El eCigar, condenado por el miedo

Cuando por fin el boom del “compro oro” abandonaba los locales de alquiler de todas las ciudades españolas, los contratos de arrendamiento comenzaron a firmarse de nuevo, pero ahora el alquilado cambiaba de nombre: el eCigar o cigarrillo electrónico.

Muchos los bautizaron como “los nuevos videoclubs” y efectivamente actuaron de manera similar, colocándose en cada esquina y convirtiéndose en la nueva sensación del fumador. Este cigarro electrónico, creado en China en el año 2003, llegó a España casi diez años más tarde pero no para quedarse. Según la Asociación Nacional Española de Vapeadores (ANEV), en tan sólo dos años las ventas han caído un 70% y cientos de tiendas en toda España han tenido que echar el cierre.

Del éxito rotundo al fracaso en un tiempo récord, ¿por qué? Elena Cuadra, comercial de la marca internacional Ovale, cuenta: “El motivo principal de la caída creo que ha sido que ahora está mal visto el usar estos cigarros. Por lo que me dice la gente, a lo mejor están en un bar cenando con amigos o donde sea, empiezan a fumar con el electrónico e incluso los amigos que fuman del tabaco normal les dicen “¡pero qué haces con eso, que han dicho que es malísimo!”. Han llegado a equiparar este cigarro al tabaco normal, cuando no tienen nada que ver. Porque no es tabaco, no hay humo, no hay combustión, no hay alquitrán… El tabaco se ha demostrado que es malo y esto no, pero aluden a ello”.

“¡Pero qué haces con eso, que han dicho que es malísimo!”

El inicio del fin

La nube de una campaña de desprestigio ronda por encima de estos dispositivos electrónicos. Haciendo caso a esa falta de información sobre los posibles efectos adversos el remedio quiso anteponerse a la enfermedad y así el gobierno aprobó en marzo de 2014 una ley anti-tabaco en la que quedaba prohibido utilizar este vaporizador en centros escolares, establecimientos sanitarios y centros de las administraciones públicas.

Esta normativa no ha sido determinante para el declive, ya que “los fumadores ya estaban acostumbrados a ese tipo de restricciones”, añade Cuadra, “Yo creo que esa regulación en sí no ha sido lo que ha afectado a la caída de la venta, sino que lo que más ha afectado ha sido esa imagen que han dado de inseguridad, de que no se sabe bien qué consecuencias puede tener. También por la noticia que salió de que un hombre se había muerto por culpa de este cigarro… De empezar a meter miedo por si esto puede ser peor que el cigarro normal lo que se ha conseguido es que bajen las ventas. La gente ya no quiere cambiar, sino que siguen fumando con el cigarro tradicional”.

Esa noticia alcanzó los medios en agosto de 2014 y desde entonces el cierre de establecimientos ha sido especialmente llamativo. Hace sólo un año los “fumadores electrónicos” tenían 17 tiendas a elegir en el barrio de Argüelles (Madrid) y ahora la oferta se reduce a dos locales. En la misma tienda donde llegaron a ingresarse 25.000€ euros al mes durante los dos primeros meses, ahora han tenido que prescindir de dos empleados, una situación que se extiende por todo el sector, tal y como comenta Elena Cuadra: “Hemos notado que las ventas han bajado bastante, la verdad que hace un año vendíamos muchísimo. Lo único que como ya llevamos tiempo tenemos clientes que siguen viniendo porque están contentos con el producto y siguen comprando el líquido para recargar el cigarro, pero lo que son nuevos clientes sí que ha bajado muchísimo”.

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About Magda Corno García

Estudiante de 4º de Periodismo y EBS en el C.U.Villanueva. @MagdaCorno

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