Centros de acogida, una gran familia

Sala de estudio del centro de acogida Padre Montalvo
Sala de estudio del centro de acogida Padre Montalvo (Foto: Silvia Calafell)

A cada niño le envuelve una historia: la de una vida que le ha tocado vivir. Y en ella no todos juegan el mismo papel. Muchos de ellos se enfrentan en sus escasos años de vida a una realidad extremadamente dura y compleja marcada por la ausencia de una pieza clave: la familia, un núcleo de referencia vital para cualquier niño.

En España cerca de 14.000 menores de edad se encontraban en acogimiento residencial a finales del año 2011, según el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Se trata de menores que por lo general no pueden vivir con su familia biológica por motivos de desestructuración familiar, negligencias, malos tratos o incluso abuso sexual.

Seguridad, protección y estabilidad

Los centros de acogida son hogares tan confortables y acogedores como una vivienda familiar. Su horario de atención es de 24 horas al día, los 365 días al año. “El objetivo más importante cuando los niños llegan al centro es proporcionarles la seguridad, protección y estabilidad necesarias para su buen desarrollo”, afirma Silvia Calafell, educadora en el centro residencial Auborada.

Existe un protocolo de entrada en este tipo de centros. Por lo general, los menores vienen derivados de un centro de primera acogida: “La primera visita que hace el joven al nuevo centro la hace con el tutor del centro del que proviene; pasa allí unas horas donde se le enseña cuál será su habitación, cuáles serán sus nuevos compañeros, nuevo tutor, normas y funcionamiento del centro”, asegura Sonia Ribas, educadora social del centro “Padre Montalvo”.

La residencia “Padre Montalvo” es un centro de protección de menores con edades comprendidas entre los tres y los trece años. Auxiliares educativos, educadores sociales, psicólogos, profesores de refuerzo escolar, logopedas, y terapeutas, son algunos de los profesionales disponibles para los veinte menores que residen en él.

Ribas señala que la mayoría de los menores que llegan al centro lo hacen debido al maltrato sufrido por sus padres, y que además las secuelas que presentan son muy graves: “Su sensación al llegar es de alivio; muchas veces tienen miedo de tener que volver con sus familias”. Otro patrón común es la falta de autonomía propia: “Niños de diez años incapaces de ducharse o atarse los cordones por si solos”, asegura.

“Niños de diez años incapaces de ducharse o atarse los cordones por si solos”

Las tareas “de casa”

Al levantarse arreglan su habitación, desayunan, friegan los utensilios que han usado para el desayuno y se van al colegio. “Cada menor tiene una tarea semanal asignada. El menor al que le toca poner mesa, la pone al llegar del instituto; comen todos junto como una familia”, asegura Manuel Ortiz, educador social.

Por regla general las visitas que pueden o no recibir los menores las dicta el juez y, dependiendo de cuál sea la situación, puede recibir visitas de sus padres, familiares u otras personas.

Calafell destaca que los menores se muestran tal y como son, con el paso del tiempo, ya que una vez que se han adaptado exteriorizan su forma de ser y sus conflictos. “Lo más impactante son las situaciones de crisis de algunos menores: empiezan a chillar, insultar, intentar agredir o incluso autolesionarse”, subraya.

El tiempo de permanencia en los centros es el estrictamente necesario para cada uno de los menores. Ortiz apunta a que se intenta favorecer el retorno con su familia de origen, siempre que las circunstancias lo permitan o el interés del menor lo aconseje, o bien promover la medida de protección que sea más estable para el niño/a.

Estos educadores sociales comparten un mismo pensamiento: nunca cubrirán el papel de su familia de origen, por mucho que se esfuercen y atiendan todas sus necesidades. Pero hay una excepción: “Únicamente el niño que no tiene a nadie, siente que somos su familia: se aferra a lo que tienen, y eres tú”.

About Marina Victoria Pellicer Cánaves

Alumna de 4º de Periodismo en el Centro Universitario Villanueva

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