“No me dejen entrar en este casino”

Sala recreativa de Madrid (Foto por: Marina Pellicer)
Sala recreativa de Madrid (Foto por: Marina Pellicer)

El juego es como los lados de una simple moneda: la cara es la diversión y el ocio, mientras que la cruz encierra una pesadilla que tuerce voluntades. España es el segundo país del mundo donde más se juega, solo por detrás de Filipinas. Se trata de una lacra que está a la sombra: la ludopatía. En nuestro país afecta a medio millón de personas según la Federación de Jugadores de Azar Rehabilitados (FEJAR). Y no se trata de un pasatiempo de niños, porque son 26.600 millones de euros los que se jugaron en 2011, según la Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ).

Ausencia de libertad

La gente dice que son viciosos, pero la ludopatía no es un vicio; la gente no entiende que digas que eres un enfermo por estar jugando a una máquina, al póker o a la ruleta”, explica Victoriano López, presidente de la Asociación para la Prevención y Ayuda al Ludópata (APAL). Es necesario haber sido jugador patológico y haberse rehabilitado para poder ser presidente, y Victoriano López lo es.

En el mundo del juego, las máquinas tragaperras son las más demandadas, seguidas de los bingos y los casinos. Andalucía, Madrid, Comunidad Valenciana y Cataluña concentran el 56% de la demanda de las tragaperras, según el Ministerio de Economía y Hacienda (MEH).

Antonia Miralles, psicóloga y presidenta de la Associació Juguesca, colectivo en lucha contra esta adicción, asegura que los enfermos cuando llegan al centro se guían por un único pensamiento: “Me siento liberado, porque ya no miento”. Confesar el problema desvela su mundo interno, plagado de sufrimiento y descontrol debido a la ausencia de libertad.

“Me siento liberado, porque ya no miento”. Reconocer el problema ayuda a los adictos a las máquinas

La red virtual es la nueva tendencia. Miralles destaca que últimamente están llegando personas por apuestas deportivas online y, de hecho, ya tienen el primer caso por apuestas deportivas de tenis. Un ejemplo de ello es la final de Wimbledon, en 2007, que enfrentaba a Rafael Nadal y Roger Federer y que movió 45 millones euros en apuestas cruzadas. Betfair, una conocida casa de apuestas, recibió alrededor de 12.000 órdenes por minuto.

La autodenuncia

Hay un cambio en el perfil del adicto. “Hace veinte años, eran varones de 35-40 años con situación estable a nivel laboral. Ahora hay más mujeres (pero no al nivel de los hombres) adictas a las máquinas tragaperras. El cambio más importante son los jóvenes con los juegos online: de 18 a 25 años, jugadores de ruleta y, en especial, el tema del juego por internet”, señala Miralles.

Gracias a las asociaciones (más de 50 en toda España), los jugadores patológicos pueden llegar a controlar su adicción. El registro de autoprohibidos también favorece a ello. Se trata de un documento en el que la persona adicta se autodenuncia, prohibiéndose la entrada en casinos y bingos. Según la FEJAR, el número de “autoprohibidos” se eleva a 30.000 personas y, cuando se detecta la presencia de alguien en un local que aparece en dicho registro, éste se enfrenta a multas de hasta cinco millones de euros.

Esta enfermedad se evidencia en historias como la de David Capote, familiar de un ludópata, el cual dice que esta adicción no es temporal. “Cuando ya apenas salía de casa, mi abuelo jugaba con los mandos de la televisión; le daba a todos los botones y la televisión estaba apagada…Él en su cabeza estaba ganando dinero. “Acabo de ganar 500 euros” o “acabo de perder 60”, decía”.

El compromiso

El tratamiento se basa, según señala Miralles, en terapias individuales y grupales. Se inicia mediante la exploración psicológica, se valora que no haya otras patologías y se plantean una serie de pautas. “Es un compromiso, aunque mucha gente se pierde por él” agrega la psicóloga.

La ludopatía es la apuesta más peligrosa a la que se enfrenta el jugador. Casualidad o no, las personas se ilusionan con la lotería o juegan en alguna ocasión una partida de cartas. Pero el juego deja de ser un simple entretenimiento cuando anula la libertad de decisión, pasando a ser una necesidad.

About Marina Victoria Pellicer Cánaves

Alumna de 4º de Periodismo en el Centro Universitario Villanueva

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