Viaje a la lógica del absurdo de Méliès

Algunos de los trajes usados para los rodajes de Méliès. Foto: Pablo Gómez Salcedo.
Algunos de los trajes usados para los rodajes de Méliès. Foto: Pablo Gómez Salcedo.

Gritos de terror, sombras y luces, ilusiones ópticas… Entre las cuatro paredes de la exposición se esconden los secretos de los primeros pasos del cine de ficción, en la confusa frontera que le separa del ilusionismo y la magia, todo fundido en proyecciones, arlequines, linternas mágicas, cabezas parlantes y clásicos del surrealismo.  Estas son las primeras sensaciones del visitante a la exposición que albergará hasta el 8 de diciembre el CaixaForum bajo el título “Georges Méliès. La magia del cine”.

Desde el 26 de julio recibe a los visitantes a la entrada de la exposición la famosa luna de Méliès, atravesada por una bala en el ojo. Es una buena muestra de ese inicio, a veces siniestro y grotesco todavía para nuestros días, de la cinematografía de ficción.

Ya dentro, Gaudemont da la bienvenida con juegos e ilusiones ópticas que invitan a mirar con curiosidad dibujos aparentemente deformes, que al reflejarse en un tubo metálico toman forma. Es el “Arlequín anamorfosis”, entre otros. A su lado, las siluetas móviles, todavía hieráticas, con las que experimentaba Méliès en la prehistoria de la ficción.

Los inicios de la fotografía

A medida que se avanza entre la oscuridad de la exposición para poder apreciar mejor el arte, se empiezan a escuchar sonidos de cadenas rotas y ruidos infernales que proceden de salas contiguas. En esta habitación, por lo pronto, se puede observar uno de los instrumentos más apasionantes del inicio de la fotografía: la cámara oscura de Zahn.

Además de poder disfrutar de la presencia de la propia máquina, se pueden ver algunos de los resultados del laborioso trabajo que se llevaba acabo con este invento. Laborioso porque llevaba muchas horas sacar una instantánea. Pero sin lugar a dudas, y para la época, el resultado merecía la pena.

Hacer volar la imaginación y dejarse llevar por el vaivén de luces, formas, siluetas y trucos es la clave para disfrutar plenamente de esta exposición, además de abordarla de manera receptiva, mediante todos los sentidos. Y de este modo, seguimos avanzando. Los ruidos, cada vez más patentes, llevan a la siguiente sala, La Fantasmagoria. Aun hoy esta sala puede causar impresión, miedo y respeto.

Entre el ilusionismo, la magia y el cine, el visitante encuentra los “juguetes” para los trucos en los teatros

Quizá por su deformación o por el siniestro que le añade el hecho de estar dibujadas a mano y no en ordenador como estamos acostumbrados, las siluetas pueden contemplarse largo tiempo sin cansar, siendo esta la sala más concurrida por los visitantes, quizá por ese llamativo especial que tiene el miedo.

Dejando atrás la sala de terror, se avanza por la siguiente etapa de la exposición, como una especie de progresión vital de Méliès y sus contemporáneos. Entre materiales, instrumental, y los dibujos que luego el cinematógrafo francés reflejará en sus películas, se sigue avanzando por la exposición.

La primera película trucada de la historia

En sus paredes se pueden empezar a ver proyecciones de cortometrajes. Entre otros de los primeros que se puede encontrar el visitante, estará la primera película trucada de la historia, obra, nada más y nada menos, que del mismo Thomas Edison, es “The execution of Mary, Queen of Scots” una obra donde se logró el efecto especial que permitió “cortar” la cabeza de la actriz.

Georges Méliès realizó a lo largo de su vida más de 500 obras, algunas de las cuales se ven en la exposición

En esa relación íntima entre el ilusionismo, la magia y el cine, nos tropezamos con algunos “juguetes” propios de la época para los trucos en los teatros, como el autómata de la cabeza de Beibicú trucada, un accesorio de magia que respondía a las preguntas que se le hacían y cuando sonaba un pistoletazo, los objetos que se habían pedido prestados al público se pegaban a sus cuernos y orejas.

Los dibujos de Meliès

En la sala contigua, podemos seguir observando alguno de los clásicos de Méliès y sus diseños en dibujos. Podremos, incluso, disfrutar de una maqueta del estudio que construyó el genio francés para solventar los problemas que le acarreaban los vaivenes del tiempo. Fue un gran estudio donde podría meter alguno de sus gigantescos decorados que llegaba a usar para sus películas. La sala la destruyó el mismo al arruinarse en la Primera Guerra Mundial, así que si quieren verlo, lo mejor que pueden hacer es ir a observarlo allí, es lo más cerca que van a estar de ello.

El final de la vida de Méliès se ven reflejados en los últimos pasos antes de salir de la exposición. Solo una pequeña muestra de las más de 500 obras que realizó el autor a lo largo de su vida y del apasionante arte trucado que sorprendió y espantó al mundo en los últimos compases del siglo XIX y los primeros del XX.

About Ignacio Alarcón

Estudiante de 4º de Periodismo en CUV. Información política, económica e internacional.

Deja una respuesta

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.