Superarse para llegar al colegio

Cuántas veces habremos oído eso de que el colegio está muy lejos, que tardamos veinte minutos andando o que, con el atasco, pasas más de media hora en el coche para recorrer los pocos kilómetros que separan tu casa de tu escuela. Pues ellos no se quejan, dan ejemplo.

Hásta el próximo 5 de enero de 2015 -la noche más mágica para los más pequeños- se podrá visitar en la Fundación Canal de Isabel II la exposición “Caminos a la escuela: una historia de superación”, un evento imperdible para todos aquellos padres jóvenes que quieren demostrar a sus hijos lo afortunados que son por vivir donde viven.

“Caminos a la escuela” muestra una recopilación de 18 fotoperiodistas de Sipa Press que, con la ayuda de la Unesco, han podido seguir a niños de todo el mundo que viven auténticas travesías para poder estudiar cada día. A primera vista, se puede pensar que el único problema de los protagonistas de esta exposición sea la distancia del colegio y aunque la primera parte de la exposición sí que trata de ellos, más adelante se entremezcla con los que tienen que lidiar con un entorno hostil y, por último, los que viven en situación de discriminación incluso en la propia Nueva York.

No es oro todo lo que reluce en Estados Unidos

Allí es Bryan Derballa quien nos acerca a través de su objetivo la historia de Santiago, un niño que tarda dos horas en llegar al mejor colegio público de la Gran Manzana tras recorrerse una línea entera de metro, coger dos autobuses y, por fin, caminar unos pocos minutos hasta la escuela. Para un adolescente que se acuesta tarde por tener que hacer los deberes -el camino de ida se repite a la vuelta- es complicado rendir levantándose a las cinco de la mañana entrando a las ocho. Y todos los días igual.

Los niños iñupiat menos afortunados llegan al colegio corriendo para no sufrir hipotermia por el frío

Sin salir de Estados Unidos, Loren Holmes no lleva a la otra punta. De la costa este a la oeste. De Nueva York a la gélida Alaska donde la aldea de Kivalina vive amenazada por la subida de las aguas como consecuencia del calentamiento global. Ni siquiera la subida de las aguas quita las ganas de escolarizarse a los niños del pueblo indígena de los iñupiat donde los niños más afortunados van andando al colegio mientras que los menos tendrán que hacerlo corriendo porque el frío polar es un peligro si no se tiene la ropa adecuada. A la vuelta sí que tienen la suerte de que una moto de nieve les haga parte del camino a casa.

Un tanque camino del colegio

Una de las fotos más emotivas lleva la firma de Olivier Jobard que se fue a Misrata (Libia) para acercarnos la historia de Amal, Nawal y Salem. La peculiaridad de las niñas libias no es la distancia que recorren para ser escolarizadas sino el desolador paisaje que deben atravesar cada mañana para llegar a sus aulas. Un paisaje destruido por guerras y que, por ejemplo, hace que 700 niños acudan a un colegio al que debían ir solo 400 por la destrucción de los centros de enseñanza que han traído los conflictos. Así se muestra a una de las tres hermanas -Amal- caminando por delante de un tanque con la mochila escolar a cuestas.

Jersey rojo, falda azul, mochila a la espalda y la sonrisa puesta, Elisabeth camina por las ruinas de Nairobi

El último ejemplo de entorno hostil está en el poblado chabolista de Kibera en Nairobi. Nichole Sobeki se marchó a Kenia para acompañar a una pequeña keniata de nombre Elisabeth. Jersey rojo, falda azul, calcetines altos rojos a juego, mochila a la espalda y la sonrisa puesta, la niña camina por las ruinas de su Nairobi natal durante dos horas para asistir a sus clases en la Kibera School for Girls.

About Eneko Picavea

Alumno de 4º de periodismo

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