Bailarina a los 40… y a los 50

Alumnas de Ballet en una clase para adultos (Foto: Spazio Danza)
Alumnas de Ballet en una clase para adultos (Foto: Spazio Danza)

Desde hace décadas el ballet se ha considerado la actividad extraescolar preferida por las niñas. Además, desde su origen ha sido una de las artes escénicas más importantes debido a los buenos efectos que originaba en las más pequeñas. Pero lo que no todos saben es que muchas de esas niñas prologaron su afición, dedicándose por completo a ella hasta convertir la danza en una forma de vida, una necesidad.

Hablamos de mujeres, no niñas. Personas con espíritu de bailarina, que de forma ininterrumpida han dedicado su tiempo e incluso su vida a practicar el arte del Ballet. María Gloria Fernández es una de ellas, tiene 49 años y lleva desde los tres bailando danza clásica.

Desde temprana edad descubrieron en ella condiciones especiales, lo que le animó a formarse como bailarina profesional en la escuela de danza de Maruja Caracuel en Córdoba. No tardó en darse cuenta que el ballet tendría un papel indispensable el resto de su vida. “Bailar era lo que me apasionaba. Tenía claro que era a lo que me quería dedicar”, asegura.

Fernández obtuvo la carrera profesional de danza clásica, y desde entonces es profesora de Ballet y de otras disciplinas de baile. “Bailar te da libertad para expresar sentimientos, y yo lo que quería además era transmitirlos a través de la enseñanza”, indica Fernández.

“Jamás he sentido miedo por ser bailarina profesional y hacer de la danza una profesión”, subraya la bailarina, a lo que añade: “Estaba segura de lo que estaba haciendo, y lo sigo estando”.

“Bailar te da libertad para expresar sentimientos, y yo lo que quería era transmitirlos”

Ante la crisis económica, Fernández explica cómo las madres desapuntan a las niñas de academias de danza ya que, “son actividades extraescolares”, pero hace hincapié en que las personas más mayores se sacrifican de otras formas para poder seguir bailando: “Hacer algo que te gusta no cuesta trabajo”.

El regreso

Después de 15 años sin bailar, Marta Clement volvió a ‘subirse’ a unas zapatillas de puntas. Bailó hasta los 25 años y tras una pausa, retomó sus clases de ballet con 40. Actualmente lleva cuatro años en la escuela de baile Spazio Danza de Madrid, y tal y como asegura, “el regreso al mundo de la danza clásica es indudablemente aconsejable”.

Según Clement, encontró su oportunidad en una escuela en la que impartían clases para personas que preferían utilizar la danza como una alternativa divertida a la hora de hacer un poco (o mucho) de ejercicio para así mantenerse en forma y poder relajarse. “Siempre lo había pensado porque me gusta muchísimo y disfruto”, manifiesta.

Además, Clement se presenta como “una amante de la música asociada a la danza clásica”. Según ella, escuchar ese tipo de melodía a la vez que baila, “es la mejor forma de relajarse”.

A pesar de todo, Clement nota el paso de los años: “No sé si es muy sano hacer a mi edad un ejercicio tan exigente desde el punto de vista físico. Cada día me duelen más partes de mi cuerpo”, asegura. Sin embargo, para ella “el ballet es la mejor forma de sentirse joven”.

Necesidad terapéutica

“Para mí, bailar ballet es una terapia. La única manera en la que consigo desconectar de mis problemas es bailando”, afirma Alejandra Orejas, una joven de 22 años. Ella bailó durante toda su juventud pero cuando comenzó sus estudios universitarios decidió dejar a un lado su afición.

Lo que no sabía es que cuatro años más tarde (en su último año de carrera) la pasión por la danza brotaría de nuevo en su interior: “sentí la necesidad de volver a bailar así que no lo dude y no lo deje pasar un año más”.

Orejas es consciente de que jamás será la ‘Primera Bailarina’ de una compañía, pero bailar como afición forma ya parte de su rutina, un valor añadido a su día a día. “Ahora bailo para mí, no para ser una profesional y encuentro enormes ventajas en ello”, indica.

Beneficios

Profesionales o aficionados. Necesidad o entretenimiento. Forma de vida o hobbie. Todos los estilos de practicar el Arte de la danza clásica aportará a la bailarina beneficios que se encuentran en los niveles cognoscitivos, psicomotor y expresivo.

Es decir, beneficios que solo la educación corporal puede aportar a la vida humana. Esta danza requiere de gran concentración, por lo que desarrollará (aparte de flexibilidad y ritmo), la imaginación, la memoria y la sensibilidad corporal.

Además, ayuda a combatir la depresión, expresa emociones y canaliza adrenalina. Con el ballet, la persona aprende sobre la perseverancia, la constancia y la motivación: valores esenciales en el ser humano.

¿Qué más se necesita para animarse a bailar ballet?

About Paloma Sanchez Celemin

Alumna de 4º de Periodismo en la FCOM de Villanueva

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