Los reyes de la clase

Rodrigo utiliza una silla manual debido a su discapacidad motórica (Foto: Marta Candela)
Rodrigo utiliza una silla manual debido a su discapacidad motórica (Foto: Marta Candela)

Acaban de formar una fila india en el pasillo. Tienen las manos meticulosamente enlazadas sobre los riñones. La línea la dibujan 28 babis de rayas rojas y blancas. El primero de la fila, Rodrigo. Está sentado en una silla especial que se mueve cuando activa los botones del mando. Unos dibujos plastificados de Toy Story decoran sus ruedas: “Mi madre lo ha puesto y yo le he ayudado”.

Tiene tres años, pero maneja a la perfección su vehículo. De hecho, coge demasiada velocidad cuando se prepara para entrar en clase seguido de sus 27 compañeros. Los mismos que cada día se pelean por empujar su silla o por subirse a ella para recorrer el patio, de lado a lado, a más velocidad.

Rodrigo y sus amigos son alumnos de 1º de Infantil del colegio Santa María la Blanca, un centro madrileño del barrio de Montecarmelo cuyo sello de identidad es “la escolarización preferente para alumnos con discapacidad motórica”. Él es uno de ellos. Y cuv3 ha estado con él. Rodrigo lleva “bipe” en las piernas, unos aparatos que le ayudan a permanecer erguido cuando no está sentado. Una vez en clase, se apoya en una mesa que le permite mantenerse de pie y cambiar de postura de vez en cuando. Delante de él, sobre el suelo, sus 27 amigos atienden boquiabiertos, unos, y dispersos, otros, a las palabras de María, su tutora. Una joven de 24 años, rubia, con el pelo largo, de mediana estatura y, según ellos, “la más guapa”.

Al ritmo de Giuseppe Torelli

De fondo, la música de un compositor italiano cuyo nombre pronuncian los 28 a la perfección. Son las tres de la tarde, hora de escuchar a Giuseppe Torelli. Una audición que les relaja. O eso pretende María. Rodrigo sigue la melodía con el ritmo en sus manos mientras descubre sus ojos de manera tímida. Los 28 están rodeados de llamativas paredes que podría haber diseñado la colorida Agatha Ruiz de la Prada. El olor en los pasillos y clases es peculiar, incluso “denso”, apunta Estefanía, profesora del colegio. Huele a cuando sacas punta al lápiz, a toallita húmeda, a la salsa del pollo que había para comer. En fin, a “tigretón”, dicen entre risas las tutoras de Infantil.

Los niños que, como Rodrigo, tienen una discapacidad, se convierten en alguien especial para sus compañeros

María siempre explica a los alumnos que su amigo Rodrigo va en silla “porque tiene las piernas flojitas”. Sus compañeros saben que están para ayudarle, para quererle. Le cogen de la mano, le acercan su ficha, le llevan en brazos, se pelean por empujar su silla y por subirse a ella pero, a veces, cuenta María, desenchufan algún cable. Al final, la silla se para. Toda esta atención le vuelve “un poco mimado”, pero tiene su explicación. Rodrigo y los niños como él son “los reyes de la clase”. Y como son distintos, son especiales. En la clase de al lado está Fátima, cariñosamente conocida en el colegio como ‘Fati’. Su tutora también se llama María.

Ella tiene tres años y nació con síndrome de Down, igual que su hermano mayor. A pesar ello, “su familia está muy unida, es feliz, tiene muchas ganas de tirar para adelante”, asegura su tutora, y está muy involucrada en la formación de Fátima. A ojos de María, la pequeña de tres años es muy autónoma, muy espabilada y habla bastante en comparación con los niños de síndrome de Down de su edad, un colectivo “muy social y, a veces, muy terco” cuya esperanza de vida ronda ya los 60.

Quiero ser autónomo

Fátima, una niña muy alegre y cariñosa (Foto: Marta Candela)
Fátima, una niña muy alegre y cariñosa (Foto: Marta Candela)

Fátima está pintando con una cera azul que le ha teñido sus diminutos dientes del mismo color. Lleva dos coletas y unos zapatos ingleses negros a juego con el fondo de sus ojos. “Es una niña risueña, alegre, tierna, cariñosa y todos se vuelcan con ella, aunque en realidad es un poco trasto”, continúa María. Sus compañeros de clase nunca preguntan por qué Fátima es así. Están acostumbrados. Es especial.

Antonio es uno de sus amigos del colegio. Tiene cinco años y, como ella, síndrome de Down. Van juntos a las clases de Bobath, una terapia que cada día les enseña a ser más autónomos. A Antonio le cuesta abrirse, aunque es más independiente. Habla poco y con quien quiere. Es tímido y algo serio aunque, si tiene confianza, no hay quien le pare.

“Fátima es una niña alegre, tierna y cariñosa. Todos se vuelcan con ella”, dice su profesora

Luis, que tiene seis años, es compañero de Antonio. Nació con síndrome de Rubinstein-Taybi, un problema de origen genético asociado al retraso del desarrollo psicomotor. Un fallo en el par cromosómico 16. Una enfermedad que afecta a una de cada 125.000 personas. Ese ‘uno’ es él. Sus profesoras destacan de Luis su sonrisa y lo cariñoso que es. Ahora está empezando a hablar, aunque no demasiado bien. “Nunca ha tenido problemas para relacionarse con los demás”, dice Irene, profesora de Infantil. En clase, sus amigos saben que es diferente, aunque muy especial. Le cuidan, se preocupan por él, “son muy protectores”, incluso le regañan cuando se equivoca en algún ejercicio. En realidad, le enseñan a hacerlo bien.

Mientras sus compañeros cuentan “en la Asamblea” lo que han hecho el fin de semana, él explica con dibujos sus planes en familia. Utiliza otro tipo de lenguaje. Siempre hace mucho por comunicarse con los demás a través de símbolos y unas pocas palabras. Luis es muy querido por su carácter afable, su espontaneidad y el cariño que transmite. Él, Fátima, Rodrigo y Antonio logran conquistar cada a día a las profesoras que tratan de enseñarles a ser uno más con ciertas facilidades de menos. Siempre hay una anécdota que contar: “Un día no encontraba a Antonio porque se había metido en un cajón de la clase”, recuerda María, su tutora en 1º de Infantil. El vínculo entre las profesoras y los reyes de la clase es y, siempre será, un bonito detalle de esta profesión.

About Marta Candela

Estudiante de 5º de Periodismo en el Centro Universitario Villanueva (Complutense). Twitter: @MCandela_ / E-mail: mcandelam@gmail.com

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