Francisco Ibáñez, el Picasso de los cómics

Francisco Ibáñez es, sin duda, el rey de los tebeos de humor. Padre de figuras como “Mortadelo y Filemón”, “Botones Sacarino”, “el Rompetechos“etc., personajes con los que ha conseguido hacer reír a más de una generación.

El humor de los tebeos se ve truncado con la llegada del Franquismo al poder

Ahora, el Círculo de Bellas Artes de Madrid, le rinde un homenaje con una exposición retrospectiva de toda su obra, en la que se muestran trabajos originales, más de 100 tebeos y artículos de “merchandising” (llaveros, figuras, puzzles, platos, etc.) y que podrá verse hasta el 18 de enero.

Una personalidad única

Francisco Ibáñez era un creador autodidacta y tenía una forma muy personal de trabajar, y un humor muy peculiar y original que le hizo ser único e irremplazable.

Una de las formas e trabajar que más le caracteriza es la elaboración de un esquema dual de los personajes: “Mortadelo y Filemón”, “Pepe Gotera y Otilio”, “Godofredo y Pasculiano”, y sobre todo la relación jefe-subordinado, que es un clásico peresente en todas su historietas.

Comenzó a leer tebeos entre 1941 y 1952 por lo que sus influencias fueron: en el grafismo, Ayné y Emilio Boix y en la lectura, Cifré, Peñamaya y Manuel Vázquez (el origen de los disfraces de Mortadelo y Filemón están basados en la obra de Vázquez).

Ibáñez tenía muy claro qué había que hacer para crear un personaje: “Al inventar un personaje hay que darle alguna característica que le diferencie de lo que hay en ese momento en el mercado (…) que no tenga muchas características, para no encerrarlo, pero que tenga las suficientes para hacerlo distinto de los demás”.

Sus hijos predilectos

El comisario de la exposición, Antoni Guiral explica que “su gran éxito fue Mortadelo y Filemón, pero también dotó de vida a decenas de nuevas series, entre 1957 y 1985. Las obras de Ibáñez marcaron un antes y un después en las revistas humorísticas de la editorial Bruguera”.

Pero como explica Guiral, hubo más creaciones y muy acertadas.

“¡Es verdad, recuerdo este diálogo!”, le dice un visitante de la exposición a su compañero entre lágrimas de risa. “Juan, ¿te acuerdas del cegato? ¡Mírale!”, le contesta el compañero quitándose las gafas de pasta para secarse las lágrimas.

El “cegato” al que se refieren es Rompetechos que, según muchos expertos, es una de las creaciones más acertadas del historietista. Este personaje apareció por primera vez en la publicación “Tío Vivo” el 6 de abril de 1964 y, desde ese momento, se convirtió en una de las figuras estrella de Ibáñez, su hijo predilecto.

Bajito, torpe y ciego, el Rompetechos hizo reír con situaciones como entrar en una tintorería a pedir un puro porque lee en el cartel de fuera “Habanos”, en vez de “Lavamos”. La distancia entre el personaje y el lector que establece en sus guiones Ibáñez, hace que se pueda disfrutar de las “desgracias” de un pobre ciego, al no sentirle cercano.

“Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio“, representan al Ibáñez más puro, con su propia forma de hacer historietas al margen de las influencias ajenas. Nacen el 2 de abril de 1966 en el número 269 de la revista “Tío Vivo”. Y levantan sonrisas en los visitantes que reconocen en estos dos “chapuzas”, una parte “inolvidable” de su vida.

La censura del humor

El humor de los tebeos se ve truncado con la llegada del Franquismo al poder que, para evitar “burlas” a los censuradores franquistas, comienzan a “revisar” y cambiar todas las obras de los historietistas. Desaparecieron las armas y se rediseñaron muchas viñetas.

Ibáñez se ve obligado a adoptar para sus obras determinados elementos de autocensura, entre los que destacan: la casi nula representación de personajes femeninos, la ubicación de las acciones en un lugar deliberadamente indeterminado o la evasión de cualquier comicidad que pudiera contener tintes políticos.

Dos obras que cambiaron de significado fueron:

“La familia Trapisonda”, en la que los componentes pasaron de ser padres e hijos a sobrinos y hermanos, para que “la sagrada institución de la familia no fuera objeto de burla”.

“13 Rue Percebe”, una comunidad de vecinos en la que el personaje del científico loco se sustituyó por un sastre porque se le consideraba “creador de la vida” y por tanto, “iba en contra de dogma de Dios como único creador”.

Merece la pena ver la obra de Francisco Ibáñez, que  ha quedado para la historia del tebeo humorístico como quedó Picasso para la pintura o Miguel Ángel para la escultura. Esta exposición está llena de vida, de color y sobre todo de humor. Es dinámica y divertida, y se puede visitar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid hasta el 18 de enero.

About Andrea Peña

Estudiante de cuarto de Periodismo en el C.U.Villanueva. Actualmente becaria en La Razón.

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