Ángel Sastre: “La guerra necesita a un periodista como testigo”

El periodista Ángel Sastre, premio Larra 2010, colaborador de Cuatro, Onda Cero y La Razón, lleva ocho años recorriendo el continente americano. Entre otros lugares, ha visitado las cárceles de El Salvador, se ha subido al tren “La Bestia” en México, ha cubierto golpes de Estado o se ha adentrado en las favelas en Brasil. En los últimos tres años se ha centrado en la cobertura de los principales conflictos en el mundo.

Durante una conferencia pronunciada ante los alumnos de Periodismo del Centro Universitario Villanueva, Sastre aseguró que las coberturas de guerra  son muy complicadas, ya no por la falta de seguridad (que también) sino por los costes y la poca rentabilidad que ofrecen. Cada vez es más difícil cubrir este tipo de noticias debido a que los medios españoles no están pagando lo que deberían pagar. Según Sastre, están acabando con los periodistas que intentan llevar a cabo este tipo de coberturas. A su juicio, cada vez más las guerras se están quedado sin testigos. Los medios españoles son cada vez “más mediocres”, y los informativos y los editores han dejado de comprar el material a los periodistas de guerra y se inclinan más por las agencias.

El material necesario para llevar a cabo este tipo de coberturas  supone un coste muy elevado. Cubrir una guerra cuesta aproximadamente cuatro mil euros y los medios están pagando 400 euros como mucho. Ángel Sastre reiteró que no por ello había que rendirse. Seguir adelante es lo que se debe hacer en periodismo, buscar siempre el lado social de las cosas.

“Nos estamos volviendo dóciles”

El periodista no solo se tiene que quedar con un comunicado, sino que tiene que ir a denunciar situaciones que son necesarias. Esto y el periodismo de investigación son las dos cosas a las  que se deberían devolver el prestigio que están perdiendo.“Nos estamos volviendo dóciles y siervos de los medios de comunicación”, ya que cada vez son más atentos con el poder.

El periodista afirmó que para este tipo de coberturas lo ideal es poseer un plan determinado sobre lo que se quiere tratar en el país. Se precisa de un “oxfisher”, aquel de quien depende tu vida. Dicha persona deberá de ser de confianza para que no te venda (tal y como pasó con los últimos periodistas secuestrados) y tener los contactos suficientes para intercambiar lazos con las brigadas  y hacer posible el objetivo. Sin embargo siempre  se encuentran situaciones no planeadas.

Sastre detalló que es importante ir acompañado pero no por más de tres personas puesto que es peligroso al volverse tan “suculento” secuestrar a occidentales.

En un momento de su intervención explicó que en uno de sus viajes ellos estaban protegidos por la brigada y  los de Al-Qaeda estaban apuntándoles con las kalashnikov. Por suerte tenían una brigada muy fuerte detrás que venía a defenderles, acabaron pactando y les soltaron. Si no hubiesen tenido tal defensa ahora mismo estarían secuestrados.

Esto es una guerra freelance, explicó. Hoy en día son muy pocos los periodistas a los que se les destina a una guerra. Nadie te proporciona nada, la protección se la tiene que buscar uno mismo.

Te puedes jugar la vida, pero esto no garantiza que a todo el mundo le interese

Los motivos por los que este periodista ha arriesgado su vida en diversas ocasiones se basan en la adrenalina y el egocentrismo, que define como “el lado más romántico del periodismo”. Destaca la importancia de la conciencia: las guerras con testigos o con periodistas son mejores, ya que con la opinión pública se pueden cambiar ciertas cosas. Por ello, muchas veces son perseguidos al denunciar verdaderas realidades. “Si no hay ojos, no sirve de nada”, añade. Para Sastre es su pequeña contribución ya que siente que es lo que debe hacer por y para el periodismo.

Los periodistas también lloran

Este tipo de situaciones le han hecho más fuerte, a veces ha llorado y defiende que nunca hay que perder la capacidad de emocionarse. Sastre confesó que de pequeño le daban miedo los petardos y esto ahora le sigue pasando. Sin embargo, dijo que cuando realiza reportajes de guerra se mete en un mundo donde es más importante grabar que el miedo. “Mordor existe”, afirmó. Uno no puede dejar de impresionarse con este tipo de cosas, y por ello hay que darlo a conocer y denunciarlo.

En sus coberturas no va armado, aunque varias veces se lo han ofrecido. Riéndose recordaba cuando vio a su escolta Mustafá, que tras examinarle de arriba abajo, pensó: ¿Cómo nos va a defender si le faltan tres dedos? “Disparaba con la kalashnikov muy bien, lo cual me sorprendió bastante, añadió, y señaló que a veces es más peligroso en estos sitios uno mismo portando armas que sus propios enemigos.

Con respecto a América Latina, Venezuela posee uno de los mayores índices de criminalidad. La gente ha perdido los valores, la vida no vale nada. “Yo he visto cómo en un funeral dos policías, a cambio de dinero, negociaban con la madre para matar al asesino que acabó con la vida de su  hijo”, explicó a los alumnos de Periodismo.

Una de sus experiencias ocurrió  en la cárcel, donde los presos tienen su propia ley  mientras que los policías realizan guardias fuera de ella. De repente se da cuenta que está solo dentro de la cárcel, con los presos mirándole mientras hacían pesas. Sastre empezó “de buen rollo” a grabarles hablando y  rapeando. Cuando salió, los presos le gritaron:  “¡Eh, que te dejas la computadora!” .“Esto me pasa en Gran Vía y dura menos de un segundo”, afirmó con ironía.

Con respecto a la censura, muchas veces le han eliminado diversos temas. En este sentido, fue expulsado de Perú tras realizar un reportaje sobre la prostitución infantil.

Poveda, periodista asesinado

Sastre recordó el caso de Christian Poveda, que realizó un documental, La vida loca, sobre la Mara Salvatrucha, una de las organizaciones internacionales de pandillas criminales. Al finalizar su trabajo, Poveda fue asesinado. Tras este suceso, Sastre tuvo que negociar con los asesinos para hacer un documental sobre este asunto.

Se siente afortunado por poseer el apoyo de sus familiares y a la vez se siente”egoísta”, ya que se da cuenta de que si el día de mañana le pasase algo le destrozaría la vida a todo su entorno.

Lo mejor de su trabajo, asegura, es la satisfacción, y lo peor el haber perdido personas queridas en él y el no reconocimiento del trabajo bien hecho.

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