El museo Horta: templo del Art Noveau en el corazón de Bruselas

Lucernario al final de la escalera en el Museo Horta (Fotografía: Horta Museum)
Lucernario al final de la escalera en el Museo Horta (Fotografía: Horta Museum)

En el número 25 de la rue Americaine del barrio de Sant Gilles, alejado del bullicio de La Grand place y del característico olor a gofre de la ciudad, se erige “El Museo Horta”, la que en su día fuera casa-estudio del famoso arquitecto belga de “art noveau” Víctor Horta, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y hoy convertida en museo. Una parada obligatoria para los amantes de la arquitectura y del diseño que visitan Bruselas.

Ni siquiera el color grisáceo del cielo en un día de otoño belga  puede evitar que los ojos de los paseantes se fijen en la fachada de este edificio, tan diferente de las casas flamencas que componen la ciudad.

A simple vista parece una casa pequeña, pero la ornamentación floral de sus balcones y ventanales así como el color ocre de sus barandillas la diferencian del resto. A sus puertas cerca de una treintena de personas esperan pacientemente para entrar en el universo privado de Víctor Horta. Y es que el edificio entero, desde los cimientos hasta el último pomo de las puertas fue diseñado por el arquitecto. “No podíamos venir a Bruselas y no visitar la Casa Horta”, comenta Javier Blanco, estudiante de arquitectura.

Que Horta diseñara desde la fachada hasta los pomos de las puertas hace que esta casa sea única

Los colores cálidos empleados en las paredes y el suelo, las maderas en tonos claros y los grandes ventanales en ambos lados de la vivienda contribuyen a hacer sentir como en casa a los visitantes. Resulta difícil subir un solo tramo de la escalera central sin que sintamos el impulso de recorrer con los dedos el diseño de la barandilla, cuya forma recuerda a la de una enredadera que sube salvaje desde la entrada hasta el lucernario del último piso.

Diferentes espacios

Aunque la entrada ha sido ligeramente modificada para poder recibir a los turistas, el interior del edificio ha mantenido casi por completo el diseño inicial. Dividida en cuatro pisos entre los que se reparten la vivienda y el estudio, la parte donde vivió la familia Horta comprende guardarropa, sala de música, tocador, bodega, cocina…y la del estudio está formada por la que fue la oficina de Víctor Horta, su sala de espera, el ático…

Además de los diferentes pisos, hay estancias como la sala de música que se elevan del resto mediante unos pequeños escalones. Pese a que el día en el exterior es gris, las grandes cristaleras que asoman al patio exterior dejan entrar tanta luz que ésta parece recorrer el camino marcado por las barandillas de la escalera hasta encontrarse con la luz de la semi-bóveda que corona el edificio.

Todas las habitaciones, cuyo diseño parece atender únicamente a un interés decorativo, en realidad cumplen una función práctica. El uso de tantas ventanas da una sensación de amplitud sobrecogedora al recordar lo pequeña que parecía la casa mientras se contemplaba la fachada antes de entrar a la vez que aporta luz natural y el diseño de la escalera agudiza aún más esta sensación de caminar en un espacio que no tiene fin. Cada peldaño es diferente, se amolda a los pasos que dan quienes por él suben.

Y al llegar al final de la escalera este infinito se extiende gracias a las lámparas que se elevan hacia el lucernario, en el que continúan las ramificaciones que formaban el pasamanos de la escalera y gracias también a dos grandes espejos situados a cada lado, que reflejan los ornamentos de la sala consiguiendo que estos pocos metros cuadrados en vez de parecer recargados, den sensación de pureza y claridad.

Detalles de Art Noveau

La casa Horta fue construida entre 1898 y 1901 y todos los rincones del edificio acaban con las formas clásicas que reinaban en la época. Es esta ruptura con lo clásico para integrar arquitectura y decoración que convierte las casas en obras de arte lo que constituye el “Art Noveau” y lo que hace del Museo Horta un exponente único de los principios de este arte.

Los motivos florales inundan todas las habitaciones y se entremezclan con los colores en tonos rojizos de las paredes, que solamente son diferentes en el comedor, cuyos muros están cubiertos por ladrillos esmaltados en blanco que combinados con los mármoles y las maderas de la estancia contribuyen al ambiente recogido de la casa.

Las caras de los visitantes no dejan de reflejar emoción al contemplar cómo cada milímetro de la casa es diferente a lo visto anteriormente. Los pomos de las puertas, las patas de las mesas, el jardín de invierno que Horta incluyó en la habitación de su hija Simmone…todo es único.

About Pilar Mesquida

Estudiante de Periodismo

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