París en 72 horas

Tres días en la ciudad del amor saben a poco, pero con una agenda muy apretada uno puede exprimirlos al máximo. Pasear por los Campos Elíseos y bajar a pie hasta la Torre Eiffel por la Avenida Marceau es un buen comienzo para tomar contacto con París. ¿Lo ideal? Hacerlo al caer la noche para ver las calles y la torre iluminada.

El Louvre, la catedral de Notre-Dame, el Sena y el Barrio Latino. Todo ello puede hacer una suma de lo esencial. Subir a Notre-Dame merece la pena a pesar de las inmensas colas que seguramente te quitarán las ganas de hacerlo. Sin embargo, una vez ahí arriba y casi sin respiración después de haber subido 300 escaleras, ninguno se arrepiente. Las gárgolas vigilando la ciudad desde las alturas le harán recordar a más de uno la película del Jorobado de Notre-Dame y puede que algún rezagado se quede ensimismado observándolas durante un rato.

Que no falte la foto tocando el vértice de la pirámide del Museo del Louvre

Que no falte la foto tocando el vértice de la pirámide del Museo del Louvre y que no falten los croissants al desayuno, las crepes a la comida y los macarons a la merienda. Crepes saladas o dulces, porque como dice el refrán: para gustos los colores. Eso sí, a los amantes del azúcar les chiflarán las de nutella y plátano. Una combinación perfecta. Pero bueno, qué más da, lo que importa es empacharse y volver del viaje con unos quilos demás.

París bohemio

En la orilla derecha del río Sena sobresale una colina, principalmente conocida por la cúpula blanca de la basílica del Sacre Coeur. Está ubicada en la cumbre de Montmartre, el barrio bohemio por excelencia y, sin lugar a dudas, una parada obligatoria para cualquier turista que quiera descubrir París.

Montmartre, una parada obligatoria

Los pintores en la Plaza del Tertre, las canciones en las calles o los recuerdos de los talleres de Picasso y Utrillo forman un cúmulo de circunstancias que consiguen envolver al visitante en el París de los artistas.

La Plaza del Tertre forma parte de los lugares más emblemáticos de Montmartre. Invita a imaginar cómo era París en otros tiempos gracias a los edificios del siglo XVIII que la rodean. A principios del siglo XX numerosos artistas se instalaron en la colina y al hacerse famosos la plaza se fue convirtiendo en un mercado dedicado a las pinturas y los dibujos. De esta forma, actualmente es el sitio perfecto para aquellos que quieran posar para una caricatura o comprar un lienzo recién pintado.

Centro Pompidou

Después de haber visitado todo lo que “hay que ver”, los amantes del arte moderno y contemporáneo deberían buscar un hueco y hacer una escapada al Centro Nacional de Arte y Cultura Georges Pompidou. El museo, emplazado en el centro de París, a diez minutos a pie de Notre-Dame, alberga una de las colecciones de arte moderno y contemporáneo más completas del mundo, junto con el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York y la Tate Modern de Londres.

Entre escultura, pintura, artes gráficas, fotografías, arquitectura y diseño, el Pompidou posee unas 100.000 obras de arte. Picasso, Joan Miró, Francis Bacon y Jean Dubuffet son algunos de los artistas más representados en este museo, que no dejará indiferente a ningún turista apasionado por las disciplinas artísticas contemporáneas.

About Sabela Valcárcel Sanmartino

Estudiante de 4º de Periodismo en Centro Universitario Villanueva

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