Inmigrantes en Tarifa: el sueño en la otra orilla

La carretera que conecta Algeciras con Tarifa explica, sin palabras, el fenómeno de la inmigración en el Estrecho de Gibraltar. Los días de buena visibilidad, África está al alcance de la mano. Desde la otra orilla, inmigrantes que llevan meses recorriendo el continente africano en su búsqueda del sueño europeo ven al Viejo Continente en las mismas condiciones. Así, circulando por esa calzada, es cuando se puede entender cómo son capaces de tirarse al agua subidos en cualquier tipo de embarcación, arriesgándose a perder en la vida en el intento. Solo ese pequeño trozo de mar les separa de un sueño.

Cuando este redactor llegó a la costa de la localidad gaditana de Tarifa, aún quedaban 300 inmigrantes en el Polideportivo Municipal, después de haber sido repartidos por casas de acogida y pisos de ONG’s. Se respira una calma tensa en las calles del pueblo. En las cercanías de lo que fue el segundo polideportivo habilitado para acoger a inmigrantes, José Antonio, un trabajador que está limpiando las ahora vacías instalaciones municipales, explica que han llegado a tener a 475 personas solo en ese edificio.

Inmigrantes ahogados en la orilla

“Hace algunos años, hará diez o doce, se ahogaron unos cuantos en la misma orilla, de puro cansancio, cuando el agua ya ni les cubría, aquello tuvo mucha repercusión, ¿pero tantos como ahora? No recuerdo ninguna vez, quizás en 2006 hubo algo parecido”, comenta José Antonio.

Para una persona de fuera de esta zona, o extranjera, este fenómeno es algo absolutamente increíble, y, en algunos casos, totalmente ajeno. En las proximidades del único polideportivo que seguía albergando a inmigrantes, algunos turistas se acercan para observar la situación.

Mientras tanto, los inmigrantes que aún no habían sido trasladados se amontonaban en la puerta y saludaban a la gente que pasaba. Los autobuses de la Guardia Civil saliendo del pueblo hacia Algeciras para llevar a los indocumentados a declarar es ya una imagen cotidiana aquí.

¿Qué pasa después del polideportivo?

Una de las casas de acogida a la que han llegado muchos de estos inmigrantes es la Casa Familiar Virgen de la Palma, en Algeciras. En ella hablamos con el hermano Isidoro Macías Martín, más conocido como el “Padre Patera”, sentado en una silla con una foto en la pared de detrás, presidiendo la habitación, publicada por la revista TIME, en la que aparece el religioso sujetando en brazos a un bebé de color.

“Aquí llegan, sobre todo, mujeres embarazadas” comenta, mientras hace memoria para recordar que en el año 2000 llegó una oleada parecida. Dice de aquella ocasión que “fue diferente, ahora vienen mucho más preparados, hasta con teléfonos móviles, móviles que son realmente buenos”.

“No hay comparación con aquellas oleadas, ahora vienen incluso sabiendo bastante más español que entonces”, añade. También recuerda que por aquellos años se les daban papeles a casi todos, pero que ahora hay algunos inmigrantes que llevan hasta seis años en la casa de acogida.

Sobre las particularidades de esta masiva llegada de inmigrantes el Padre Patera destaca: “Todo esto está organizado por las mafias, y si alguien cree que se va a terminar, está equivocado”. Añade que “las mafias controlan sus vidas una vez llegan aquí, aunque les hayan pagado, saben dónde viven y lo que hacen” y que los que no pagan, tanto mujeres como hombres sospecha que “acaban siendo prostituidos”.

“Muy pocos se quedan aquí” asegura el religioso al finalizar nuestra conversación, “siguen hacia el norte, hacia Europa, como poco hasta Barcelona o Madrid, pero muy pocos se quedan en la zona”. “Aquí no hay racismo” puntualiza un joven tarifeño mientras señala la zona donde, hasta hace unos días, se amontonaban las embarcaciones en las que los inmigrantes habían llegado, “aquí solo hay realidad, cruda y dura, y nosotros respondemos a ella”.

“Aquí no hay racismo, aquí solo hay realidad, cruda y dura, y nosotros respondemos a ella”

Adolfo Serrano es jefe de coordinación de Salvamento Marítimo en Tarifa, el organismo encargado del rescate a los inmigrantes y de cualquier embarcación en alta mar, y explica las cifras de fallecidos intentando cruzar el Estrecho: “Es muy difícil saber cuántos mueren, van en barcas muy pequeñas y su única comunicación con nosotros es un móvil. Si vuelcan, o cualquier cosa sin poder llamarnos, pueden ahogarse sin que nadie lo sepa”. Hasta agosto, explica, se han rescatado 2.641 personas solo en el Estrecho. “Vienen en barcas tan pequeñas que son indetectables para radar o cámara” y dependen de que otros barcos los avisten o les llamen desde las propias embarcaciones.

Rescate de una embarcación en aguas del Estrecho. Fotografía cedida por Salvamento Marítimo
Rescate de una embarcación en aguas del Estrecho. Fotografía cedida por Salvamento Marítimo

Otra zona que sufre el drama de la inmigración es el sur de Italia. Roma sigue insistiendo en la necesidad de la implicación de la Unión Europea en el problema migratorio, especialmente por el hecho de que Italia debe rescatar a los inmigrantes en pleno mar, con la operación “Mare Nostrum”, de un gran coste económico para la administración de Matteo Renzi.

Poca implicación de la Unión Europea

Sin embargo la respuesta desde Bruselas es negativa, asumiendo que es un problema del país miembro. La situación de España es diferente, ya que Roma debe asumir un costo altísimo por las operaciones de rescate en alta mar, pero la sensación a pie de calle en nuestro país es de que la poca implicación por parte de la Unión Europea es latente, sin embargo, desde las instituciones, no hay una especial presión hacia Bruselas.

“No podemos saber cuánto nos cuesta rescatar a los inmigrantes”, explica Serrano acerca del coste que significa para el gobierno español, “lo que cuesta es tener el operativo preparado para rescatar, los helicópteros, barcos y demás, pero nosotros rescatamos a cualquier tipo de embarcación en el Estrecho, no solo a las pateras”.

El problema de la inmigración va a seguir existiendo aquí, frente a las costas gaditanas, cuando los focos de las televisiones dejen de apuntar hacia el mar. No es un problema que vaya a desaparecer pronto, y debe ser abordado desde una visión humana y cercana. “No son gente que viene con hambre”, nos comenta un vecino de Tarifa, “no vienen en los huesos, ni escuálidos, son gente que vienen en busca de un sueño, de una vida mejor”.

About Ignacio Alarcón

Estudiante de 4º de Periodismo en CUV. Información política, económica e internacional.

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