La vida de un torcedor de puros

Arismendy Antonio Céspedes de Martínez es un torcedor de puros dominicano. Lleva desde los nueve años en este mundo puesto que en su ciudad natal la mayoría de las profesiones están relacionadas con el tabaco y los cultivos. Su familia, en concreto su padre, le inculcó esta educación y a sus 44 años ha viajado por muchos países realizando exhibiciones. Durante su estancia en España concedió a cuv3 una entrevista en la Cava Bejarano de Madrid, una de la más importantes de España, para contarnos un poco acerca de su profesión y su vida.

[Vea cómo es el arte de torcer un puro en once pasos]

Pregunta: ¿Cómo denominan a su profesión?

Respuesta: En República Dominicana denominan a uno como tabaquero. Cuando uno llega a hacer lo que yo hago es que ya eres un buen tabaquero. Aquí en España nos llaman torcedores, pero allí somos maestros tabaqueros o maestros torcedores.

P: ¿Qué es lo que hace cuando viene a España?

R: Cuando vengo aquí realizo exhibiciones en diferentes estancos.

P: ¿Cuál es su trabajo en República Dominicana?

R: Soy supervisor en una de las fábricas de tabaco y a veces realizo algunas exhibiciones.

“Allí no existe la crisis, vivimos en ella desde siempre”

P: ¿Para qué empresa trabaja?

R: Llevo doce años trabajando para General Cigar, que pertenece a la compañía Scandinavian Tobacco Group. Antes de estar en esta empresa, trabajé para Davidoff, en la que estuve quince años.

De padres a hijos

P: ¿Cuándo empezó a trabajar en esto?

R: Empecé a los nueve años. Desde que abrí los ojos en mi casa lo que había era una fabriquita de puros donde mi padre, mi madre y mi hermano se dedicaban a ello. Así que desde que aprendí comencé a torcer perritos, que es como denominamos a los puros en Dominicana.

P: ¿Es una profesión que pasa de padres a hijos?

R: Hubo un tiempo en el que iban de casa en casa proponiéndote que cerraras una habitación para poner una pequeña fábrica de puros, por lo que la profesión siempre está en casa y unos y otros se acaban dedicando a ello generación tras generación. Empecé cuando era niño a trabajar con mi padre y cuando murió me quedé con todos los materiales como mesas, tablas y cortadores y creé una pequeña escuela en la que enseño a la gente que quiere aprender.

P: ¿Conlleva mucho aprendizaje?

R: En mi casa tengo una escuela donde hay personas que me duran tres meses y otras dos semanas, a veces les tengo que decir que se vayan porque no van a aprender. No soy de los que digo que es complicado, hay gente que lo aprende muy rápido y a veces depende mucho del interés que una persona tenga en aprender. Una vez me vino una mujer que tenía dos niños, que estaban pasando hambre, y no encontraba trabajo. Aprendió en tres semanas. Ella tenía ese problema y le buscó solución. Otras veces me vienen chavales que prueban y si no les sale, saben que sus padres les van a mantener y no se preocupan en aprender.

Largas ausencias

P: ¿Viaja mucho?

R: Sí, he viajado a París, Ginebra, Alemania, Portugal y España entre otros. Por ejemplo, antes venía a España dos veces al año pero ahora la situación está más difícil y vengo solo una vez.

P: ¿Cuánto duran los viajes?

R: Antes duraban tres meses, luego bajaron a dos y ahora estoy mes y medio.

P: ¿Cómo lleva su familia que tenga que viajar a destinos tan lejanos?

R: La que peor lo pasaba antes era mi madre, los padres creen que no vas a regresar. Luego llegó mi hija pequeña que es la que peor lo pasaba, los hijos se van haciendo hombrecitos y se lo toman mejor. Mi hija está siempre encima de mí, cuando yo llego a casa me busca las chanclas para ponérmelas, siempre se sienta en mis piernas, es muy difícil para ella y muchas veces llora. Le llamo todas las semanas y siempre me pregunta que cuándo vuelvo.

“Me encantaría vivir en Dominicana como se vive aquí”

P: ¿Le hubiera gustado dedicarse a otra cosa?

R: Me gustaba jugar pelota (béisbol), pero por recursos no pude llegar más allá. Yo era el único varón en casa, mi padre tenía fincas de tabaco y café por lo que tuve que dedicar mi tiempo a ayudarle. Pero decían que yo era muy bueno jugando (ríe).

Diferentes culturas

P: ¿De qué parte de República Dominicana es usted?

R: Soy de Cibao, de Santiago. Vivo en un pueblo llamado Tamboril donde la mayoría de las cosas están relacionadas con el mundo del tabaco y los cultivos. Si vas buscando puros para comprar o a alguien que sepa de este tema y preguntas en zonas como Santo Domingo, te van a decir que vayas a Tamboril.

P: ¿Está casado?

R: No, unión libre (ríe). Ella se llama Rosa Julia.

P: ¿Tiene hijos?

R: Sí, cuatro. Tengo tres chicos, Ariel que tiene 23 años, Algeny de 18 y Abel que va a hacer 14, y la pequeña Carolina de 12.

P: ¿Cómo es su vida en República Dominicana?

R: Mucha diferencia comparándola con la vida que se tiene aquí. Allí no existe la crisis, vivimos en ella desde siempre. El que nace en una crisis se impone a ella y con lo poco que gana trata de llegar a satisfacer las necesidades. Allí se cobra al final de cada semana los viernes, hay mucha gente que con lo que cobra no les llega para pagar todo. La vida allí es muy distinta y difícil, tenemos más responsabilidad. Quizá es que no estamos muy organizados, se tienen hijos muy pronto y no nos da tiempo a ser alguien y conseguir dinero antes de tener familia.

P: ¿Cómo se siente en España?

R: Aquí estoy perfecto. Me tratan bien, no tengo queja de ninguno, tendrán ellos de mi porque yo tengo mi pronto (ríe). En España no me hace falta de nada, no me tengo que preocupar por ninguna cosa, me dan todo lo que necesito. Pero siempre llevo en la mente a la familia, si me estoy tomando un café pienso en que igual mis hijos no han comido. Me encantaría vivir en Dominicana como se vive aquí.

About Ana Barrio

Alumna de 4º de Periodismo en el Centro Universitario Villanueva

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