Con la txapela por Bilbao

Pintxos en las Siete Calles. Foto: Janire Cifuentes
Pintxos en las Siete Calles. Foto: Janire Cifuentes

“Desde Santurce a Bilbao”  es la canción que viejos “txikiteros” cantaban en cuadrillas por las calles del Casco Viejo de Bilbao. Un laberinto de callejuelas empedradas entre las que perderse entre tiendas, mercadillos, bares y restaurantes que muestran el encanto vasco.

El corazón de Bilbao conocido como “las Siete Calles” es uno de los principales centros de ocio y comercio a orillas del Nervión. En sus calles peatonales, los comercios clásicos se alternan con los más innovadores y con abundantes bares y restaurantes en los que degustar lo mejor de la gastronomía vasca.

Miles de visitantes se sumergen cada año en sus calles. Cualquier pretexto es bueno para disfrutar de la oferta gastronómica, comercial y cultural que ofrece el Casco Viejo. Y es que en sus rincones encontraremos las iglesias y los monumentos más antiguos de la ciudad: la Catedral de Santiago, la Iglesia de San Antón, el Museo Arqueológico, Etnológico e Histórico Vasco, la Biblioteca Municipal de Bidebarrrieta.

Bilbao es cosmopolita

Si de día es un lugar perfecto para ir de compras, de noche las Siete Calles son ideales para salir. Bares, restaurantes y pubs se dan cita para la diversión y el ocio de todos. Está claro que cualquier excusa es buena para perderse por el casco viejo de Bilbao. “No tiene nada que ver con aquella ciudad que muchos conocieron hace unos años”, dice Jon, bilbaíno de seis generaciones con su chulería innata.

La crisis también ha encontrado a las Siete Calles

Nadie se libra de esta compañera. “Siguen viniendo amas de casa a por telas y muchos turistas se asoman, pero a comprar poco entran“, asevera Mentxu, dueña de una conocida tienda de telas de la Plaza Nueva.

Muchas puertas de comercios cuelgan carteles de colores con “Se alquila”, “Se traspasa” símbolo de que por donde antes circulaba el dinero a espuertas, ahora ese dinero paseo guardado dentro de los bolsillos de los numerosos viandantes.

Paseando por un día nublado típico del Bilbao de otoño, mucha gente pasea por la calle, pero pocos llevan bolsas en sus manos. “Antes tener una tienda en las Siete Calles era un privilegio, ahora ganamos para pagar impuestos”, afirma.

De “txikitos” quito las penas

Pero aunque las cosas ya no vayan como antes, el alma de Bilbao sigue estando en el Casco Viejo. Paseas por el laberinto y encuentras cuadrillas de señores mayores, con txapela incluida, con sus pequeños vasos de vino. Esta pequeña tribu urbana se hace llamar “txikiteros”.

Ellos realizan su particular ruta por los bares del Casco Viejo bebiendo sorbitos de vino en cada bar mientras cuentan sus andanzas de cuando eran “mozos”. “El txikiteo se lleva en la sangre, si no lo haces, no te puedes hacer llamar bilbaíno”, cuenta entre risas Joseba mientras sujeta su “txikito” en la mano.

“Nosotros salimos del txoko (sociedad gastronómica) y nos vamos siempre por los mismos bares porque nos dan el vinito que más nos gusta” (entre risas). Termina la frase y de pronto se pone a cantar “7 calles tiene el Botxo” a lo que la cuadrilla le sigue a coro como si lo tuviesen ya ensayado. “Los jóvenes deben seguir nuestro legado y nuestra tradición, yo a mi nieto siempre le digo que cuando tenga mi edad tiene que salir con la cuadrilla a txikitear”, cuenta Joseba y vuelve a ponerse a cantar…

About Janire Cifuentes

Estudiante de 4º de Periodismo en FCOM de Villanueva C.U.

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