma.

Así, día tras día, se acostumbra a ser siempre el que está detrás del todo en las fotografías, a caminar lento para ir al ritmo del grupo y a acudir al auxilio de los que necesitan coger algo que está alto.

Dos números menos que Pau Gasol

Encontrar la ropa a su medida es una de las tareas más arduas que lleva a cabo. Lo que le va más o menos bien de largo, le queda enorme de ancho. “Cuando voy a comprar ropa el dependiente es el que más sufre. Está un buen rato hasta que consigue encontrar aquello que no me va del todo mal”, aclara.

Lo peor sin duda es encontrar el zapato que se adapte a su pie. Nada más y nada menos que un 50, dos tallas menos que Pau Gasol. Su tamaño equivale casi como el largo de un periódico, 33 centímetros. “Los zapatos mejor que no sean los de jugar al baloncesto. No me queda más remedio que ir a tiendas especiales a comprarlos”, se lamenta.

Conducir con las rodillas

Coger el coche para Pepo es un verdadero reto. Siempre sigue el mismo ritual: asiento atrás del todo, lo más abajo posible y retrovisores en posición 2,06. Pero aun así, no consigue la posición ideal. Tal es así que si se lo propone puede conducir sin manos: le bastan las rodillas.

Por el desafío que supone coger el coche, Pepo prefiere ir en metro, aunque esto tampoco está libre de obstáculos. “Tengo que ir ojo avizor para no darme con los carteles o las barras del vagón. Voy repitiendo constantemente el gesto de agachar la cabeza, sobre todo cuando hay zonas de techo bajo. Son momentos en los que veo que toda la gente del metro empieza a reírse. Normal, yo también lo haría”, cuenta Pepo.

Con sus 2,06, Pepo se planteaba dedicarse a dos cosas. La opción A, muy evidente: baloncesto. Actualmente juega con el equipo de la Universidad y con amigos, pero no ha querido algo más profesional. Ha optado por la opción B: ser periodista. Su altura le permite ver las cosas con una perspectiva diferente. Consigue contar detalles que otros ven y dar a sus noticias un tono exclusivo. En concreto, un toque a 2,06 metros del suelo.

(Con información de José María Álvarez de Toledo)

About Álvaro Campos

Estudiante de Periodismo y EBS en C.U.Villanueva

11 comments

“Una pasada!!!!!, manera excelente y elegante, a la vez que normal de acoplarse a lo que eres y tienes. ¡Máxima puntuación!!!!

“Una pasada!!!!!, manera excelente y elegante, a la vez que normal a lo que eres y tienes. ¡Máxima puntuación!!!!

Pepo muy bueno tu relato, nunca había pensado lo que podía suponer vivir a 2,06 m del suelo, eres un tío grande! Suerte

Brutal. Nada más periodístico que saber de lo que se habla; reírse de lo que otros hablan; y hablar para lo que los demás entiendan, asuman y digieran con una sonrisa. 10.

No me gusta, me encanta!!! Sobre todo lo de los tópicos. Un fiel retrato de lo que nos pasa a la gente alta. El mundo no está hecho para la gente de altura!

Deja una respuesta

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.