Carreras de Ascot: cuando la sofisticación se sube a la cabeza

Grupo de chicas luciendo llamativos tocados en Ascot
Grupo de chicas luciendo llamativos tocados en Ascot

Un año más nobles y plebeyos reviven una tradición de más de 300 años. cuv3 ha hecho un particular viaje a través del tiempo hasta la época victoriana, en la que sombreros de copa, trajes de chaqué, tocados y sombreros de fantasía cobran protagonismo, porque -seamos sinceros- las carreras de caballos quedaron como pretexto.

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En las inmediaciones del Castillo de Windsor, propiedad de la Corona Real Británica, en el condado de Berkshire, al sudeste de Inglaterra, se encuentra situado el popular hipódromo de Ascot, donde cada mes de junio tiene lugar uno de los encuentros más importantes del calendario deportivo y social de Reino Unido. El interés por las competiciones de caballos purasangre quedó en la época de la Reina Ana, quién fundó en 1711 el  “Royal Ascot”, un evento de primera fila para los británicos “de a pie”.  De ahí que exista un estrecho vínculo con la “Royal Family”, quien da comienzo al inicio de cada jornada con la procesión en caballerizas reales al son del “God Save the Queen”.

Durante los cinco días que dura el evento, la Reina Isabel II revalida la tradición con su presencia y, cómo no, con su indistinguible dress code vistiendo en monocolor de pies a cabeza.  Si la intención de la Reina es pasar desapercibida, para el resto de los asistentes es lo peor que podría pasar.

Zonas limítrofes

El hipódromo de Ascot se encuentra dividido en cuatro zonas, cada una de ellas con una exigencia y protocolo de vestuario diferente (de mayor a menor): Royal Enclosure, Boxes, Grandstand y Silver Ring, la zona más alejada del las atracciones del edificio central.

La intención de la Reina es pasar desapercibida. Para el resto de asistentes es lo peor que podría ocurrir

La elegancia, distinción y cortesía son propias del Royal Enclosure, donde sus invitados sólo pueden acceder en caso de ser invitados por terceras personas, con la condición de haber disfrutado en esta categoría como mínimo en cuatro ocasiones. El gusto estrafalario, la ausencia de maneras y el alcohol son los máximos en el Silver Ring.

¿Dress code bien cumplido?

Si Beau Brummel, árbitro de la moda en la Inglaterra de la Regencia y amigo del que fue rey como Jorge VI, levantase la cabeza no se privaría de ajustar sus dictados sobre men of elegance a más de uno.  Ministro de la moda y del gusto, fue quien decretó que los hombres debían llevar “waisted black coats and white cravats with pantaloons”.

Sin embargo, y a pesar de que la propia página web de Ascot detalla que vestir adecuadamente para la ocasión “es una parte importante en los días de la carrera”, ni su video aclarativo/informativo, ni sus instrucciones sobre “bare chests are not permitted at any time” (pechos desnudos no están permitidos en ningún momento) se cumplen a rajatabla.

El what to wear (qué ponerme) ha pasado a convertirse en el how to dress to impress (qué ponerme para impresionar). Y es que tacones de vértigo, nada apropiados para un terrero de césped irregular, faldas más cortas de lo permitido (4 centímetros por encima de la rodilla), vestidos ajustados, tirantes “spaghetti” y sobre todo falsos bronceados aplicados sin ningún pulso dando lugar a un tono anaranjado parecen ser el nuevo código de vestimenta. Sin olvidar la doble cobertura de maquillaje, pestañas postizas sin límite y una borrachera encima.

Para los chicos este código se traduce en camisas desabrochadas, pantalones holgados y exceso de gomina. Solamente unos pocos se salvan intentando imitar los estrictos estándares aplicados en las otras zonas más exclusivas.

El “qué ponerme” ha pasado a convertirse en “qué ponerme para impresionar”

Acostumbrados a ver “la cara bonita” de Ascot sorprende cómo en las inmediaciones de los recintos más distinguidos grupos de chicas y chicos se preparan a la hora del picnic con un gran festín de botellas de alcohol y comida en tupperware para pasar el día al aire libre. Queda una vez más la importancia de este evento en un segundo plano y terminan las carreras con un aspecto de estampida donde vasos de plástico, botellas, papeles y otros desperdicios ensucian una imagen impecable que se ha ido construyendo con el paso de los años. 

Gold Cup, una jornada de pasión

Entre el martes 17 y el sábado 22 de junio, sin duda el día que cobra protagonismo es el jueves (“the Lady Day”) cuando se celebra la Gold Cup, probablemente la carrera más importante y la que más pasiones levanta.

Este año los equinos se enfrentaban a Estimate, el único caballo propiedad de un monarca británico que en 207 años de historia ganó la prueba de 4.000 metros, en 2013. Sin embargo, este triunfo le ha durado poco más que un año pues Leading Light y su jinete Joseph O´Brien le arrebataron el título gracias a la longitud de su cuello en el ultimo trayecto de la recta final.

Sin apuesta no hay emoción

Disfrutar de las carreras se puede hacer desde los boxes (palcos) que quedan situados en la parte superior del edificio central, desde el Grandstand, que es el graderío a pie de pista, o desde el Royal Enclousure, a la altura de la línea de llegada,  donde se recomienda vivir la verdadera emoción al igual que lo hace la Reina Isabel II.

Pero no hay emoción sin apuesta de por medio. En el hipódromo las casas de apuestas y corredores individuales son un elemento fundamental durante las carreras así como sus sombreros y  sofisticados “fascinators”. Porque Ascot sin sofisticación no es Ascot…

About Laura Jiménez

Licenciada en Periodismo y Comunicación y Gestión de Moda en el Centro Universitario Villanueva @Laurissima_JR

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