El Café Central se queda sin energías

“No sé si nuestro futuro irá más allá del 31 de diciembre”, asegura Gerardo Pérez, socio y fundador del Café Central. Este local madrileño cumple 32 años. Ha sido reconocido a nivel europeo y mundial como uno de los mejores clubs de jazz por las revistas “Wire” o “Down Beat”. Sin embargo, los galardones poco o nada ayudan durante estos últimos años de pérdidas. Como asegura Gerardo Pérez a cuv3, Café Central puede cerrar este año.

“El IVA cultural del 21% nos ha matado”, afirma. Además de los impuestos, la ley de arrendamientos urbanos del año 95 dice que el contrato de alquiler de un local de comercio vence después de 20 años. “Nosotros pagamos una cantidad que entiendo que no es mucho ahora. Entiendo que los caseros piensen que pueden alquilarlo por mucho más dinero, pero nosotros no podemos ofrecerles más dinero del que pagamos”, confiesa uno de los fundadores.

“El mérito nuestro no solo ha sido organizar conciertos todos los días, sino cobrar por ellos”

Los inicios

Corría el año 81 cuando cinco amigos asistieron a un concierto de jazz donde actuaba Dannie Richmond. “El concierto fue un tostón, nos salimos de ahí y nos fuimos al Café Progreso. Pensábamos que ya teníamos una edad (30 años) para trabajar en algo que nos gustara”, cuenta Pérez. Así surgió la idea de abrir el Café Central, un local que es una mezcla de dos sitios. Uno sería el Café Comercial, un lugar que frecuentaban cuando eran conspiradores contra el Régimen, y los clubes de jazz a los que iban, Whisky Jazz, Balboa Jazz…

Al poco tiempo, uno de los socios encontró una antigua tienda de cristales, marcos, espejos y molduras que acababa de cerrar en la Plaza del Ángel. La remodelación del local se alargó demasiado, y no lo pudieron abrir para el mundial del 82 que se celebró en España. Finalmente, abrieron el 12 de agosto del mismo año sin cafetera y sin grifos en las cañerías. Tenían lo más importante, el escenario. En el 83 empezaron los conciertos diarios. “El mérito nuestro no solo ha sido organizar conciertos todos los días, sino cobrar por ellos”, afirma Pérez.

Los conciertos iban a ser de 23 a 1 de la noche. La tercera semana los vecinos empezaron a quejarse y se cambió el horario de 22 a 00 horas. Cuando se construyó el hotel contiguo al local, volvieron a recibir quejas y lo bajaron de 21 a 23. “Nosotros tenemos la idea de querer perdurar y de no molestar”, dice uno de los fundadores.

La andadura internacional

En febrero del 88 el Café Central tuvo un punto de inflexión, cuando actuó el cuarteto de George Adams-Don Pullen. Para saber cómo metieron a cuatro gigantes en un local pequeño, hay que remontarse un año. Actuaban en el San Juan Evangelista, y Gerardo Pérez contó con la ayuda de uno de los camareros del Central que trabajaba como azafato en Iberia, por lo que hablaba inglés. Ellos se mostraban reticentes, no tenían muchas ganas de ir. Al final, pidieron una cantidad que aceptó después de cuadrar las cuentas con papel y lápiz. Mientras, cada uno de ellos sacó su calculadora y hacían sus propios números. Lo normal en estos casos es pagarles la mitad antes de venir.

El fundador del Café Central contactó con un amigo que tenía en Nueva York, a quien le encargó que fuera a pagarles de su parte. “Mi amigo fue con un cheque, pero ellos lo rechazaron, querían el dinero en efectivo y al día siguiente mi amigo llevó todo el dinero en efectivo al club donde actuaban”, cuenta Pérez. No fue mucha gente al concierto, ya que el precio de la entrada era superior al habitual. “Lo importante es que esos conciertos nos puso en el mapa”, añade.

El Central tiene dos enemigos, uno es el verano que viene todos los años, y otro cada cuatro, el mundial de fútbol. El verano del 94 fue duro para el Café Central, se juntaron el verano, el mundial y la crisis económica. Iban a cerrar, pero Tete Montoliu, que había actuado allí unos meses antes, se enamoró de la camarera. Cuando Tete se enteró de que querían cerrar, fue cinco semanas a tocar a piano solo. “Al final la relación no funcionó pero Tete arrasó y salimos adelante”, dice su fundador.

About Inmaculada Fernández Bareas

Estudiante de 4º de periodismo del Centro Universitario Villanueva

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