Cenizas de recuerdo

El precio de los ramos aumenta hasta un 50% durante esta semana (Foto: Magda Corno)
El precio de los ramos aumenta hasta un 50% durante esta semana (Foto: Magda Corno)

Más de cuatro millones de visitantes aguardan no muy lejos de la Plaza de las Ventas todos los días del año. Esta vez no gritan, ni aplauden. Esta vez están bajo tierra. Esta vez están muertos y descansan en el madrileño cementerio de la Almudena.

Pero hay una época en la que es diferente al resto. El camposanto se inunda de flores, de gente, de jaleo. Es el día de Todos los Santos. Un día al año en el que, aunque sea por exigencias del calendario, muchos se acuerdan y conmemoran a aquellos que ya no están entre nosotros.

La fecha ha sido un continuo ir y venir en La Almudena. Pero el cementerio tarda unos días en recuperar la normalidad, y aún esta semana los puestos de flores y el goteo de familiares -ramo en la mano- dan fe de que no todos se prestan a recordar a sus seres queridos el mismo 1 de noviembre.

La crónica de estos días tan ajetreados, que ahora toca a su fin, arranca con una decena de puestos que se atrincheran delante de la puerta principal del cementerio para recibir a las miles de personas que el 1 de noviembre y a lo largo de la semana anterior y posterior vienen a visitar a sus difuntos. Los montones de flores se apiñan en los escaparates improvisados, con la esperanza de que las ventas se mantengan a pesar de que los problemas económicos hayan llegado a marchitar este oficio.

 “Ahora es diferente porque se incinera mucho y la gente se olvida de sus difuntos”

El periodo de tiempo que este sector posee para ampliar su negocio es más bien escaso y la crisis no es el único factor que altera las ventas de flores. Los católicos llevan celebrando este día desde hace siglos pero, aunque es una costumbre que se mantiene en su esencia, ha sufrido en las últimas décadas un cambio determinante para los negocios que rodean el sector fúnebre. María Luisa, dueña del puesto de flores situado justo en la puerta principal del cementerio de la Almudena, muestra su preocupación: “Siempre suele venir más la gente mayor, aunque ahora es diferente porque se incinera mucho y la gente se olvida de sus difuntos”.

A partir de 1985, diez años más tarde de que se inaugurara el primer horno crematorio de la Funeraria municipal de Madrid, comenzó a aumentar el número de incineraciones. Hoy en día la cifra se aproxima a las 10.000 al año en la capital.

Es evidente apreciar el auge de esta práctica relativamente nueva en el propio cementerio. Nada más entrar en las 120 hectáreas que ocupa la necrópolis cobra protagonismo un campo de césped. El suelo verde se tiñe de gris y los siete monolitos llenos de placas doradas hacen evidenciar que no se trata de una parte más del cementerio. Unas tres mil personas descansan reposadas en la hierba en forma de cenizas y las 21 columnas de cada uno de los monolitos de piedra que preside la zona hacen honor a ellas con sus nombres, apellidos, fechas y recuerdos.

Los claveles aún no han muerto

Parece que a la muerte también le ha llegado la crisis, pero a pesar de ello siempre quedan nostálgicos que, sean cenizas o no, quieren acordarse de sus seres queridos adornando con colores sus lápidas o sus placas de metal. Pese al cambio de costumbres, el número de visitantes se triplicará durante estos días y miles de comercios relacionados con la floristería se preparan para que esa semana los claveles y crisantemos se vendan en docenas.

“Nosotros llevamos viniendo 20 años ya, nos los pasamos muy bien en familia y disfrutamos mucho”, comenta Nerea, una de las ayudantes de una de las floristerías que rodean el cementerio. Ella y su familia se dedican a otros oficios el resto del año pero desde hace 20 años renuevan la licencia para poder colocar su puesto de flores la semana grande para este sector (obviando San Valentín, claro).

Aunque el beneficio que supone esta venta no represente un gran valor en sus ingresos, el reunirse con su familia y colaborar juntos durante esa semana es motivo suficiente. Su tío José Luis, su madre Nuria… Todos han colaborado en los preparativos que se iniciaron hace un mes para que en la semana previa y la posterior al día de Todos los Santos, los visitantes puedan comprar flores y hacerles un homenaje a sus familias.

La preocupación de estos vendedores también la provoca la incertidumbre de si acertarán con el volumen de pedidos. “Haces una inversión muy grande y no sabes si llegará para todos o si se quedarán flores sin vender”, dice María Luisa, “si nos sobran flores, para no tirarlas, hacemos ramos y los dejamos en el cementerio”. Al menos así, aunque no hagan alusión al recuerdo, todas las lápidas tendrán su crisantemo.

About Magda Corno García

Estudiante de 4º de Periodismo y EBS en el C.U.Villanueva. @MagdaCorno

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