Una mujer secuestrada por error rompe su silencio

Han pasado dos años desde que un terrible error le causó la peor experiencia de su vida a Carmen, una mujer de 60 años que vive en Jerez de la Frontera. Sufrió un secuestro debido a una confusión, ya que ella no era la señora a la que buscaban. Carmen nunca ha querido conceder una entrevista para un medio, pero hoy por primera rompe su silencio, y lo hace para cuv3.

Una experiencia para olvidar

El 2 de octubre del 2012, Carmen estaba volviendo a su casa tras visitar a una amiga. Eran las nueve y cuarto de la noche. Cuando iba a entrar en el portal de su casa pasó delante de una furgoneta, que de improviso abrió sus puertas, y de su interior salió un hombre. Este individuo, que tenía la cara cubierta con un pasamontañas, comenzó a forcejear con Carmen, quien se resistió con todas sus fuerzas.

Pero la furgoneta volvió a abrirse y de ella bajaron dos hombres más, que también iban con la cara cubierta. Para conseguir subir a la víctima al vehículo le rociaron spray en la cara. Sin dudarlo un segundo subieron a Carmen en la furgoneta y la tiraron al suelo. Carmen contó con la suerte de que un vecino vio lo sucedido y pudo hacer una foto del vehículo y avisar a la Policía.

“Yo pensé que era la última noche de mi vida”

Mientras tanto la víctima se encontraba tirada en el suelo con tres hombres gritándole, y pegándole patadas. Le gritaban “¿dónde está la droga?, ¡dónde está la droga! Carmen no entendía nada, jamás había estado cerca del mundo de la droga. “Cuando me preguntaban mientras me pegaban yo gritaba, ¡qué droga! Yo no sé nada, a mí la droga me da miedo, yo no tengo droga. Incluso en un momento de terror le pregunté a uno de ellos: ¿Tu madre está viva? y me contestó que no, y yo le dije gritando: ¡pues te juro por la gloria de la mía que está muerta que no sé nada de drogas!”.

“Cuando pensé que iban a matarme el conductor dijo: ¡dejadla, no sabe nada, no es ella! Creo que Dios me salvó, porque de repente la furgoneta se detuvo y me tiraron en medio de un descampado. No podía moverme, tenía las costillas rotas, las piernas destrozadas y me ardía la cara por el spray. Pero saqué fuerzas de alguna parte y anduve hasta una casa, pedí auxilio y aunque la señora estuvo un poco recelosa debido a que no se creía mi historia, finalmente me atendieron. Les dije que llamaran a la Policía y en cuestión de minutos me encontré con la Guardia Civil, la Policía Nacional y el 061”.

Para Carmen esa noche fue el peor momento de su vida, ya que pensó que no iba a sobrevivir a ese ataque. “Yo pensé que era la última noche de mi vida, creí que iban a matarme o a violarme, me despedí de toda mi familia y recé mucho -recuerda-. Aunque creo que lo que me salvó la vida fue no verles la cara”. Tras pasar la noche en el hospital, Carmen se instaló en casa de su hermano, pero su recuperación no iba a ser fácil, no solo física, sino también psicológica: “No podía hacer nada, mi cuñada tenía que vestirme, ducharme, darme de comer e incluso levantarme de la cama”.

Una dura recuperación

Después de un mes con su hermano y su cuñada Carmen volvió a su casa y con ayudas de médicos y psicólogos intentó volver a su vida. Cuando pensó en cada detalle de esa noche se dio cuenta de algo, esos hombres la habían estado siguiendo.

Una semana antes del secuestro Carmen volvió a casa y se encontró la cerradura rota; habían intentado entrar en su casa. La afectada pensó que se trataba de intento de robo. Pero lo extraño fue lo que pasó tres días antes del incidente: “Llamaron al timbre a las 12 de la noche, cuando descolgué me preguntaron por Juan, yo contesté que en casa no había ningún Juan y el señor que estaba al teléfono me dijo que lo sentía por la confusión. Pero lo que me preocupó de aquella llamada es que mi marido se llamaba Juan, pero murió hace un año y medio”, declara la afectada.

Tras las investigaciones policiales no se ha descubierto la identidad de estos hombres, ni su paradero, y eso que tenían la matrícula gracias a un vecino. Lo que sí se ha comprobado es que por desgracia de las casualidades, la señora que los secuestradores buscaban se llamaba Carmen, y su marido Juan.

“Como es la primera vez que aparezco en los medios quiero agradecer toda la ayuda, el cariño y la comprensión que he recibido a mi cuñada, a la psicóloga que me atendió, ojalá pueda leer esta entrevista, y por último a todas las personas que estuvieron pendientes de mi. Gracias”, concluye Carmen.

About Alejandra Palomino

Estudiante de periodismo 4 cursó universidad Villanueva

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