El High Line: un parque sobre Nueva York

A nueve metros sobre el asfalto se alza una estructura de hierro por la que se extiende el High Line, uno de los rincones más fascinantes de Nueva York. Se trata de un parque urbano que tiene más de dos kilómetros de longitud y que se ha convertido en una visita obligatoria para todo aquel que visite la Gran Manzana.

Este paso elevado, conocido ahora como High Line, fue construido en 1930 como una alternativa para suprimir el peligro que suponía el transporte de mercancías en la isla de Manhattan. Se trataba de una línea que distribuía leche, carne y otros productos a las fábricas de los muelles a la orilla del rio Hudson. Los accidentes se sucedían continuamente hasta 1980, año en el que un último tren seguiría este recorrido.

Su construcción comenzó en 2009. La primera opción fue demoler las antiguas vías ya que daban un aspecto viejo y descuidado a la zona. Sin embargo, una iniciativa ciudadana vio la oportunidad de hacer algo diferente y que mejorara la vida y el ocio de los neoyorkinos. Así nació la asociación Friends of the High Line. Se escogieron los proyectos de los arquitectos James Corner Field Operations, Diller Scofidio and Renfo de entre los 720 que se propusieron para su construcción y diseño.El resultado es una ruta ajena al tráfico, al agobio y las prisas. Un espacio lleno de vegetación, dedicado al ocio y a la relajación que busca proponer una alternativa diferente a la  estresante vida de la ciudad.

Las mil posibilidades del High Line

Hamacas, fuentes, flores, y unas impresionantes vistas del edificios tan emblemáticos como el Empire State o el río Hudson  forman un pequeño recodo onírico que contrasta con la enorme estructura de metal de la época postindustrial que se iza sobre Nueva York.

Un espacio lleno de vegetación, dedicado al ocio y a la relajación

En este oasis que se eleva sobre el enloquecido trajín de las calles del barrio de Chelsie, se sucede una secuencia de paisajes todos ellos diferentes debido a la variada y cuidada vegetación que parece crecer a su aire y sin control entre las vías y el hormigón. “Se ha convertido en un lugar de encuentro en el centro de la ciudad. Puedes encontrar tanto a gente joven como a personas mayores paseando y además tiene mucha vida durante los fines de semana. Se organizan todo tipo de actividades como clases de yoga o improvisados conciertos de cantautores  que se acercan hasta este rincón para darse a conocer”, asegura Gabriela, una antigua alumna del Villanueva C.U. que reside actualmente en la ciudad.

De entre las mil posibilidades que ofrece el High Line, uno de los reclamos turísticos, son los diferentes puesto de comida dispuesto a lo largo de los más de dos kilómetros que tiene el parque. Esta redactora que estuvo realizando un curso de moda en el Fashion Institute of Technology, el pasado mes de julio, tuvo la oportunidad de probar unos de los helados más buscados de todo Manhattan, que sólo se venden en el aquí.

Además de todo esto, el High Line se ha convertido en uno de los puntos turísticos de la ciudad al que acuden miles de personas a contemplar el atardecer todos los días. Las vistas desde el parque hacia el río Hudson son unas de las mejores panorámicas que ofrece el skyline de la Gran Manzana.

About Victoria Bernar de Oriol

Estudiante de 4º de Periodismo y Comunicación y Gestión de Moda

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