Superdotados, o la metáfora de los tomates que maduran antes

“Íbamos dando un paseo en bici, el pequeño solo tenía tres años, me paré en una huerta y sirviéndome de unos tomates le dije: ¿ves estos tomates cariño? El primero ya ha madurado, el segundo está a medio madurar y el tercero todavía está verde, todos han nacido al mismo tiempo, como tú y tus amigos, pero unos maduran más rápidamente que otros, tú eres el tomate rojo, mientras que ellos van a tardar más tiempo en alcanzar el color.” Así fue como Alicia Rodríguez, presidenta de la Asociación Española para Superdotados y con Talento, le explicó a su hijo que poseía una inteligencia que los demás niños de su edad no tenían. Un superdotado es una persona que posee una edad cognitiva incluso cinco años  superior a la edad física. Cuando son pequeños se habla de un adulto escondido en el cuerpo de un niño, pero lo que la sociedad ve es un cuerpo aun sin desarrollar mientras lo que hay dentro de su cabeza es un cerebro que razona, entiende, asienta conocimientos y además con una rapidez y fluidez que el resto de la gente no podría entender. Esta mujer de pelo largo, adicta al tabaco y diez anillos para diez dedos, juvenil, cariñosa y cercana, decide crear la Asociación Española para Superdotados y con Talento (AEST) cuando su tercer hijo, con un coeficiente intelectual de 143 (la media es de 95 a 100), tiene la edad para iniciar el colegio y debería estar dos años por delante de sus compañeros de clase. “Tengo tres hijos y todos son superdotados, pero el pequeño se lleva una diferencia de edad de 14 años con el mayor y el sistema educativo español ya había cambiado, por lo que en 1992 decido crear esta asociación, no solo para ayudar a padres con el mismo problema que yo, sino para aunarnos y hacernos escuchar”, confiesa Alicia Rodríguez.

Sistema educativo

“Un niño de 4 años le pregunta a sus padres qué es multiplicar, estos cogen unos garbanzos y le explican la tabla del 2, multiplicar es sumar reiteradamente el mismo número de garbanzos, dos más dos, más dos, más dos… Al terminar el fin de semana había resuelto la tabla del 9. A este niño en su aula le están enseñando los colores”, cuenta Pedro Fernández, psicólogo especializado en niños con altas capacidades.

“Yo he sido la excepción que confirma la regla, extrovertido, con don de gentes, mucha cara”

Lo que se logra con esto es coaccionar y reprimir la inteligencia del niño y en muchos casos fracaso escolar, de hecho es una de las características claves para detectar a un niño con una inteligencia superior. Mientras la sociedad piensa que tienen un expediente académico brillante la verdad es que, la mayoría se caracteriza por hiperactividad, inquietud motora, fracaso escolar y aburrimiento.

Inteligencia emocional

Cuando se habla de altas capacidades hay que discernir entre una inteligencia creativa, matemática y emocional. Estas personas tienen una especial hipersensibilidad en las relaciones sociales y con el entorno que les rodea, “son personas llanas y sencillas, cariñosas y afectivas y un grito mal dado o un desprecio sin intenciones les hieren más que a cualquiera de nosotros y esto hace que las relaciones sociales sean complicadas para ellos”, afirma Rodríguez. “Mis hijos han sabido desarrollar su inteligencia, los dos mayores están casados y el pequeño con novia, pero no todos los niños, adolescentes, jóvenes o adultos tienen la misma suerte. Por aquí he visto muchas cosas; un joven no pudo con la presión de sentirse diferente y se suicidó en la universidad”, recuerda con los pelos de punta. Las relaciones sociales son un impedimento y unido a la desatención y a la frustración puede generar en depresión por parte de los niños y en anorexia por parte de las niñas.

Miguel Kessoglou

“Yo he sido la excepción que confirma la regla, extrovertido, con don de gentes, mucha cara…”. Miguel Kessoglou, de 37 años, padre de familia y con un coeficiente intelectual de 159 se considera un superdotado “especial”. “En clase me aburría y era muy trasto, me junté con los que suspendían todo porque no hacían nada, la diferencia es que yo sí aprobaba, pero a ningún niño le gusta pasarse un semestre con la mesa de cara a la pared”, relata. Como Pedro Fernández dice, suelen ser “tocapelotas”, pero este griego de nacimiento rompe con los tópicos. Su expediente académico es mediocre y cursa Económicas a distancia. Tras ser rechazado por el profesorado por luchar por un plan de estudios más dinámico y enriquecedor, con 25 años no puede aspirar a más profesionalmente. Lo tenía todo, “era muy joven y pensaba que ya había llegado al tope, asique me derrumbe”, confiesa, cuando apoyado por su mujer, Amparo, descubre que no ha de ponerse limites, es superdotado. Lo que para algunos es un don para otros es un castigo; los pasados niños superdotados están de acuerdo en que no quieren que sus hijos lo sean en un futuro. Aquel niño de tres años que se descubrió observando unos tomates, no quiere tener que volver a repetir la historia.

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