Los nuevos pobres: clase emergente en los comedores sociales

Indigentes esperando a las puertas del comedor Ave María (Fotografía: PIlar Mesquida)
Indigentes esperando a las puertas del comedor social Ave María (Fotografía: Pilar Mesquida)

Hace más de un año el publicista Alejandro Toledo paseaba por Madrid cuando, como cuenta a Cuv3, vio salir  de un comedor social a un antiguo compañero de trabajo “que había tenido muchísimo éxito”. Fue así como se dio cuenta de que ése podría ser él. En ese momento decidió reunir a un grupo de profesionales y dar a conocer la labor social de la Iglesia mediante una campaña en la que quiso mostrar uno de los lados más dramáticos de la crisis; los nuevos pobres.

Aunque el fracaso social siempre se ha asociado a casos individuales, en los últimos años los comedores sociales han visto cómo el número de familias que no pueden cubrir sus necesidades básicas se ha multiplicado. En España más de un 21% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza y son las asociaciones religiosas las que juegan un papel fundamental para permitir que esas personas tengan una vida mejor.

El comedor María Inmaculada da cada día unas cuatrocientas cincuenta comidas. “Al principio todos los servicios estaban destinados a inmigrantes, pero ahora el perfil de las personas que atendemos se ha ido abriendo a todos aquellos sin hogar y en riesgo de exclusión social”, explica sor María del Carmen Briones, directora de todo el proyecto social  Vicente de Paúl. En el centro saben que cada persona vive una situación distinta. “Ofrecemos diferentes tipos de servicios dependiendo del nivel de necesidad de las personas que asistimos, así facilitamos desde un lugar para dormir hasta un podólogo si fuera necesario”, añade.

“Ver gente normal en los comedores sociales te hace pensar que podrías estar en su lugar”, explica Alejandro Toledo

Los nuevos pobres

Mientras recorría de nuevo los comedores de Madrid, lo que más impactó a Toledo fue, como relata, descubrir que “hay toda una nueva generación de gente en los comedores”. El concepto de “nuevos pobres” se hace patente en cada centro cuando te encuentras con personas “aparentemente normales  que ahora no pueden hacer frente a los gastos más básicos”, explica.

Aunque los comedores siempre han estado llenos, con la crisis se ha creado este nuevo perfil de personas que antes tenían un trabajo estable y unas buenas condiciones de vida y que cada vez más necesitan acudir a comedores y centros de integración para poder vivir decentemente.

En una de las calles del centro de Madrid encontramos el comedor más antiguo de la capital, el “Ave María”, que ha cumplido cuatro siglos al servicio de los pobres. El comedor de la Real Congregación de Esclavos del Dulce Nombre de María, recibe en diferentes turnos a trescientas sesenta personas al día.

En los comedores sociales destaca el gran número de jóvenes que acude a ayudar

Nada más entrar una oleada de voluntarios recibe a todos aquellos que necesitan de los servicios del comedor. María Teresa Fernández es una de las doscientas treinta personas que hacen funcionar el Ave María; lleva casi ocho años sirviendo comidas todos los lunes en el comedor y haciendo posible que este “milagro”, como ella lo llama, pueda seguir ayudando a aquellos que lo necesitan.

En el comedor destaca el gran número de jóvenes que acude a servir. Como Fernández explicó a Cuv3 “la juventud está muy sensibilizada, mucho más de lo que se quiere hacer creer”. “Todos servimos con total cariño y respeto para que en ningún momento los indigentes se sientan inferiores”.  Y es que ésta es una máxima de los centros, acoger a aquellos que lo necesiten y darles todo lo que se pueda pero siempre desde el respeto y la igualdad.

Un lugar no apto para niños

Como parece lógico, en estos comedores a veces hay problemas fruto de las grandes dificultades y tristezas que afrontan los que allí se sientan a comer. Una de las normas más importantes que rige los centros Ave María y María Inmaculada es que los niños no pueden entrar por dos razones principales: la primera, porque los menores deben estar escolarizados, y la segunda, porque como explica María Teresa, las difíciles situaciones que a veces se presentan en el comedor, duras incluso para los adultos, no deberían ser presenciadas nunca por los pequeños; “no es un sitio para que estén los niños, viene gente bebida, drogada…” insiste.

Pero los comedores no desatienden a nadie, en ambos centros se da a los padres una bolsa con comida para que lleven a casa y así coma toda la familia para evitar  que los niños tengan que vivir una experiencia tan dura en vez de poder disfrutar su inocencia como los demás.  

La sociedad está concienciada

Aunque a menudo se habla también de una crisis de valores, los testimonios de las personas que se dedican a la caridad demuestran que la sociedad no ha perdido su sentido de la solidaridad. En los comedores el número de donaciones no ha descendido. Como señala Alejandro Toledo, “la gente demuestra que la solidaridad es una necesidad”.

Desde el centro “Ave María” se insiste en que las donaciones han aumentado, la gente cada vez quiere colaborar más y eso se plasma tanto en el número de voluntarios de los comedores como en las donaciones; algunas millonarias como la que hizo el año pasado Amancio Ortega a Cáritas y otras consistentes en “tres sacos de arroz de gente que cobra trescientos euros”, que como nos recuerda María Teresa Fernández son igual de importantes.

About Pilar Mesquida

Estudiante de Periodismo

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