La ansiedad y el estrés amenazan a los más jóvenes

Laura Palomares psicóloga en  Avance de Psicólogos
Laura Palomares psicóloga en Avance de Psicólogos

Este no es solamente un problema de adultos. La ansiedad y estrés están cada vez más presentes en nuestra vida. No cabe duda de que la época de exámenes, la sobrecarga de trabajos y prácticas a contra reloj, son algunos factores causantes de estos síntomas, pero no los únicos. Las preocupaciones familiares, situaciones afectivas y los cambios repentinos hacen de nosotros un auténtico caos.

Aunque ansiedad y estrés son términos muy relacionados, no son sinónimos. La principal diferencia se debe a una demanda del entorno, que requiere mayor atención y activación de nuestros recursos para solventarla o resolverla. Si el factor de estrés se mantiene en el tiempo con una elevada intensidad, es cuando este se convierte en ansiedad.

La ansiedad puede darse en un momento puntual por causas concretas como pueden ser una mala noticia o un suceso traumático, pero en otras ocasiones puede manifestarse de modo desproporcionado y sin motivo aparente. Así lo explica Laura Palomares, componente del grupo de profesionales Avance de Psicólogos de Madrid.

¿Qué son realmente el estrés y la ansiedad?

El estrés es una reacción normal de adaptación, como respuesta a un momento puntual de alguna labor, actitud o comportamiento que nos sobrepase, cualquier situación o pensamiento que nos haga sentir frustrado, furioso, ansiosos etc. La ansiedad, en cambio, hace referencia a un estado emocional, que si bien en un principio es adaptativo, puede acabar convirtiéndose en “aprendido” y aparecer en cualquier situación sin conocer en muchos casos la fuente de los síntomas.

Principales síntomas que debes conocer

Los síntomas más comunes del estrés son nerviosismo y ansiedad, junto a una mayor activación general. “Cuando el estrés comienza a ser intenso, se empiezan a dar alteraciones del sueño y la alimentación, disminución de la capacidad de atención y concentración con la consecuente dificultad para retener la información y en ocasiones, crisis de ansiedad” nos comenta Laura Palomares.

El estrés conlleva ansiedad, pero la ansiedad no necesariamente se debe al estrés

En cambio cuando la ansiedad es elevada, sus síntomas se pueden clasificar en tres tipos en función de su origen: síntomas físicos (taquicardia, hiperventilación o sensación de ahogo, sudoración, temblores, etc.); síntomas cognitivos (en forma de pensamientos obsesivos o recurrentes de preocupación, normalmente de tipo catastrofista o negativo); y, por último, síntomas conductuales (hacen referencia a un constante control a través de conductas con las que se intenta reducir la ansiedad, como una constante necesidad de organizar los apuntes, compulsión por el orden etc.)

Son muy frecuentes, advierte Palomares, las somatizaciones, como dolores de estómago y problemas digestivos, tensión muscular y contracturas o afecciones de la piel como dermatitis.

Consecuencias en nuestra vida cotidiana

Cuando los factores estresantes son permanentes, el individuo puede comenzar a manifestar un trastorno de ansiedad. Los síntomas de estos trastornos son tan desagradables e incómodos que la persona que los padece puede evitar enfrentarse a situaciones que, subjetivamente, considera la causa principal del malestar, viéndose así limitadas nuestras relaciones sociales, vida profesional y personal.

Cuando estos síntomas de ansiedad se mantienen en el tiempo, pueden llegar a generar un sentimiento de impotencia y de no control del estado de ánimo y de las reacciones físicas que conocemos como “indefensión aprendida”. Esta indefensión supone una bajada del estado de ánimo que puede llegar a ser severa y acabar en depresión. También suele afectar a la autoestima.

Por todo esto es importante entender que “si bien la ansiedad puede incluso ser una aliada a la hora de resolver dificultades o superar pruebas, es bueno atenderla, si los factores estresantes se mantienen durante un excesivo tiempo y empezamos a sentir que nos limita en nuestra cotidianidad”, afirma la psicóloga.

¿Qué remedios son los más habituales para combatir estos síntomas?

La psicología actual trabaja desde las herramientas y técnicas aportadas por la investigación. Estas técnicas, como la exposición al síntoma, la desensibilización sistemática o la reestructuración cognitiva, están centradas en el descondicionamiento de la ansiedad, y se sabe hoy día de su eficacia.

Existen también dinámicas de la psicología humanista, más centradas en la emoción, dirigidas a superar la ansiedad. Las técnicas de relajación, lejos de lo que se cree, no son convenientes en todos los casos, por lo que es importante saber distinguir cuando pueden utilizarse y cuando no.

¿Es necesario siempre que se sufran estos síntomas contar con un profesional?

Palomares afirma que si los síntomas empiezan a darse de modo desproporcionado y sin motivo aparente es importante acudir a un profesional con el objetivo de que la persona en primer lugar, entienda lo que le está pasando y después, pueda empezar a trabajar el “desaprendizaje” de la ansiedad, de modo que no se convierta en una limitación de la vida diaria y no derive en depresión.

About Ana Gómez

Alumna de cuarto de periodismo en Centro Universitario Villanueva

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