David Jiménez: “En España se ha perdido el respeto a la experiencia”

DavidJimenezLibro
David Jiménez con su último libro ‘El lugar más feliz del mundo’

“Los militares avanzan golpeando sus escudos. Un momento de estupidez: apunto mi cámara hacia ellos. Un comandante me señala y varios de sus hombres corren hacia mí. Alcanzo la entrada del Hotel Traders, pero los empleados me niegan la entrada a través de la cristalera. Saco la tarjeta de mi habitación y la pego al cristal:

-¡Soy un huésped! ¡Soy un huésped!”

Así narra David Jiménez cómo logró esquivar a un grupo de militares durante una manifestación en Rangún, Birmania. “El lugar más feliz del mundo” es el último libro que ha escrito el periodista y en él retrata algunas de las historias y situaciones que ha vivido a lo largo de sus quince años de corresponsalía en Asia para el diario El Mundo.

Hoy se sienta en el sofá de su casa para contestar a toda una batería de preguntas, que nunca son demasiadas cuando se trata de un periodista con una carrera profesional tan interesante a las espaldas.

Pregunta: En la presentación del libro dijo que no hay que confundir viajero con turista, y esto es lo que hace precisamente Kapuscinski en Ébano, una obra que dice que le inspiró.

Respuesta: Yo no pretendo comparar mi obra con la suya, porque creo que él está en un nivel muy superior. Pero sí que hay coincidencias en la forma de ver las cosas. Una vez leí que él viajaba siempre solo, y es exactamente lo que yo hago. Creo que eso te proporciona una inmersión en la comunidad que vas a visitar o el sitio al que vas. Si vas en grupo o van más periodistas es más difícil ganarte la confianza de la gente de la que vas a escribir.

P: ¿Qué libro debería haber leído todo el mundo?

R: Soy un clásico para esto, creo que todos los libros están en uno y es El Quijote. Lo que más me alucina de ese libro es que se haya escrito hace siglos y todo lo que describe de la condición humana, las miserias, las luces y las sombras de las personas, está ahí. Todo se puede aplicar a la vida de hoy. Quizás aprendes más de la vida leyéndolo que pasándote todo un año en la universidad.

Creo que todos los libros están en uno y es “El Quijote”

P: Defiende que la educación es una pieza clave a la hora de crear una sociedad que no sea manipulable. Pero ¿de qué educación hablamos?

R: Yo creo que la educación no es sólo académica. Uno se educa, o se solía educar antes, en la calle. Ahora vas a un parque y hay pocos niños jugando. Están en casa con la consola o con el ordenador y eso les priva de una parte de la educación muy importante que es esa relación con la calle, con gente desconocida que no es de tu entorno y demás. Luego está la educación académica, que también es importante. Para mí hay una que completa a una persona: la educación que te da el viaje.

P: ¿Cree que las universidades saben adaptar la esencia del periodismo a las titulaciones que imparten?

R: En España no. Si te vas a estudiar a una gran universidad estadounidense verás que para empezar las carreras son mucho más prácticas, es una formación mucho más profesional. En quinto de carrera empecé a colaborar con El Mundo y lo primero a lo que me enviaron fue a una manifestación de estudiantes. Fui allí, hablé con la gente y cuando volví a la redacción me dijeron “bueno, ahora escribe una crónica de 800 palabras”. Y yo les dije: “¿cómo?”. A mí nadie me había enseñado a escribir una crónica. Después de cinco años de carrera era incapaz de escribir una. Eso te dice muy poco de las universidades. Se requieren profesores que hayan ejercido el periodismo. Que cuando se habla del corresponsal, te lo esté enseñando alguien que lo haya sido. Gente que esté muy al día de lo último. No sirven profesores que llevan treinta años impartiendo el mismo programa. La esencia del periodismo sigue siendo la misma, pero las plataformas cambian.

No sirven profesores que llevan treinta años impartiendo el mismo programa

P: Imagine que tiene su propio medio y tiene que contratar a un periodista pero sólo le puede hacer una pregunta. ¿Cuál sería?

R: Buena pregunta…Le preguntaría por qué quiere ser periodista. ¿Quieres ser periodista porque te hace ilusión que la gente conozca tu nombre, porque crees que es una profesión de trasnochadores y golfos y no vas a tener que madrugar porque a las redacciones no se va pronto? ¿O quieres ser periodista porque realmente crees que es un oficio importante, que puede ayudar a mejorar las cosas? Alguien que tiene esa vocación será siempre mejor periodista que alguien que no la tiene. Con los años lo único que queda es la sensación personal de haberle dado voz a gente que no podía contar su historia.

P: ¿Cómo se sabe cómo hay que reaccionar ante situaciones de peligro, sobre todo al principio?

R: Bueno, la experiencia te va diciendo. Fui a cubrir mi primer conflicto bélico en Timor Oriental (sudeste de Asia) y en mi libro “Hijos del monzón” cuento cómo estaba de luna de miel con mi mujer. Estaba en Bali, y Timor es una isla que está justo al lado. Todos los periodistas se habían marchado de allí porque las milicias estaban degollando a la gente en la calle. Yo hacía el viaje inverso. Eso fue una imprudencia. No fue un acto de valentía por mi parte, sino de ignorancia. Yo era muy joven, tenía ganas de hacerlo bien y no medí las consecuencias de lo que estaba haciendo. Así que casi dejo a mi mujer viuda antes de empezar. Aun así, creo que el periodista de raza siempre se mete en líos porque el ansia de conseguir la historia muchas veces te puede y hace que olvides los peligros y no te importe pasar ciertas penurias. Luego es muy importante no dedicar ni siquiera un párrafo a contarlas, no hay que quitar protagonismo a la gente sobre la que estás escribiendo.

P: ¿Qué falta en España que sobra en Asia?

Falta la cultura del esfuerzo. Es lo que ha hecho que el continente despierte y emerja como lo que es ahora, una potencia. Tienen un tremendo respeto hacia la experiencia, hacia la edad, que en España se ha perdido. Sacrifican el bien individual por el bien colectivo. Una vez, después de estar diez días casi sin agua, en una ciudad en la que no quedaba nada en pie, abrieron una tienda en la que servían agua. Entré, vi el agua y cogí todas las botellas que pude. Llené un carro y cuando llegué a la cajera me miró con una cara muy rara. Miré para atrás y vi una larga cola de japoneses cada uno con una botella, porque estaban pensando en todos los demás. Un periodista italiano me dijo “¿Te imaginas que esto pasa en Italia o en España? Estarían a navajazos en la cola.”

About Alejandra Santos

Alumno de 4º de Periodismo y Edición en Medios Digitales en el Centro Universitario Villanueva

Deja una respuesta

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.