Felipe es uno más (y tiene síndrome de Down)

Detrás de sus grandes gafas rojas, unos ojos achinados miran embelesados al profesor, esperando oír su nombre. Uno a uno, don Pedro va llamando a los treinta alumnos de sexto de primaria para comprobar que han hecho los ejercicios. Felipe espera con ilusión su turno, aunque en su cuaderno no haya precisamente divisiones con dos cifras. “Felipe por favor, tu cuaderno”, dice el profesor. Nervioso, lo saca de la cajonera y se dirige hacia él orgulloso. Los demás siguen a lo suyo, peleando con los números. Don Pedro pasa las páginas despacio mientras va corrigiendo, ante la atenta mirada de Felipe. En el silencio de la clase, la especial forma de ser de su alumno con síndrome de Down se convierte en una más entre tantas.

“Han aprendido qué es el síndrome de Down por lo que Felipe les aporta, más que por mis explicaciones”

Cuando Felipe llegó al colegio Aldovea, su discapacidad era para muchos una pregunta sin resolver. Niños de otros cursos acudían a don Óscar, que fue su tutor durante los primeros años de primaria, para preguntarle qué le pasaba a Felipe. “Este chico tiene algo”, le decían curiosos. “Con el tiempo han aprendido lo que es el síndrome de Down por lo que Felipe les aporta, más que por mis explicaciones”, cuenta su profesor sonriendo.

Cualidades diferentes

Don Óscar le ha visto crecer durante años y no duda en resaltar que “ha evolucionado mucho desde que llegó al colegio”. Tanto los profesores como los alumnos han aprendido a tratar la discapacidad de Felipe como un conjunto de cualidades diferentes que enriquecen la diversidad en el centro. “Yo tengo un sueño con Felipe, a lo mejor mi sueño es chiquitín y luego le vemos de presidente de algo importante, pero mi sueño es que acabe trabajando en el colegio, ayudando a los demás”, confiesa su antiguo tutor. A través de las palabras de los que le rodean se puede palpar cómo la inclusión de las personas con discapacidad en la escuela normalizada es una realidad.

Faltan diez minutos para el recreo. En la clase de 6º A las cabezas comienzan a volverse hacia la ventana, contemplando con ganas el patio. Sin embargo, un niño que lleva despistado toda la mañana mira de reojo cómo trabaja Felipe en su mesa, ordenando los bits y contestando a las preguntas de José, que se sienta a su lado y le enseña en voz baja nociones básicas de matemáticas. Sin su ayuda no sería posible que Felipe avanzase a su manera en el mismo aula que sus compañeros.

José, a parte de su ángel de la guarda en el colegio, es el reeducador que ha asignado la Fundación Talita Madrid a Felipe, para que adapte los contenidos a sus capacidades y esté con él en la clase evaluando su desarrollo. Esta fundación que ayuda a Felipe apuesta por la inclusión de los niños con necesidades educativas especiales en los colegios, para que al igual que viven con sus hermanos, puedan también estudiar con sus hermanos.

En vez de ‘integrar’, ‘incluir’

Felipe escucha con atención a José mientras mueve el lápiz entre sus dedos. De repente, sonríe y le planta un beso en la mejilla. Él, acostumbrado a su cariño espontáneo, ríe y le pide que vuelva a centrarse en su particular clase de matemáticas. Sentado junto a su pupitre y con una paciencia envidiable, su reeducador trata de “potenciar sus capacidades diferentes” día a día.

“No me gusta hablar de ‘integración’ de las personas con discapacidad en los centros educativos, ya que equivale a poner a un chaval en una clase sin más, para que él se adapte como pueda a la situación. Yo creo en la ‘inclusión’, es decir, hacer que el niño sea uno más en su clase y todos se enriquezcan de lo que aporta”, explica José.

Suena la sirena y los pasillos se inundan de niños que corren apresurados hacia el patio. En la marea de camisas azules de uniforme Felipe se confunde, excepto porque hoy lleva su bufanda del Atleti al cuello. Los niños de otras clases al verle le saludan sin poder evitar la sonrisa, le revuelven el pelo y le llevan escaleras abajo a toda prisa. Felipe con tierna torpeza trata de seguir el ritmo de Rafa, a quién él llama “mi mejor amigo”, pero se tropieza y cae al suelo. Inmediatamente Rafa se da la vuelta, y sin darle más importancia, le tiende la mano y le ayuda a levantarse. Ambos cruzan riéndose la puerta del edificio y desaparecen en el patio. Hace tiempo que su discapacidad se hizo invisible a ojos de sus amigos y brilla cada vez con más fuerza su forma de ser, su alegría, su capacidad de superación. Aquello que le hace de verdad único.

About Almudena Calvo

Antigua alumna de Periodismo y EBS en la Universidad Villanueva

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