Una fe que no necesita subtítulos

Son las 9 de la mañana en la ciudad deportiva del Real Madrid, en Valdebebas (Madrid). Un río incesante de gente bordea el estadio Alfredo di Stéfano y varios helicópteros vigilan el recinto. Esta vez no se trata de algún evento deportivo, sino de la celebración de la beatificación de Don Álvaro del Portillo, el primer sucesor al frente del Opus Dei después del ya santo Josemaría Escrivá de Balaguer.

Cientos de miles de personas acudieron a este evento que todos calificaban como único, y miles de experiencias vitales se unieron para dar sentido a los valores que Don Álvaro quiso dejar como su mejor herencia. Colores, razas, lenguajes y fronteras… Toda esa heterogeneidad se convirtió en una masa uniforme que compartía un vínculo trascendental: la fe.

Atravesando océanos

Ondeando una bandera estadounidense y vistiendo una gorra de los mismos colores como si de un mitin político se tratase, se encontraba Sheela. Embarazada de cuatro meses, ha cruzado el Pacífico desde Estados Unidos con su marido y sus padres: “Para todos nosotros Don Álvaro es absolutamente impresionante y no queríamos perdernos la ceremonia de la beatificación, hemos venido exclusivamente para poder presenciar esto”. Aunque no pertenecen al Opus Dei, su madre había conocido a Don Álvaro en los años 80, cuando viajó a Chicago para dar una conferencia, y desde entonces sus predicaciones se convirtieron en un modo de vida. Mientras contaba su experiencia los ojos se le llenaban de lágrimas: “¡Vas a hacerme llorar!” exclamaba Sheela, “el valor que él nos transmite es el de trabajo duro y además nos ha concedido muchos favores. Estamos muy agradecidos por ellos”.

“Don Álvaro es bendición… Es algo muy difícil de explicar con palabras”

Un poco más adelante, entre la zona D y la E (las secciones donde se distribuían a los visitantes iban desde la letra A a la I), paseaban buscando sus localidades Regina, Pamela y Sofía. Tienen entre 14 y 15 años y a sus hombros les identificaba una bandera mexicana. Llegaron semanas atrás a Tierra Santa y su viaje de peregrinación les trajo hasta Madrid, donde pasarán unos días más hasta concluir su viaje en Roma. “Para nosotras Don Álvaro es muy importante porque gracias a él fundaron nuestro colegio, el Liceo de Monterrey, comentaba Regina. “¡Para nosotras esto se nos hace una experiencia muy padre! Hemos venido un grupo de 38 personas de todas las edades y todos expresamente para vivir esta experiencia. Además es la primera vez que venimos a Madrid y aquí hemos hecho amistades de Chile, de Perú, de Colombia…”.

Ejemplo de humanidad

Recién aterrizados caminaban sorprendidos Kwame y su mujer. Ellos no vienen en grupo, pero decidieron venir desde Costa de Marfil porque pertenecen al Opus Dei: “Además hemos querido presenciar esto porque Don Álvaro no fue una persona común. Estamos aquí para rezar con él y de cualquier modo venir a esta ceremonia es un éxito para nosotros. Él no representa para nosotros sólo unos valores, sino que en su conjunto nos parece un ejemplo para todos los seres humanos”, afirma Kwame. Sin soltarse de la mano de su mujer continúa relatando: “Hace dos años que nos unimos a la obra y nos parece un buen modo de vivir la vida y la fe. Esto es bueno para nuestra familia y para lo que venga después de la muerte. Pertenecemos al Opus Dei porque nos parece que hay que vivir la vida a través de los valores que representan”.

Los coloridos vestidos de Manuela y Carmen y su pelo trenzado no pasan desapercibidos en la zona D. Ellas vienen desde Camerún y son un grupo de 16 chicas, la mayor tiene 30 años y la menor es Carmen, de 15. “Estamos muy contentas de haber sido invitadas a la beatificación, para nosotras esto es algo muy importante. Para nosotras Don Álvaro es bendición, alguien que siempre estuvo lleno de gracia… Es muy complicado explicar lo que sentimos con palabras”, afirmaban las dos sin que se les abandonaran las sonrisas.

Estos casos, los de Sheela, Kwame, Manuela o Regina son sólo una pequeña parte que representa la internacionalidad y el alcance que tuvo el ya beatificado para todo el conjunto del Opus Dei. Quizá por la excepcionalidad del evento o quizá por sus creencias, fueron cerca de 200.000 personas las que compartieron en un solo escenario un mismo sentimiento y, sobre todo, un mismo idioma: el idioma de la fe.

(Fotos de Isabel Pita).

About Magda Corno García

Estudiante de 4º de Periodismo y EBS en el C.U.Villanueva. @MagdaCorno

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