París “impresiona” con el Museo de Orsay

Museo de Orsay (foto: Claudia Redondo)
Museo de Orsay (foto: Claudia Redondo)

Una mañana en París paseando por las orillas del Sena. Con un croissant en la mano, mirando los kioscos de libros de segunda mano. Y al final del paseo, frente al Jardín de las Tullerías, el Museo de Orsay. La entrada de lo que fue la estación de ferrocarril de Orsay, con su gran reloj de aguja.

El Museo de Orsay es considerado el templo del arte europeo y occidental del periodo entre 1848 y 1914. Antes de eso, fue una impresionante estación. Contaba con un elevado tráfico de trenes, pero la II Guerra Mundial y su inadaptación frente a la evolución del transporte hicieron que se abandonase, e incluso que se pensara en destruirla.

Una antigua estación convertida en museo

“La estación es magnífica, parece un Palacio de Bellas Artes”, escribió el pintor Edouard Détaille en 1900. Como una premonición. El último tren partió de la estación treinta y nueve años después, y en 1977 se construyó este gran museo, que conserva todo el encanto de su pasado. Fue el símbolo de una nueva manera de percibir el siglo XIX. La vieja estación a orillas del Sena es ahora Monumento histórico.

Un espacio abandonado se convirtió en el lugar más acorde para exponer las obras que alberga. “La arquitectura es impresionante. No sé lo que me encontraré dentro, pero tiene que merecer la pena”, asegura Javier, expectante mientras espera la larga cola que se forma cada mañana. Realismo, impresionismo y postimpresionismo. Escultura, pintura, artes decorativas, fotografía y cine. De cada movimiento y técnica, los mejores artistas. Pero desfilar entre tanto talento no sería lo mismo sin el encanto del museo, tan impresionante como cualquier pintura de Van Gogh.

 “La estación es magnífica, parece un Palacio de Bellas Artes”, escribió Edouard Détaille (1900)

Impresionismo en la quinta planta

Entre el vestíbulo y la cafetería de la quinta planta habitan genios impresionistas como Monet, Cezanne, Gauguin o Renoir. Iluminada por enormes vidrieras, esta gran galería recoge las grandes obras del periodo impresionista en una exposición permanente. Es una sala amplia. Las paredes son grises, sombrías. Con un suelo de oscuros tablones. Nada desvía la atención de las pinturas y las esculturas, gracias al diseño de Jean Michel Wilmotte. El único mobiliario son unos bancos de cristal. Sentado en uno de esos bancos, Miguel contempla ‘Jugador de cartas’, de Cezanne. “Es emocionante ver delante de ti cuadros que conoces de toda la vida, y que sólo has visto en libros o internet”, comenta.

Luz, color, y una capacidad enorme de transmitir sensaciones son algunas de las características más destacadas del impresionismo. “¡Me va a dar algo parecido al Síndrome Stendhal!”, afirmaba Ana, una turista española absolutamente fascinada. Esto ocurre, y así lo cuenta Stendhal, cuando estas frente a obras de arte particularmente bellas, o expuestas en gran número en un mismo lugar. Es exactamente lo que hace la quinta planta del Museo d’Orsay: recoger en un pequeño espacio toda la belleza de un movimiento que ‘impresiona’ a cualquiera.

About Claudia Redondo

Estudiante de 4º Periodismo en el Centro Universitario Villanueva

Deja una respuesta