La eternidad del tesoro de la fragata “Mercedes”

Se suele decir que al amigo reconciliado, con un ojo abierto y el otro cerrado. Esta podría ser una de las máximas que rigieran las relaciones internacionales en Europa allá por 1804: mientras las naciones se balanceaban entre alianzas y guerras, un buen puñado de riquezas de ultramar destinadas a costear los enfrentamientos viajaban a bordo de una escuadra de buques desde Montevideo a Cádiz: “Nuestra Señora de las Mercedes”, “Fama” y “Medea”. Los tesoros cruzaban el Océano abriéndose paso entre los obstáculos: tormentas, piratas… Pero existía un mal mayor que no estaba previsto: el amigo reconciliado.

Gran Bretaña giró su mirada ambiciosa hacia el gran tesoro, hasta colocarlo en el punto de mira. Así, llegando a su destino, las fragatas fueron sorprendidas por una emboscada inglesa frente al Cabo de Santa María. Dos de ellas fueron forzadas a cambiar su rumbo, pero la “Mercedes” conoció otro destino. El alcance de un cañón de bala roja le hizo hundirse en el océano, y permanecer bajo el agua más de 200 años. Hoy sus restos, y lo que queda de sus tesoros, que han pervivido en el tiempo, han salido a flote. El Museo Arqueológico Nacional (MAN) alberga toda una exposición en la que se vuelve a vivir, como se ha nombrado a la misma, el último viaje de la “Mercedes”.

El alcance de un cañón de bala roja le hizo hundirse en el océano y permanecer bajo el agua 200 años

El tesoro recuperado

Entrar en la sala que hay en el sótano del MAN nos transporta a dos siglos atrás. Las luces tenues, la música ambiente, los ruidos del oleaje y los cañonazos o el crujir de la madera, construyen un viaje en la historia. El tesoro, que se exhibe en sus vitrinas, estancias y salas, termina por revestir de memoria histórica sus paredes y recovecos.

Desde proyecciones que rescatan los testimonios de los que vivieron aquel 5 de octubre de 1804, a una maqueta de la “Mercedes”, pasando por la exposición de las mismas cartas del propio puño de los tenientes, marineros e historiadores que estuvieron presentes en la historia. No hay un solo lugar que quede vacío de reliquias, pues el Museo ha colocado cuidadosamente cada detalle para revivir aquel viaje.

Uno de los aspectos más atractivos de la exposición reside en una inmensa pirámide de cuatro pisos en la que se amontonan la mayoría de las 30.000 monedas que han podido rescatarse del fondo del mar. Una vitrina deja vislumbrar el destello que desprende la plata y el oro. Una plata que habrán podido saborear en sus manos aquellos que, a su vez, han precintado, con cinta aislante que reza “ACABADO”, cada una de las 33 cajas blancas etiquetadas con la insignia del Ministerio de Interior que se muestran, unas sobre otras, tras un cristal. Es una curiosa manera de mostrar, a piezas, y de formas distintas, un tesoro que no deja de sorprender cuanto más se contempla.

Historias hundidas junto al tesoro

La “Mercedes” ha albergado bajo el agua otras mercancías: desde hebillas, tabaqueras, restos de las vestimentas,… a cacao, hierbas medicinales, y otros objetos que cayeron con ella. Pero una memoria histórica de este talante no sólo se revive con objetos. Los documentos de la época, las cartas posteriores, y todos los datos recopilados en un profundo y meticuloso proceso de documentación ayudan a recrear, desde las historias reales y los testimonios de los que sobrevivieron, la caída de la fragata.

En torno a unos 50 hombres sobrevivieron a la explosión, y sus memorias hablan en las salas. Ni siquiera es necesario pararse a leer paneles o documentos antiguos tras las vitrinas; las citas textuales de marineros, tenientes y otros supervivientes están impresas en las paredes que rodean al tesoro.

Diego de Alvear, protagonista destacado en esta exposición, segundo jefe de la división española, “cuenta” al visitante cómo perdió a su esposa y a siete de sus hijos en la explosión, mientras contemplaba desde la “Medea” con su único hijo superviviente, cómo el hundimiento se llevaba consigo a su familia. Así reza uno de los escritos en la pared: “Estando ya sobre el Cabo de Santa María, y a vista de la tierra de promisión (…) fuimos atacados improvisadamente por otra escuadra inglesa (…) destruyeron y perdimos a la desdichada “Mercedes” (…) habiendo perecido entre ellos mi amada esposa, las cuatro niñas y los tres niños menores…”

El último viaje

Esta y otras historias emergen con el buque y son parte de su tesoro. Nos acercan a los sucesos, como si quisieran reconstruir una memoria que ahora, después de dos siglos, no ha perecido.

El MAN abre sus puertas y exhibe con orgullo un capítulo más de nuestro diario de ultramar, que los británicos no pudieron arrebatar a la Corona Española, y que ni siquiera la empresa americana buscatesoros Odyssey, que bien halló el gran tesoro, consiguió quedarse, tras la victoria de España en un proceso en los Tribunales que empezó tras el hallazgo, en 2007. El tesoro de esta dama nos habla de una época de riquezas y de conquistas. Volver a viajar en la “Mercedes”, hasta el 30 de noviembre de 2014 tras las puertas del Museo Arqueológico en Serrano, es posible.

About Sara Delgado García

Estudiante de cuarto de Periodismo en Villanueva C.U.

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